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Voces del Misterio

Una casa llena de misterio, fiel a su controvertido primer dueño

Fuente: Diario de León.es

Con el derrumbe de los muros de la Casa del Duende desaparecen también los últimos vestigios de su dueño, un hombre que fue leyenda en Sahagún. Se trata de Rogelio Herques, un excéntrico millonario que vivió durante la segunda mitad del siglo XIX y que pasó a mejor vida de un tiro en la sien con una bala que dejó en el revólver tras haber acribillado a su hermano y a su cuñada, tras una velada en una mansión en Montecarlo.

Cuentan que Robustiano, el hermano asesinado, abría una botella de champán en el momento de su muerte. La increible vida de Rogelio Herqués ha pasado a la Historia en las páginas del libro Heterodoxos Leoneses , coordinado por Rogelio Blanco y editado por Ediciones Lobo Sapiens, en un capítulo escrito por Félix Pacho Reyero.

Según se recoge en el libro, sus restos reposan en secreto -"sin nombre en la lápida-" en un monumento funerario conocido como El Sepulcro del Diablo, erigido cerca del acapilla responsorial del cementerio de la villa facundina. Félix Pacho Reyero cuenta que su padre, León Herques Ibarreta, «fue diputado provincial y nacional, magistrado en varias ciudades españolas y presidente de la Audiencia Pretorial de La Habana».

Dicen en Sahagún que Rogelio, vinculado familiarmente al millonario leonés Pablo Flórez, era soltero y no dejó descendencia. Poco más se conoce de este misterioso personaje que, eso sí, fue excomulgado tras haber escrito el libro La religión al alcance de todos , del que se publicaron varias ediciones, la última en 1978. Reyero recoge varios detalles de la vida de Herques, al que define como «ex banquero de medio pelo en Nueva York, ateo militante y jugador empedernido». Los que oyeron hablar de él dicen que «era hereje y anticlerical rabioso, alto y magníficamente plantado, buen mozo, un tipo juerguista y deslenguado, disoluto, pendenciero y amante de la buena vida, generoso o independiente».

Del crimen de su hermano y su cuñada, recoge Reyero las notas de algunos periódicos monegascos, en las que atribuyen los asesinatos a problemas en negocios conjuntos.

Durante su accidentada vida viajó por todo el mundo, también por Tierra Santa, y entre viaje y viaje, también visitaba Sahagún, villa a la que se mantuvo «onírica y fervorosamente unido» y en donde mandó construir la Casa del Duende, en la que residía temporalmente, y que se ha mantenido en pie hasta hace unos días.

Indignación vecinal por el derribo de la emblemática Casa del Duende

Los nuevos propietarios demolieron el inmueble, construído en 1880 por Rogelio Herques, nieto de un millonario empresario alemán que fijó su residencia en la villa

Nada se ha podido hacer para evitar la demolición de la Casa del Duende, más conocida en la época como la «casa del americano», por la expectación que en 1880 causó su construcción por parte de Reogelio Herques Ibarreta, nieto de un millonario empresario alemán, que fijó su residencia en Sahagún, de la que se «enamoró» una tarde de toros en las fiestas de San Juan. Los nuevos propietarios, tanto del inmueble como de la inmensa finca en la que se asienta, contaban con todos los permisos necesarios para demoler la casa, para la que los vecinos llevaban años reclamando alguna figura de protección con la que evitar el fatal desenlace con el que hace diez días se han despertado en la villa. Las grúas han echado abajo una de las construcciones más singulares de la localidad, por la magestuosidad de sus dimensiones, y por su distribución interior de gran mansión de época. Se cuenta que fue la única que entonces contaba con baños y aseos tanto para el servicio como para sus propietarios, disponía de un ala exterior donde se instaló ascensor a lo alto de la vivienda y disponía de chimeneas de mármol de Carrara en todas sus dependencias.

Se da la circunstacia que el Ayuntamiento de Sahagún se había planteado comprar el solar en el que se asienta para ubicar allí el futuro centro de salud de la villa, aunque fue finalmente unas particulares los que compraron la finca y la casa a la familia asturiana Torre a la que pertenecía, y que la había bautizado como Villa Ángeles.

Los vecinos acusan al Ayuntamiento de no haber comprado la casa para recuperarla e instalar allí algún proyecto cultural de interés con el que ayudar a fijar turismo en la localidad.

Es mucho el cariño, que aún se guarda en Sahagún a la familia Herques, a los que incluso se les han dedicado calles, y de los que se conserva el mausoleo familiar en el cementerio, que destaca, entre otras cosas, por conservar símbolos mormones.

Escrito en el Cielo

pseudocienciasDurante siglos, los fenómenos astronómicos han sido tomados como señales iniciáticas para adivinar el futuro o explicar los males del presente. Miguel Ángel Sabadell reseña el papel que la superstición y la astrología han jugado en la historia de la humanidad.


Para el ilustrado Montesquieu, la
astrología era una orgullosa extravagancia: “Creemos que nuestros actos son lo bastante importantes como para merecer estar escritos en el gran libro del cielo”. Sin embargo, esta creencia ha convertido fenómenos celestes como eclipses, cometas o conjunciones planetarias en desencadenadores de importantes hechos históricos. Por ejemplo, según una leyenda muy extendida, durante la II Guerra Mundial los líderes nazis tomaban sus decisiones en función de las predicciones astrológicas. Sin embargo, los rigurosos trabajos del historiador británico Ellic Howe demostraron que, en realidad, no tenían en cuenta las posiciones relativas de los planetas. Eso sí, existió una excepción: Rudolf Hess, número tres del Partido tras Hitler y Göring.

La invasión rusa de Hitler

Todo comenzó en plena confrontación con Inglaterra, cuando el Führer empezó a planear la invasión de Rusia. Hess pensaba que el Reino Unido firmaría un acuerdo secreto de paz con Alemania, así que decidió volar allí. A principios de 1941, Ernst Schulte-Strathaus, un astrólogo amateur que formaba parte del personal del líder nazi, le dijo que el 10 de mayo habría una conjunción planetaria: el Sol, Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno y Urano ocuparían un arco de sólo 8º en Tauro. Por otro lado, la astróloga muniquesa Maria Nagengast le informó de que ese precisamente sería un día propicio para viajar al extranjero.
El resto es historia: las condiciones de paz de Hess le parecieron un chiste a Churchill, que lo detuvo. Para
Hitler, Hess se había vuelto loco por culpa de la astrología. El 9 de junio, la Gestapo puso en marcha la operación Aktion Hess, que acabó con la detención de cientos de ocultistas y astrólogos. La mayoría acabó en los infames campos de la muerte. Las conjunciones planetarias también afectaron al mayor conquistador y genocida de todos los tiempos, Gengis Kan. Los mongoles miraban con frecuencia al cielo, donde veían presagios y augurios: la campaña contra la provincia china de Hunan se detuvo en mayo de 1221 precisamente a causa de un eclipse de Sol. La obsesión celeste de este pueblo era tal que, años más tarde, Marco Polo contó más de 5.000 astrólogos y adivinos sólo en la capital mongola.
Tras derrotar al Imperio tangut en 1226, el soberano ordenó exterminar a la población. El 12 de diciembre, los cinco planetas visibles a simple vista –
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno– se concentraron en un arco de 31º en Capricornio. El astrólogo de Gengis Kan lo interpretó como una señal de los cielos en contra de tal barbarie, por lo que el emperador ordenó detener las matanzas. Se cree que los planetas pudieron evitar así 100.000 muertes.

Malos presagios

Eso sí, la posición de los astros también se ha tomado como presagio de fenómenos funestos. El 14 de septiembre de 1186 los 5 planetas se encontraron en un espacio de 11 grados, con la Luna y el Sol a menos de 3 grados de distancia. Unas décadas después, el obispo de la Iglesia ortodoxa siria Bar-Hebraeus escribió al respecto: “Todos los astrónomos (sic) predijeron que tendría lugar un diluvio universal y que toda la humanidad perecería”. Pero ninguna otra conjunción ha provocado más pánico que la del 19 de febrero de 1524, cuando los 5 planetas y el Sol se concentraron en Piscis. El primero en alertar del inminente desastre fue el astrólogo alemán Johannes Stöffler, en 1499. Sus colegas amplificaron sus palabras, que se convirtieron en un boom editorial: se imprimieron miles de panfletos y más de 160 libros sobre el asunto. Es más, el astrólogo de la corte de Berlín, Johann Carion, fijó el día del juicio: 15 de julio de 1524.
Algo parecido sucedió con el alineamiento de 1982, con los 9 planetas colocados al otro lado del Sol en un ángulo de 90º. Se temía tal catástrofe que incluso dos astrofísicos, John Gribbin y Stephen Plagemann, llegaron a afirmar en El efecto Júpiter (1974) que el efecto gravitatorio provocaría un
terremoto que destruiría California. El libro se convirtió en un best seller y los autores obtuvieron pingües beneficios.
La influencia de los astros sobre la historia humana se limita a cuánto queramos creer que nos afectan. Así sucede con los eclipses solares. Durante la guerra entre lidios y medos, en 585 a. C., la oscuridad cayó en medio de la batalla y ambos bandos decidieron buscar la paz. El fundador del islam también tuvo sus dimes y diretes con los eclipses. Aunque la teología musulmana no lo acepta, la tradición popular dice que el nacimiento del Profeta en 570 fue anunciado por uno. Su hijo Ibrahim murió trágicamente el 22 de enero de 632, y curiosamente ese día había un eclipse. Algunos habitantes de La Meca lo vieron como un presagio, pero Mahoma los corrigió diciéndoles: “El Sol y la Luna son señales de Dios y no se eclipsan por la muerte o el nacimiento de ningún hombre”.

El Sol, el astro rey

solar Sin embargo, el fenómeno que más influencia ha podido tener en nuestra historia es la actividad que despliega periódicamente el Sol. Por ejemplo, es posible que esta explique la colonización de Groenlandia. El primer registro que tenemos sobre este territorio se remonta a 982, cuando fue descubierto por Eric el Rojo. El tiempo inusualmente bueno que hubo entre 1000 y 1300 permitió que las primeras colonias florecieran gracias al comercio de marfil, pieles de foca, madera… Pero el frío empezó a llegar en 1325 y provocó pobres cosechas y hambrunas. En 1350 se abandonaron los asentamientos del norte. Diez años después sólo llegaba un barco cada pocos años, y la última visita a la colonia se produjo en 1406. Este dramático giro en el clima recibe el nombre de Pequeña Edad de Hielo. Por entonces, el Támesis se congelaba todos los años y en el invierno de 1422-1423 se heló el mar Báltico.
Lo llamativo es que los siglos precedentes, marcados por un tiempo cálido, coincidieron con el llamado Máximo Medieval de actividad solar. Por su parte, la época más fría de esa miniedad de hielo lo hizo con dos periodos en los que el Sol no mostró ni una sola mancha: los mínimos de Spörer –de 1400 a 1510– y de Maunder –de 1645 a 1715–. Los registros obtenidos durante 3.000 años revelan que las bajadas globales de temperatura coinciden con mínimos en la actividad solar. El aspecto más visible de estos apagones son las manchas solares, unas zonas oscuras que aparecen en la fotosfera del astro. Aunque los chinos conocían su existencia desde la dinastía Shang, en 1200 a. C., provocaron una agria polémica entre Galileo Galilei y el jesuita Christoph Scheiner, que afirmaban haber sido los primeros en observarlas. Las intrigas de Scheiner desembocaron en una guerra abierta contra el astrónomo de Pisa que se prolongó durante 20 años. De hecho,
Galileo siempre sospechó que tras la persecución a la que fue sometido por la Iglesia estaba la animosidad de los jesuitas.
Las
manchas solares están relacionadas con la aparición de erupciones en la superficie de nuestra estrella, que lanzan al espacio una lluvia de partículas subatómicas. Estas modifican las propiedades de nuestra ionosfera durante días, lo que puede causar averías a los satélites y afectar de distintos modos a las comunicaciones por radio y los microchips.
Las partículas juguetonas no son lo único que nos llega desde el cielo. Cometas y meteoritos de diferentes tamaños también se suman al bombardeo. Si no hubiera sido por el impacto del asteroide de 10 km de diámetro que, hace 65 millones de años, provocó la desaparición del 85% de las especies animales –entre ellas, los
dinosaurios–, los mamíferos quizá no habrían despegado, evolutivamente hablando. Los restos de este choque que se conservan en el Yucatán (México) son el ejemplo más claro de la poderosa influencia de los cielos en el devenir de la vida terrícola. Aún más, posiblemente estos pedruscos también hayan tenido algo que ver con la evolución de nuestra tecnología. En efecto, hacia 1500 a. C., los hititas descubrieron que el hierro podía fundirse para hacer herramientas de mejor calidad que las de bronce. Sin embargo, para conseguirlo se necesita seguir un complejo proceso y alcanzar una temperatura de 1.535 ºC. ¿Qué dio la clave a los pueblos de Oriente Medio para que empezaran a usar ese metal?

La importancia del hierro

Una pista la tenemos en que muchos de los artefactos hallados en yacimientos de la Edad del Bronce contienen un 90% de hierro. Entre ellos, contamos con la daga del faraón Tutankamón, que reinó en el siglo XIV a. C. Los análisis químicos han revelado que las impurezas que contiene son de níquel, lo que apunta a que el material usado en su fabricación provino de un meteorito metálico, cuya composición es muy similar. ¿Es posible que el hierro fundido por nuestra atmósfera fuera el primer material que usaran los herreros? Hititas y sumerios reconocieron esta conexión al llamar al hierro fuego del cielo; incluso la palabra egipcia que lo designa significa trueno celeste. Es más, el término asirio es metal del cielo. Otro dato que apoya esta hipótesis: los primeros exploradores occidentales que se internaron en las regiones árticas se sorprendieron de que los inuit del noroeste de Groenlandia usaran cuchillos, puntas de arpones y herramientas para grabar hechas de hierro, ya que carecían de minas. ¿Entonces? Su proveedor era un meteorito que se hallaba a 2.000 km de distancia. En 1894, el estadounidense Robert E. Peary, guiado por un lugareño que lo condujo a cierto lugar de la isla Saviksoah, al norte del cabo de York, encontró la legendaria roca. Esta estaba dividida en tres partes: Ahnighito, de 34 toneladas, la Mujer, de 3, y el Perro, de 0,5. Al final, la mina de hierro de los inuit se vendidó por 40.000 $ al Museo Americano de Historia Natural. Hoy se exhibe en la Sala de Meteoritos Arthur Ross.
Irónicamente, también nuestra civilización hace uso de metales alienígenas. El 27% del níquel mundial proviene del astroblema de Sudbury, en Ontario (Canadá), el segundo cráter más grande del planeta. El boquete se formó, hace aproximadamente 1.850 millones de años, por el impacto de un gran meteorito compuesto principalmente por hierro y níquel.
Pero los
meteoritos no sólo han servido de lubricante para el avance tecnológico. A menudo también se les ha otorgado un carácter divino. Eso pasó en 205 a. C., cuando Aníbal amenazaba la estabilidad de la República romana. La sibila profetizó que el caudillo cartaginés sería derrotado si la Madre de los Dioses, Cibeles Kaitabata, era traída desde su templo de Pessinus, en Frigia –hoy Turquía central–. A tal efecto se construyó un buque, que partió en tan sagrada misión con cinco senadores comandados por el cónsul Marco Valerio Levino. Todo ese despliegue se hizo por lo que se cree que era un trozo de meteorito de forma cónica –la diosa Kaitabata, que significa caída del cielo–. Tras vencer a Aníbal y conquistar Cartago, los romanos construyeron un templo dedicado a esta deidad en la colina Palatina, donde el meteorito fue adorado durante 500 años, hasta caer en el olvido. La roca salió a la luz en las excavaciones que se realizaron en la zona en 1730, pero nadie la reconoció y se perdió para siempre. El emperador romano Marco Aurelio Antonino (hacia 203-222) también tuvo su relación con los meteoritos. Había sido sumo sacerdote en el templo de Emesa –hoy la ciudad siria de Homs–, donde se adoraba al dios solar Elagabalus. De ahí el nombre por el que también se conoce al soberano, Heliogábalo. Su culto estaba centrado en un gran meteorito oscuro con unas marcas que sugerían la imagen del Sol.
Es posible que este también sea el origen de la Piedra Negra de la Kaaba, en La Meca, un lugar de culto preislámico que contenía 360 ídolos hasta que en 630 Mahoma lo limpió de todos ellos. La tradición islámica afirma que la roca vino del cielo y era del color del jacinto, pero mudó al negro por culpa de los pecados de la humanidad. Según los testimonios de quienes la han visto, es de color negro rojizo y en su superficie se distingue una franja e inclusiones cristalinas. En 1980, Elsebeth Thomsen, del Instituto de Paleontología y Geología Histórica de la Universidad de Copenhague, indicó que podría tratarse de una impactita –roca formada por arena fundida con material meteorítico– obtenida de los cráteres Wabar, en el desierto saudí de Rub al-Jali.
Las impactitas de Wabar tienen el aspecto de un vidrio duro de estructura porosa –puede flotar, al igual que la Piedra Negra, según la tradición– y poseen inclusiones de cristal blanco y arenisca que podrían corresponderse con la peculiar franja de la roca sagrada. Y los ejemplos siguen. El 2 de diciembre de 1880, un meteorito cayó a los pies de dos brahmanes cerca de Andhra, en la India. Inmediatamente se autoproclamaron ministros del Dios Milagroso y consiguieron atraer a 10.000 peregrinos en un día. Aún más cerca de nuestros días, el 14 de agosto de 1992, docenas de rocas se precipitaron sobre Mbale, en Uganda. Los lugareños decidieron que, convenientemente pulverizadas, las tomarían como medicina, ya que los dioses se las habían mandado para curar el
sida.

Los cometas y el futuro

El poder de anticipar el futuro le corresponde, por su parte, a otros cuerpos errantes: los cometas. El más famoso es el Halley, cuya primera aparición registrada en Occidente data de 1066. Su paso fue para los cronistas de la época el augurio de la derrota del último rey sajón, Harold II de Inglaterra, lo que ocurrió unos meses después en la batalla de Hastings.
Un cometa también fue el responsable de la deificación de Julio César –la primera de un líder romano–, asesinado en los idus de marzo de 44 a. C. Tras una serie de escaramuzas políticas, su sobrinonieto Octavio decidió organizar en julio de ese año los juegos que César prometió a raíz de sus últimas vic torias. El primer día se vio un cometa hacia el norte, y Octavio aseguró que se trataba del alma del conquistador de las Galias llevada a los cielos, lo que desató una intensa campaña que culminó año y medio después, cuando el Senado declaró dios a Julio César.
Para los romanos, los cometas se convirtieron en símbolos de la caída de los emperadores. El del año 54 se asoció a la muerte de Claudio, que en realidad fue envenenado. Cuando en agosto de 60 otro apareció en el cielo de Roma, el historiador Tácito escribió: “El pensamiento general es que significa un cambio de emperador. La gente especula ya sobre el siguiente, pues está segura de que Nerón –que había sucedido a Claudio– está efectivamente destronado”. El monarca lo tenía fácil: a su posible sucesor lo envió al exilio y allí lo mandó asesinar. Séneca escribió un tratado sobre los cometas, destinado a aplacar su ira, en el que se centraba en hipótesis físicas sin ninguna alusión a sus implicaciones divinas. Incluso argumentó que su cometa viajaba por el cielo en sentido contrario al de Julio César, por lo que no tenía nada que temer. A finales de 64 apareció otro. Según el biógrafo Suetonio (hacia 70-hacia 140), el astrólogo Balbillus comentó al emperador que los soberanos solían evitar las desgracias que portaban estos astros ejecutando a figuras prominentes de la sociedad. Ni corto ni perezoso, Nerón mandó asesinar a parte de la alta nobleza y obligó a Séneca a suicidarse. Al otro lado del Atlántico las cosas no han sido muy diferentes. A mediados del siglo XV, el Imperio azteca, que dominaba gran parte de Centroamérica, vivía en un estado continuo de guerra con sus vecinos. Esto servía a sus dirigentes para obtener recursos y esclavos, que luego sacrificaban en cruentas ceremonias. Se estima que cada año asesinaban de esta forma a unas 20.000 personas. Las crónicas de 1517, 15 años después de que ascendiera al trono Moctezuma II, describen la aparición a medianoche de una “mazorca flamígera” que se mantuvo visible hasta la salida del sol.

La visión del emperador

El emperador vio el cometa antes que sus adivinos, así que los mandó torturar hasta la muerte por su penosa falta de atención. De paso, rapiñó sus casas y esclavizó a sus familias. Eso no evitó que le invadiera el temor, ya que sospechaba que la señal que había visto en el cielo auguraba la caída del imperio. Así, aumentó el número de sacrificios e hizo construir altares para aplacar a los dioses. Y por esas casualidades de la vida, en 1519 –el año en el que la tradición azteca anunciaba que regresaría su dios Quetzalcoatl a reclamar su tierra–, apareció Hernán Cortés con 508 soldados. El emperador, agobiado por las profecías, creyó que se trataba de la deidad. El oro y los ricos presentes que envió a Cortés enfebrecieron a los conquistadores, que a la postre acabaron destruyendo su imperio.
Las ominosas profecías que históricamente se han relacionado con los cometas han llegado a generar auténticos estallidos de pánico. Seguramente, el caso más famoso tuvo lugar en 1910, con el regreso del siempre aciago Halley. Para echar más leña al fuego, los astrónomos declararon que la cola del cometa iba a cubrir nuestro planeta y que en ella se había encontrado un terrible gas venenoso, el cianógeno. En todo el mundo, desde Francia hasta Haití, desde EE UU hasta Sudáfrica, se construyeron habitaciones a prueba de gases, y no eran extraños titulares de periódico del estilo Las mujeres cierran puertas y ventanas para resguardarse del cianógeno. Suicidios e intentos de suicidio, ataques de locura y de pánico, asesinatos, hasta la falsa historia del sacrificio de una virgen por una secta en Oklahoma… todo se atribuyó al cometa.
El astrofísico Bradley E. Schaefer, hoy en la Universidad Estatal de Louisiana, ha realizado un catálogo con 35 de estos cuerpos celestes vistos como augurios por los antiguos romanos: de ellos, sólo 2 se identificaron como presagios de algo bueno. Los estudios etnográficos confirman que estos objetos suelen ser vistos como portadores de malas nuevas en todo el mundo. La estupidez humana nos ha dejado incluso suicidios colectivos, como el que en 1997 llevaron a cabo 39 miembros de la secta californiana Heaven’s Gate. Creían que así podrían subir a la nave espacial que iba, cómo no, en la cola de un
cometa.

Miguel Ángel Sabadell

Fuente:
http://www.muyinteresante.es/

Triste noticia: ha fallecido Enrique Muro

 

Buen viaje Enrique. Allí donde estés, se te quiere…

Enrique muro Se ha ido uno de los nuestros. Un compañero y un viejo amigo. Enrique Muro, reportero del programa Diálogos en la Nueva Era (Onda Madrid), labor que compartió en la década de los 90 con Lorenzo Fernández, Iker Jiménez y quien esta líneas escribe. Fue uno de los pioneros a la hora de investigar los conocidos sucesos en torno a la Luz del Pardal, y el primer periodista español que consiguió entrevistar a Ray Santilli, artífice de la falsa autopsia del caso Roswell. Colaboró con diversos artículos en las 3 principales revistas sobre asuntos heterodoxos del panorama español: Año/Cero, Más Allá y Enigmas. Para esta última cedió en 1998 varias psicofonías de su archivo personal que se incluyeron en el CD Psicofonías: ¿Voces del Otro Mundo?.

Fuente: Francisco Contreras Gil

Las envenenadoras de Nagyrév

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Envenenadoras de Nagyrév

Durante el periodo de entreguerras, en algunos pueblos de la región de Tiszazug y, concretamente, en Nagyrév, un pueblo agrícola húngaro, a unos cien kilómetros de Budapest, proliferó una comunidad de asesinas que acabaron con la vida de unas trescientas personas, que, por distintos motivos, consideraron “molestas”.
Todo comenzó al inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando muchos hombres de la región tuvieron que abandonar sus hogares al ser reclutados para luchar por el Imperio Austro-Húngaro. En la misma época se establecieron en la zona campamentos para prisioneros, que disponían de una cierta libertad controlada. Estos jóvenes extranjeros comenzaron a visitar Nagyrév y se convirtieron en amantes de muchas mujeres que, libres de maridos y prometidos, podían relacionarse con ellos tranquilamente.
Pero esta situación “idílica” terminó bruscamente cuando los maridos, padres y otros parientes empezaron a regresar a sus casas. Los veteranos de guerra quisieron retomar sus vidas por donde las dejaron, esperando que sus mujeres fuesen tan sumisas y obedientes como antes. Sin embargo, estas mujeres, que lograron una independencia y liberación que no habían llegado a experimentar hasta entonces recibieron a sus familiares con una gran frialdad. Ellos, en muchas ocasiones, también habían cambiado: los horrores de la guerra los volvieron más agresivos e intolerantes y, algunos, además, estaban terriblemente mutilados o ciegos.

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Una de las campesinas detenidas.
Todas las imágenes del post pertenecen al Hungarian National Museum
(Magyar Nemzeti Múzeum) y fueron tomadas durante las
detenciones y el juicio.

Las esposas buscaron la ayuda de una mujer valorada en la comunidad. Se trataba de la comadrona Julia Fazekas, que, en aquella época, al no existir ningún hospital en la zona, cubría las necesidades médicas de estas poblaciones. Sólo llevaba viviendo en Nagyrév tres años, pero ya era una persona respetada porque las comadronas eran consideradas “mujeres sabias” que actuaban como médicos y, además, logró ganarse la confianza de algunas familias a las que había ayudado a deshacerse de los bebés no deseados. De hecho, esta mujer fue detenida en numerosas ocasiones por practicar abortos ilegales, aunque siempre quedó libre por falta de pruebas.
Fazekas consideró que, una buena solución y, al mismo tiempo, un medio de obtener ingresos extra, era facilitarles a todas aquellas mujeres arsénico obtenido con un método casero: mediante la ebullición de tiras de papel atrapamoscas. La comadrona, ayudada por una de sus auxiliares, Susanna Olah, alias “Tía Susi”, y algún otro cómplice, logró inducir a las asesinas a cometer los crímenes y proporcionó el veneno que todas ellas utilizaron. Unas cincuenta envenenadoras compraron el arsénico y, lograron en pocos años aumentar notablemente la tasa de mortalidad de la región.
Cuando algún funcionario pedía explicaciones de este llamativo aumento de la mortalidad, un primo de Fazekas presentaba los certificados de defunción, que él mismo había firmado, para demostrar que las muertes eran naturales y que todo estaba en orden.
Los envenenamientos comenzaron en 1914, con el asesinato de Peter Hegedus, y finalizaron en 1929. Según Béla Bodo, un historiador húngaro-estadounidense, autor del libro
Tiszazug: A Social History of a Murder Epidemic, los crímenes cesaron cuando una carta anónima al editor de un pequeño periódico local acusó a las mujeres de la región de Tiszazug de acabar con la vida de sus familiares mediante envenenamiento. Las autoridades exhumaron decenas de cadáveres en el cementerio local. Tras encontrarse arsénico en sus cuerpos, si iniciaron las detenciones de los sospechosos.

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La imagen muestra el inicio de las detenciones de las sospechosas. Algunas llevan a sus hijos

Este autor, que creció en la región, revela en su obra las posibles causas sociales que propiciaron estos despiadados crímenes. Examina, por ejemplo, los elementos de la cultura campesina húngara del periodo de entreguerras, tales como el abandono tradicional de los ancianos, enfermos y discapacitados, que resultó favorable a una solución violenta de los problemas familiares. Además, analiza el contexto histórico-político en el que se desarrollaron los hechos, una época extremadamente difícil y dura, en la que se vivía con mucha pobreza y desesperación. Todo ello para intentar profundizar en la explicación de esta oleada de crímenes en la que participaron tantas personas.
En aquella época, los matrimonios eran concertados por la familia y el divorcio no se aceptaba socialmente. De manera que las mujeres, frecuentemente, tuvieron que soportar a hombres que no amaban, muchos de ellos maltratadores y alcohólicos. Sin embargo, no todas las víctimas fueron de este tipo. También se acabó con la vida de padres ancianos, maridos mutilados por la guerra o, incluso, de los hijos.
Cuando, finalmente, la comadrona fue detenida, se mantuvo firme en el interrogatorio y negó todas las acusaciones, afirmando que no podían demostrar nada. Las autoridades decidieron dejarla libre para tenderle una trampa. Sabían que ella se pondría en contacto con sus clientas para advertirles de que su “fábrica de arsénico” había cerrado. Así lo hizo, y cometió el error de visitarlas personalmente, de manera que, involuntariamente, le indicó a la policía a quiénes debía detener.
Se hicieron treinta y siete detenciones y se logró que veinte y seis mujeres fuesen a juicio.

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Algunas de las detenidas durante la celebración del juicio

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Entre las personas procesadas se encontraba Olah, ya septuagenaria; Maria Kardos, que asesinó a su marido, a su amante y a su hijo de veintitrés años; Rose Hoyba, que confesó haber acabado con la vida de su esposo por ser “aburrido”; Lydia Csery, que mató a sus padres; Maria Varga, que asesinó a su marido, que se quedó ciego en la guerra, porque  se quejó de que ella traía demasiados amantes a casa; Juliena Lipke, que asesinó a su madrastra, su tía, su hermano, su cuñada y su esposo; y, finalmente, Maria Szendi, que justificó ante el tribunal su crimen de este modo:

Maté a mi marido porque él siempre quería tener el control. Es terrible la forma en que los hombres siempre quieren todo el poder.

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Una de las procesadas declarando en el juicio

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Ocho fueron condenadas a pena de muerte mediante la horca; siete, a cadena perpetua y el resto pasó algún tiempo en la cárcel. Entre las ejecutadas se encontraba “Tía Susi”, acusada de haberse encargado de las distribución del veneno, en el caso de varios clientes. Su hermana también recibió la máxima pena. Uno de los asesinos, según afirmaba una habitante de Nagyrév que actualmente tiene 93 años, se ahorcó para evitar el arrestro. En cuanto a Fazekas, logró evitar la ejecución suicidándose con el mismo veneno que tantas veces había vendido.

Enlaces: wikipedia, laurajames, trutv, pagina12, angelmakers, jfh.sagepub, tankonyvtar.
http://www.ovejaselectricas.es/

Fantasmas en España – La casa de la familia Bayón – Casas embrujadas en Asturias

[asturias+copiar.jpg]Nos trasladamos en el tiempo hasta los primeros años del siglo XX, a una España muy distinta de la actual y, más en concreto, a Rayán, un pequeño y hermoso pueblo asturiano enclavado en una montaña de la sierra del Aramo, a cuatrocientos metros de altura.

Al caer la noche, sin la luz artificial que hoy día nos facilita la vida, el lugar se convertía en solitarias y oscuras callejuelas, cuyo silencio sólo era rasgado por el susurrar del viento y por los sonidos producidos por los animales de las cuadras. En la actualidad, únicamente cuatro vecinos viven en Rayán, pero en la época que nos ocupa eran más de cincuenta, todos ellos vinculados de una u otra manera a las explotaciones mineras de la zona. El trabajo en la minería lo compaginaban con las duras labores del campo, pues todos los recursos eran pocos para salir adelante en unos tiempos tan difíciles.
En este contexto comenzaron un buen día los extraños fenómenos en la casa de la familia Bayón, en lo que puede calificarse como uno de los más violentos y espectaculares poltergeist jamás acontecido en España. Aún hoy, a pesar del tiempo transcurrido, todos los descendientes de esta familia recuerdan con meridiana claridad aquellos hechos que marcaron para siempre a sus ancestros. En el pueblo los fenómenos son conocidos todavía hoy por el descriptivo nombre de «el miedo de Rayán».
Los Bayón eran originarios de León y, como como otras familias de la localidad, se habían instalado allí por las oportunidades laborales que ofrecían las minas cercanas. Eusebio Bayón y Concepción González eran una pareja bien avenida que sólo pensaba en trabajar para sacar adelante a su prole. En el año 1915 Concepción dió a luz a su decimotercer vástago, lo que no fue impedimento para que pocos días después volviera a las duras tareas del campo y del hogar. Cuando el sol se ocultaba, la pobre mujer caía rendida en la cama, pero constantemente era desvelada por sus hijos pequeños, que reclamaban atenciones.
FUERZAS DE OTRO MUNDO
Una noche, los lloros de su retoño Juan sacaron a Concepción de los brazos de Morfeo. Cuando se acercó hasta la habitación del niño, quedó paralizada de terror ante una escena que jamás olvidaría: la cuna se movía, como si estuviera mecida por una mano invisible. Los descendientes de los Bayón a los que hemos tenido la oportunidad de entrevistar coinciden en que ese hecho se convirtió en el detonante de lo que sucedería en los días siguientes. Noche sí, noche no, la cuna del pequeño se balanceaba sola en plena madrugada. Eusebio, el marido de Concepción, desesperado ante un fenómeno que no comprendía y temeroso de que a su bebé pudiera ocurrirle alguna desgracia, decidió contarles a los vecinos de Rayán el motivo de sus desvelos. Juan Alonso, hombre serio y de gran fortaleza física, se prestó a pasar una noche junto a la cuna del niño y, si fuese necesario, frenar con sus brazos el movimiento de la misma. Cuando el fenómeno comenzó, Juan Alonso agarró fuertemente la cuna, pero ésta lo desplazó con gran violencia de un lado a otro de la estancia.
A partir de ese día, Eusebio, Concepción y los hijos de ambos comenzaron a vivir otro tipo de hechos insólitos: golpes dentro de las paredes, pisadas en torno a la escalera, ruidos de arrastrar cadenas, gemidos… El terror se iba apoderando de la familia Bayón día a día, a pesar de que los vecinos del pueblo se turnaban para acompañarlos durante la noche. Así pudieron comprobar que los sucesos siempre se desencadenaban entre la una y las cinco de la madrugada. En aquel entonces nadie hablaba de parapsicología, de fenómenos paranormales o poltergeist, pero sí de maldiciones, de muertos o incluso del diablo.
ESCENAS TERRORÍFICAS
Felicita Bayón, nieta de Concepción, de noventa años de edad y con una memoria y salud excelentes, rememora ante nuestra grabadora una escena que vivió en primera persona cuando era una niña de corta edad: «Tres hombres muy fuertes intentaban frenar el movimiento de la cuna y no eran capaces; esa fuerza de otro mundo los lanzaba unos contra otros, contra las paredes…». También recuerda nuestra informante cómo algunas mañanas descubrían en torno al cuerpo del bebé rosarios y escapularios que se guardaban en un armario de la habitación, a puerta cerrada. Éstos aparecían dispuestos en forma de cruz y, en ocasiones, colgados de sus orejas.
Pasaban los años, pero los fenómenos cada vez se tornaban más violentos. Grupos de vecinos se reunían alrededor de la casa, presenciando cómo las ventanas de la misma se abrían y cerraban todas a la vez de forma estrepitosa, al tiempo que se escuchaban golpes en su interior. Desde entonces la construcción pasó a conocerse con el nombre de la «casa del miedo».
Las Fuerzas de Seguridad tomaron cartas en el asunto, alarmadas por los comentarios de los vecinos de Rayán y pueblos limítrofes. En cuanto sus ocupaciones se lo permitían, agentes de la Guardia Civil del cuartelillo más cercano, en Moreda, se acercaban a la casa para tratar, al menos, de consolar a la aterrorizada familia. Infinidad de noches hicieron guardia dentro y fuera de la vivienda, convirtiéndose así en privilegiados testigos de los sucesos paranormales. En más de una ocasión, los vecinos del pueblo que los acompañaban en las labores de vigilancia, huyeron despavoridos cuando comenzaron los terroríficos golpes y el movimiento de puertas y ventanas.
El caso llegó a oídos de la prensa, de modo que comenzaron a peregrinar a Rayán personas con las más diversas intenciones, desde supuestos brujos a grupos de espiritistas. Todos aseguraban poseer las claves para terminar con los fenómenos, así que en la «casa del miedo» se llevaron a cabo todo tipo de rituales, ante la estupefacción de la asustada familia, que no perdía la esperanza de que algunos de estos ritos dieran el resultado deseado, poniendo fin a sus pesadillas. Antón de Moreda, vecino de Rayán, nos explicó lo que presenció siendo niño: «Veía casi todos los días, durante bastantes meses, a un cura que caminaba hacia la casa, ataviado con una extraña y pesada túnica, incluso en pleno verano. Le pregunté qué es lo que hacía y me dijo que se dedicaba a hacer exorcismos».
También pudimos entrevistar a María y Cristina, otras nietas de Concepción González, quienes nos narraron con pelos y señales otros fenómenos que se produjeron entre las paredes de la «casa del miedo»: «Aparecían en la primera planta objetos que estaban guardados en el desván o piedras del exterior de la casa. Pero uno de los momentos más terribles fue cuando uno de los grandes crucifijos que había colgado en la pared empezó a moverse sólo, y luego salió disparado». En otra ocasión, la cuna del pequeño Juan quedó boca abajo y los presentes comprobaron con pavor que el niño –quien dormía plácidamente– desafiaba la ley de la gravedad.
LA CONVERSACIÓN CON EL «FANTASMA»
Una noche, Concepción se encontraba descansando junto a su marido en una de las habitaciones del primer piso, cuando escuchó que una voz de procedencia desconocida la llamaba por su nombre. Eusebio, muerto de terror, encendió un candil y vió como su esposa se levantaba de la cama. Concepción, decidida, le dijo que debía acudir a la llamada ella sola, pues se trataba de una oportunidad única para saber de una vez por todas el porqué de la pesadilla que estaban viviendo. Poco se sabe de lo que vivió la mujer. Únicamente le contó a algunos de sus familiares que se topó con una figura traslúcida y luminosa de aspecto humano, de la que surgió una imponente voz que le ordenó arrodillarse.
Al parecer, la «entidad» y la mujer mantuvieron una larga conversación, de la que ésta nunca reveló su contenido. Quizá la aparición le confió cuál era su identidad y la razón por la que provocaba tan inusuales fenómenos. Sus familiares sí saben, por boca de Concepción, que en el momento que terminó el intercambio de palabras, la mujer perdió el conocimiento.
Eusebio, ante la tardanza de su esposa, tomó la decisión de entrar en la estancia de donde procedían las voces. Allí se encontró a Concepción en el suelo. Tras reanimarla, ella lo único que le dijo es que debía acudir a Camplongo, un pueblo castellano, para encargar unas misas y poner unas velas. Añadió que nunca podría revelar los detalles de la conversación con la extraña entidad, pues de lo contrario los fenómenos retornarían a la casa, incluso con más violencia. Concepción González cumplió sus promesas y los hechos dejaron de producirse. Abandonó este mundo a los 103 años, llevándose su secreto con ella para siempre.
Sin embargo, la sola presencia de Juan, hijo de Concepción, desencadenaba habitualmente fenómenos paranormales. Felicita Bayón, nieta de nuestra protagonista, recordaba que Juan sufría constantes tirones del pelo y a su alrededor se movían las cosas solas, entre otros hechos anómalos. Este estigma lo «persiguió» durante toda su existencia. Podríamos decir que se convirtió, sin quererlo, en la prueba viviente de «el miedo de Rayán».
EL DIAÑU Y EL TRASGU
Si preguntamos a los ancianos de las aldeas más recónditas de Asturias, seguro que nos encontraremos con casos similares al de Rayán en algunos aspectos. La culpa era atribuida antiguamente a seres que forman parte del acervo folclórico asturiano. Así, del movimiento inexplicable de objetos se culpaba al diañu, una especie de duende o espíritu burlón que hizo de las suyas en numerosos hogares asturianos. Según la tradición, mora en los prados y bosques y se caracteriza por tener patas de cabra, aunque puede cambiar de forma a voluntad. En cuanto a los ruidos de origen inexplicable, el responsable no puede ser otro que el trasgu, a quien podríamos definir como un duende que habita en algunas casas. Son criaturas pequeñas, con rabo y cuernos. Se sabe de la presencia de este ser por los persistentes ruidos y percances nocturnos. También asustan al ganado, mueven objetos de lugar, dan portazos o hacen ladrar a los perros, interrumpiendo así el sueño de los habitantes de la vivienda.
CASAS EMBRUJADAS EN ASTURIAS
Algunos poltergeist se relacionan con la práctica del mal llamado juego de la ouija. Así, en La Foz, concejo de Morcín, una sesión con el «tablero del más allá» desencadenó una serie de fenómenos, entre los que destacaban el movimiento de portarretratos, que en varias ocasiones salieron disparados contra los inquilinos de la vivienda. En Gijón, por ejemplo, sabemos por la publicación de un artículo en el diario El Noroeste que en 1917 tuvieron lugar unos espectaculares fenómenos paranormales, atribuidos por sus habitantes a «travesuras de duendes». En su momento, un grupo asturiano especializado en el estudio sucesos inexplicables, el Gaipo, investigó el caso de una casa de Gijón, en la que sucedían diversos fenómenos extraños ante la aterrorizada mirada de la pareja que la habitaba: pisadas, cajones que se abrían y se cerraban, ruidos… Los hechos comenzaron a producirse tras el fallecimiento en la casa de un familiar.
¿LO SABÍAS?
Después de Rayán, quizá el caso de casa encantada más conocido de Asturias tuvo lugar en 1987 cerca de la playa de Verdicio, en el concejo de Gozón. Al final, sus habitantes optaron por abandonar la vivienda, así que la familia quedó dividida. Por esta razón, hoy día los vecinos hablan con pesar del suceso.
Davíd Madrazo
Fuentes: akasico.com
http://todomiedo.cl/

Las Historias y Leyendas del Castillo despiertan un gran interés en Morella

La historia, las curiosidades, los misterios y las leyendas de la historia del Castillo de Morella han despertado un gran interés en la localidad. Tanto es así, que la visita guiada que se había programado para hoy, va a pasar a convertirse en dos encuentros. En total, ya hay setenta y cinco personas apuntadas y se espera que este número se amplie durante el resto del día.

La visita abarcará un espacio de casi 6.000 años, ya que comenzará en el Neolítico y llegará hasta las guerras carlistas. Casi la totalidad del recorrido será por la Alameda, ya que tiene el objetivo de “hablar del Castillo, pero viéndolo desde fuera”, ha explicado la guía Pepita Milián. La visita mezclará “pasajes históricos con leyendas documentadas por distintos autores”, afirma la guía. De este modo, las pinturas rupestres, como las de Morella la Vella, y los hábitos de estas primeras civilizaciones serán el punto de salida de la excursión. Después, se recorrerán distintos periodos, con sus personajes y batallas más características, cómo Blasco de Alagón, Jaume I o las Guerras Carlistas. Todas ellos, enmarcados en enclaves importantes que en su día fueron protagonistas de estos episodios.

Pero no son sólo las explicaciones históricas las que han llamado poderosamente la atención de los morellanos y de los turistas, sino que las leyendas han despertado una gran curiosidad. Algunas de éstas son bastante conocidas, cómo el milagro de la resurrección del niño de San Vicente Ferrer, estampa ubicada en la Calle Mare de Déu y en la que finalizará el recorrido, pero otras sorprenderán a los asistentes. Algunas de ellas hablan de un contexto genérico, cómo el comercio de víboras en el siglo XV para elaborar pócimas y, otras atiendes a individuos particulares, cómo la maldición que el Papa Luna dirigió a las moscas del Convento de Sant Francesc porque le molestaban.

Esta es la primera vez que se organiza una visita de estas características y, a buen seguro, que no será la última, dado el éxito de las inscripciones. Se prevé que el número de ciudadanos de la localidad aumente, ya que la visita está en el programa de Pascua. También se cree que incrementará el número de turistas, debido al alto número de consultas que están habiendo durante la mañana en la Oficina de Turismo.

Ostención 2010: Síndone

Fuente: Rodolfo Faggioni

Turín, Italia.- La Sábana Santa de lino blanco, tejida a mano y venerada por millones de creyentes de todo el mundo, estará nuevamente expuesta en la Catedral de Turin (Italia) del 10 de abril al 23 de mayo, diez años después de la Ostensión del Jubileo en la cual fieles de todo el mundo la pudieron admirar.

La Sábana Santa se encuentra custodiada en la capilla Real del Duomo de Turín, conservada bajo la cúpula central, una de las obras maestras de la arquitectura barroca y se expone al público únicamente en ocasiones solemnes.

Esta sábana de lino blanco que mide 4,36 metros de largo por 1,10 de ancho, tejida a mano a forma de espina de pez y venerada por millones de creyentes de todo el mundo es uno de los misterios más fascinantes de la historia de la Iglesia Católica.

En la sábana se nota claramente la impresión doble (frontal y dorsal) de un cuerpo humano masculino, de 1,80 metros aproximadamente de estatura y de unos 70 kilogramos de peso, que murió con el suplicio de la cruz y se puede observar con impresionante realidad las estigmas tradicionales de la pasión de Cristo, la flagelación, la coronación de espinas, una herida en la muñeca izquierda y en las extremidades inferiores y la herida al costado derecho.

La tradición dice que esta sábana es aquélla con la cual José de Arimatea cubrió el cuerpo de Cristo cuando lo bajaron de la cruz.

Su historia se la puede dividir en dos periodos: desde 1350 hasta nuestros días y el periodo antecedente a 1350. Mientras para el segundo periodo, desde 1350 hasta nuestros días su historia es lineal y la sábana puede ser seguida con precisión absoluta, no ocurre lo mismo para el primer periodo que va desde el inicio del primer siglo de nuestra era hasta 1350.

La sábana aparece misteriosamente en 1350 en la pequeña ciudad francesa de Lirey. En 1452 los duques de Saboya la trasladan a Chambéry donde hacen construir una capilla para conservarla. El 3 de Diciembre de 1532 un incendio daña la sábana en doce partes, las monjas clarisas de Chambéry la remiendan.

En 1578 el Arzobispo de Milán Carlos Borromeo para librar si ciudad de la peste que la devastaba hizo voto de ir en peregrinaje a la ciudad de Chambéry para venerar el "Santo Sudario". El duque Emanuele de Saboya para aliviar la penitencia del anciano y alto prelado de la Iglesia Católica y para consolidar el prestigio de su nueva capital, hizo transportar a Turin el precioso lienzo.

Durante la Primera Guerra Mundial fue conservada en una caja de amianto en los subterráneos del Palacio Real de Turin y durante el segundo conflicto mundial fue custodiada por el Abad Benedictino del Santuario de Montevergine en el Sur de Italia.

Como se ve, la "Sábana Santa" conservada en el Duomo de Turin es la misma que en 1350 se encontraba en Lirey. El periodo antecedente a 1350 es muy nevuloso y por algunos siglos al "Santo Sudario" no se lo menciona en absoluto.

Con la firma del tratado de Constantina (siglos IV y V) se buscaron los recuerdos de la Pasión de Cristo y a Constantinopla fueron llegando poco a poco varias reliquias y en honor a estas se erigió la Basilica de Santa María Blakena, en el año 650 el Obispo Arculfo de Parixneus afirmaba haber visto una "sábana larga ocho pies" . En 1171 el Emperador de Constantinopla Manuel I Comneno muestra sus reliquias al rey de Jerusalén Amauri I, entre las cuales se encontraba una "sábana".

La sábana desaparece cuando Constantinopla fur invadida por los latinos durante la IV Cruzada; las reliquias fueron parte copiscua del botín de los invasores y en pocos años se difundieron en Occidente muchas falsas reliquias, tanto que el Cocilio Lateranense de 1215 prohibía la veneración de "imágenes y documentos falsos".

En 1350 aparece en la pequeña localidad francesa de Lirey una sábana, demostrar la autenticidad de esta sábana es muy difícil. Se han hecho estudios científicos en Europa y en los EE.UU., y al análisis la sábana resulta ser de época de Cristo.

El famoso científico suizo Max Frei ha descubierto que en el precioso lino se encuentran pólenes fósiles de plantas presentes exclusivamente en el área palestinesa, pero con tantas ostensiones de la sábana en lugares abiertos, como acaecía en la antigüedad, ¿no podrían haber mezclado los pólines?

El descubrimiento más sensacional fue hecho por el abogado Segundo Pia que en 1989 fotografió por primera vez la sábana, que lleva impresa una figura doble, en el negativo vió un cuerpo humano al positivo, es decir la figura impresa en la sábana es un negativo, esto demuestra que la impronta de la sábana no es una obra manual sino una auténtica impronta.

Esta tesis ha sido avalorada en estudios hechos en la base espacial de la NASA en los Estados Unidos, donde aplicando a una fotografía de la "Sábana Santa" la misma técnica usada para elaborar fotografías provenientes del planeta Marte, (impulsos electrónicos del VP-8) le han dado al lienzo una imagen tridimensional, mientras que usando fotografías normales se han obtenido fotografías privadas de perspectiva tridimensional.

Uno de los últimos misterios por resolver es si la impresión del cuerpo humano que se encuentra en la sábana es de Cristo o de otro hombre.

Por los análisis que se han hecho en los últimos años se ha llegado a la conclusión que el hombre del sudario ha estado cubierto por el lienzo por poco tiempo (desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la mañana), ha sido crucificado donde ha muerto, se notan claramente las heridas de los clavos en ambas extremidades, en la cabeza aparecen heridas hechas por espinas y ha recibido un golpe de lanza que lo ha herido al costado izquierdo.

Si de una parte no se tiene la certeza absoluta de que la impresión de la sábana es de Jesús de Nazareth, es extremamente raro que otro hombre haya tenido una historia idéntica a la de Cristo.

Las atestiguaciones evangélicas no son de grande ayuda, según los evangelios sinópticos, cuando el cuerpo del Nazareno fue depuesto de la cruz, José de Arimatea lo cubrió con una sábana fúnebre y así lo depuso apresuradamente en el sepulcro, era el viernes por la tarde e iba a iniciar el descanso del sábado que ningún judío hubiese violado para ungir y envolver un cadáver, según el uso de las exequias ordinarias de esos tiempos.

En el Evangelio de Juan se habla del día siguiente, es decir a la puesta del sol del sábado, fue entonces que el cuerpo de Cristo fue esparcido con cien libras de mirra perfumada y de áloe, fue envuelto con lienzos y le cubrieron el rostro con el sudario, no se hace mención de una sábana.

En los actos de la Iglesia Primitiva no hay ningún recuerdo de la "Sábana Santa" ni se puede imaginar que los primeros cristianos se ocupasen de reliquias, tampoco los apologetas y los Primeros Padres se refieren a una "sábana"

Actualmente el Arzobispo de Turin es "Custode Pontificio del Santo Sudario" y es favorable a nuevas pericias científicas que documenten en manera definitiva la autenticidad de la preciosa reliquia. La última fue en 1988 con el método del "radio-carbonio" o "carbonio 14" que la fechaba por primera vez en época medioeval a suscitar polémicas por el sistema como fue analizado.

La respuesta a estos interrogativos no la puede dar la ciencia, sino únicamente la fe, ver la imágen de un hombre que ha sufrido y muerto con el suplicio de la pasión, impresa en una sábana, como la hemos visto nosotros, es uno de los misterios que apasiona a creyentes y no creyentes y es uno de los misterios mas fascinantes de la bimilenaria historia de la Iglesia Católica.

El Señor de Sipan, la cultura mochica

Entre los siglos I y VII d.C. al norte del Perú, en la árida costa comprendida entre la cordillera de los Andes y el Oceáno Pacífico, allá donde los ríos Lambayeque, Jequetepec y Chicama envuelven con sus aguas a la zona comprendida entre las ciudades de Lambayeque y Trujillo, se desarrolló una civilización sustentada en la agricultura, una sociedad amante de la vida y de la diversión: los mochicas o moches.

 Cultura moche

Mientras al otro lado del mundo, en Europa, el Imperio Romano alcanzaba su máximo esplendor, los mochicas desplegaron sus conocimientos y su religión. Fue una etapa del Perú, a la que se conoce como regionalización, en la que florecieron diferentes culturas, motivadas ensencialmente por la gran variedad climática, de flora y fauna existente en esa zona del antiguo Perú.

Pero esta cultura mochica, o moche, o incluso proto-chimú o muchik, como también se le ha dado en llamar, era una sociedad avanzada para su tiempo, capaz de canalizar las aguas y desarrollar un complejo sistema de riego para sus tierras. Crearon acueductos, terrazas, depósitos y todo un complejo sistema encaminado a llevar las aguas hasta sus tierras, pues su sustento básico era la agricultura. Llegaron a utilizar fertilizantes animales y cultivaron esencialmente el maíz, además del fríjol, la mandioca, la calabaza o la chirimoya.

Las primeras aldeas de las que se tiene constancia están en la desembocadura del río Jequetepeque, pero su núcleo principal se asentó en el valle del río Moche, donde se construyó una ciudad sagrada que fue sede del gobierno mochica. Sus principales restos son las Huacas del Sol y de la Luna, auténticos palacios de los señores mochicas, que eran los gobernantes, los que tenían un poder absoluto fuera de todo control y de transmisión dinástica. Era tal la fuerza que tenía la religión en esta sociedad que los sacerdotes jugaban un papel importantísimo en el gobierno del pueblo, hasta el punto de considerarse a la sociedad moche como teocrática.

Huacas del Sol y la Luna 

Y es que, precisamente, la religión mochica giraba en torno a la veneración a la Luna, a la que llamaban Si. Por eso tenían tan perfecto conocimiento del movimiento de las mareas y de las fases lunares. para ellos la muerte no era sino un tránsito a otro nivel de vida donde se continuaba al igual que en la Tierra teniendo unas responsabilidades y unos derechos propios de su rango.

La sociedad estaba organizada por clases, con los campesinos y mendigos en su estamento más bajo, los artesanos y sirvientes en la intermedia, y los sacerdotes en la alta. Finalmente el señor era el que se situaba en la cima más alta de la pirámide social.

Sin embargo, y a pesar de esta fuerte división social, los mochicas eran seres que disfrutaban de la vida como demuestran sus pinturas y cerámicas. Les gustaba beber e incluso emborracharse. Bailaban con frecuencia, y en cuanto al sexo no tenían prejuicios éticos y morales, pues, siempre según las cerámicas encontradas, practicaban las más diferentes formas de coito, predominantemente el anal y el bucal.

La cerámica ha pasado a la historia como el símbolo de esta sociedad, su mayor arte, pues es de una gran belleza estética y presenta una decoración muy variada, desde animales hasta plantas o dioses. Sin embargo, también sabían manejar los metales preciosos y a manejar perfectamente el calor y el frío.

Como vemos, era una sociedad enormemente avanzada teniendo en cuenta los siglos de los que hablamos, muy anterior a los incas, por ejemplo. Esa es la gran importancia del descubrimiento del conocido como el Señor de Sipán. Tanta como que se ha llegado a considerar como uno de los más importantes descubrimientos arqueológicos que se han hecho en el siglo XX, al mismo nivel de por ejemplo el hallazgo del Macchu Pichu o de la tumba de Tutankamón.

 El Señor de Sipan

Sipán dio una gran información sobre este pueblo y aún es mucha la que dará. Es el pasado entero de toda una nación. Es la historia de los antecesores, de los origenes de toda una  civilización, e incluso hoy día se reconoce su importancia dando nombre a instituciones y colegios por todo el Perú norteño.

Las raíces han quedado a la luz con el Señor de Sipán.

Era el mes de febrero de 1987 cuando el doctor Walter Alva se decidió a excavar… pero ésta es otra historia… que pronto podréis leer….