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Voces del Misterio

La Resurrección...¿un fraude histórico?

La resurrección de Jesús de Nazaret es fundamental para la fe cristiana.
Como con cualquier otro hecho histórico la Resurrección de Cristo no puede demostrarse científicamente, ya que los hechos acontecidos no pueden reproducirse. Sin embargo, las evidencias históricas abrumadoramente favorecen la historicidad de este sobrenatural evento.
La existencia de la iglesia cristiana, la vida y martirio de los apóstoles, la conversión de Pablo y de Santiago (el hermano de Jesús), así como la tumba vacía, deben ser explicados de alguna manera. Queremos mostrar que estos hechos se explican mejor como el resultado de la resurrección de Cristo.
Las teorías que pretenden explicar la resurrección de una manera natural son menos creíbles que el milagro mismo.
Así lo han entendido personas que han intentado desmentir la resurrección desde un punto de vista histórico. Después de estudiar el tema en profundidad, comprobaron su veracidad y depositaron su fe en Jesús. Ejemplos de esto lo son Lord Lyndhurst (Gran Bretaña), Simon Greenleaf (prominente abogado y profesor en Harvard, USA) y Frank Morrison, abogado y escritor inglés.
Si, en cumplimiento de sus propias palabras Jesús de Nazaret se levantó de entre los muertos, su resurrección es el sello divino a su identidad: Hijo de Dios y Salvador del mundo.

 

Introducción

Jesucristo, figura central del cristianismo, alegó ser Hijo de Dios y Salvador del mundo. Como parte central y señal de la veracidad de su mensaje anunció que se levantaría de entre los muertos. Es el carácter de Jesús lo que está en juego en la resurrección. El apóstol Pablo escribió que "si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe."

Si Jesús no resucitó, ¿cómo explicamos lo que sucedió?
Son varios los hechos históricos que sólo pueden explicarse si Cristo resucitó. Veamos algunos.

La existencia de la Iglesia Cristiana. El mensaje cristiano comenzó a ser predicado apenas unos cincuenta días después de la muerte de Jesús. Comprobar la falsedad o la veracidad de la resurrección que Pedro proclamaba era fácil. ¿Por qué no fue refutada entonces? El cristianismo hubiera muerto allí mismo, en "la cuna."

Los apóstoles. Todos los discípulos de Jesús tenían miedo y, aterrorizados después de su muerte se encerraron temiendo lo peor. Ninguno de ellos esperaba que Jesús resucitara.

Ahora bien. Tan sólo unas semanas después, este grupo de hombres se pusieron frente a una multitud, algunos de ellos responsables directos de la muerte de Jesús, y predicaron el mensaje de Dios. ¿Qué transformó a estos cobardes en valientes? ¿Qué les sostuvo ante la persecución que siguió? ¿Qué les llevó a sufrir el martirio?

Pablo. Un caso en extremo particular e importante lo es el de Saulo de Tarso, mejor conocido como el Apóstol Pablo. Lo que hace a este caso tan especial lo es este hecho: existe abrumadora evidencia histórica de que su extrema aversión contra la naciente iglesia cristiana cambió súbitamente. Él se convirtió en el mayor exponente del Evangelio y en el autor de una tercera parte del Nuevo Testamento.

De miembro del Sanedrín (organismo que regía al pueblo judío en lo religioso) se convirtió en Apóstol cristiano. De perseguidor en perseguido. Finalmente, murió decapitado por su fe en Roma cerca del año 64 DC.

¿Cómo explicarlo?

Mientras perseguía a la iglesia algo sobrenatural le sucedió. Jesús resucitado se le presentó visiblemente. El encuentro le dejó ciego y confuso por tres días hasta que, confesando a Cristo, fue bautizado por un líder judío de la comunidad cristiana de Damasco.

Santiago. Lo que lo hace particular es su parentesco con Jesús. Él era uno de sus hermanos y rechazó las inclinaciones mesiánicas de su hermano mayor. Se burló de él tildándolo de loco. Sin embargo, años más tarde le vemos presidiendo el primer Concilio de la iglesia cristiana en Jerusalén. ¿Qué ocurrió?
Los documentos hablan de un encuentro del Cristo resucitado con su hermano Santiago.

El gran monumento. La tumba de Jesús no contiene sus restos. La tumba de Jesús siempre ha estado vacía. Aún en el primer siglo nunca se discutió la ausencia del cuerpo de Jesús.

¡No lo creo!, dirás. No te culpo. Es increíble. Muchas personas han dudado de esta explicación milagrosa de los hechos, y han dado varias explicaciones naturales que los expliquen. Examinémoslas. Pero antes, es necesario explicar algunos detalles.

Antecedentes de la Resurrección


El proceso de la crucifixión. El tormento de la cruz comenzaba antes de la propia crucifixión. A ésta le precedía la tortura. El soldado romano usaba un látigo con trozos de metal o de hueso en su extremo. Con repetidos golpes la espalda del preso era desgarrada hasta el extremo de que, según lo atestiguan fuentes antiguas, la piel se rompía y los músculos y las vísceras podían quedar expuestas. La pérdida de sangre era significativa.
Ya en el lugar de la crucifixión se aplicaban los clavos traspasando las muñecas y uniendo con un sólo clavo los dos talones al madero.

En condiciones normales, los crucificados morían en una lenta agonía que podía durar varios días. Para acelerar el desenlace, se les quebraban las piernas de manera que perdieran su punto de apoyo y murieran de asfixia.

Tumba, roca y guardia. Los líderes judíos sabían que Jesús había hablado de su resurrección. Por esa razón consiguieron que Pilato, el gobernante romano, ordenara el emplazamiento de una guardia romana que custodiara la tumba de Jesús. La guardia romana constaba de unos cuatro soldados que cada cuatro horas alternaban su turno de vigilancia. Estaban preparados para defender con sus armas y con su vida la tumba. Las leyes romanas establecían la pena de muerte para el soldado que se durmiera en su puesto de vigilancia.

Volvamos a nuestro tema. Aclarados estos importantes antecedentes, presentemos ahora las explicaciones naturales que pretenden desmentir el milagro de la resurrección de Jesús. Intentaremos contestarlas seguidamente.

  • Explicación Nº 1. En realidad Jesús no murió. Sólo sufrió un desmayo. Creyéndole muerto cumplieron con él los ritos mortuorios y le dejaron en la tumba. Allí despertó y se recuperó de sus heridas.
    Hay varios problemas con esta teoría. En primer lugar las personas que declararon muerto a Jesús tenían experiencia en ejecuciones y sabían distinguir entre una persona viva y una muerta.
    En adición, uno de los testigos oculares observó cómo, cuando se le perforó el pecho a Jesús con una lanza, salió "sangre y agua." Cosa sólo posible con una lesión cardiaca que haría imposible la vida.

 

  • Explicación Nº 2. Jesús no resucitó y lo que sus seguidores vieron fue una alucinación. Esta interesante teoría plantea que lo acontecido tras la muerte de Jesús obedece a un tipo de histeria en masa.
    Lo que a primeras luces suena plausible deja de serlo con un ligero examen. Se sabe que las alucinaciones van acompañadas de ciertas particularidades tanto en la carácter de las personas que las sufren como en las circunstancias en las que se dan. Las alucinaciones son usualmente experimentadas por personas impresionables, nerviosas y fácilmente sugestionables. Se suelen dar en lugares y momentos específicos. Suelen afectar sólo uno de los sentidos y desaparecen poco a poco.
    El fenómeno narrado en el caso de Jesús nos presenta una situación muy diferente. Los testigos de la Resurrección (en ocasión llegó a haber 500) eran personas de características muy diferentes.
    Los discípulos no esperaban ver a Cristo con vida. Estaban aterrados y encerrados esperando que vinieran a por ellos. Al ver a Jesús, todos se sorprendieron y expresaron temor.
    Varios sentidos fueron afectados en estos encuentros. A Jesús se le vio, escuchó, tocó y se le observó comer. Sus apariciones duraron unas siete semanas y, luego terminaron abruptamente. ¿Alucinaciones? Improbable.

 

  • Explicación Nº. 3. El cuerpo de Jesús fue robado del sepulcro. El interés de esta teoría es grande ya que fue la usada en el primer siglo por los líderes judíos. Varios grupos podrían haber sido responsables del robo: Romanos, judíos o los mismos discípulos. Veamos...
    Que los judíos o romanos robaran el cuerpo es muy improbable. Si hubiera ocurrido así, ellos mismos podrían haber enseñado el cadáver y terminar temprano con la naciente fe cristiana, y con las complicaciones que trajo a la ya difícil situación judía.
    Que fueran los discípulos los que robaran el cuerpo de Jesús es la otra variante de esta teoría. Examinemos.
    Sin quererlo, fueron los mismos judíos y sus cómplices romanos los que prepararon el escenario para que esta teoría pudiera contradecirse hoy. Para robar el cuerpo de Jesús los discípulos (que huyeron despavoridos cuando Jesús aún estaba con vida) tendrían que haber sido capaces de desarmar a los soldados romanos. Luego tendrían que mover una piedra de dos toneladas.
    Aún hay más. El carácter de estos hombres está descrito en la historia, tanto religiosa como secular, como uno de la más alta integridad y honestidad. Además, ¿morirían estos hombres por una mentira fabricada por ellos mismos?

 

  • Explicación Nº. 4 ¿Invención premeditada? El número de testigos, su carácter y su martirio van contra esta posibilidad.
    En adición, las características de la historia tal y como están registradas en los documentos antiguos, presentan algunos aspectos que sugieren que es una historia real y no una invención.
    Por ejemplo, de nosotros inventar una historia como ésta, ¿presentaríamos a Pedro, el primer líder de la iglesia, como un pusilánime y miedoso? ¿Presentaríamos a los apóstoles asustados y escondidos en el mismo lugar donde tuvieron su última reunión con Jesús antes de morir. Considerando el bajo nivel que se le otorgaba a la mujer en esta sociedad, ¿hubiéramos escogido a María Magdalena como primer testigo de la Resurrección?
    No, la historia está llena de aspectos que revelan su originalidad y veracidad.

Mente abierta, a pesar del escepticismo.


Hablar de la Resurrección de Cristo es, por supuesto, hablar de lo milagroso. Nuestro problema ante un evento así suele ser que descartamos de antemano la posibilidad de lo milagroso o sobrenatural. Entonces rehusamos creer en la resurrección, no porque las evidencias no nos convenzan, sino porque ya hemos decidido que no puede ser cierta.
Por eso te invito a "dudar de tu duda" y, con "Mente Abierta", examinar la evidencia.

¿Qué nos queda?


Como decíamos al principio, las explicaciones que se dan para explicar de manera natural lo que ocurrió aquel domingo en Jerusalén son más difíciles de creer que la misma Resurrección.

El conocido escritor inglés C.S. Lewis escribió que tenemos sólo tres alternativas para explicar a Jesús y lo que dijo de sí. "O era un loco, o un mentiroso o lo que dijo ser era verdad." Si Jesús resucitó, entonces lo que él dijo de sí era cierto. Si Jesucristo resucitó, sus palabras "Yo soy el camino la verdad y la vida" no son el exabrupto de un maniático o de un farsante, sino la afirmación del mismo Hijo de Dios.

Y lo que yo decida respecto a Él es determinante para mi vida aquí... Y en la eternidad.

©José R. Martínez Villamil (Barcelona)

La Resurrección: ¿Mito o Realidad?

Por J. N. D. Anderson (Versión castellana: Francesc Closa)

 


La Pascua no es primariamente un consuelo, sino un reto. El mensaje de la Pascua es o bien el hecho supremo de la historia o bien un fraude colosal. En los días de la iglesia primitiva parece que la gente se daba cuenta de esta antítesis. Por un lado había un pequeño grupo de hombres y mujeres que trastornaron el mundo con su apasionada proclamación del milagro que había transformado sus vidas; por otro lado, había los que denunciaban toda esta historia como una consumada blasfemia.

Hoy día esta cuestión no es vista tanto como un todo o nada: la nuestra es una edad tolerante, y sospecha de todos los fanatismos. La mayoría de la gente no tiene ningún deseo de atacar el mensaje de la Pascua; pero sólo se lo creen a medias. Para ellos es una historia bonita, llena de significado espiritual, pero, concluyen: ¿por qué preocuparse de su importancia literal?

Esta actitud se aparta de la realidad: o bien la resurrección es algo infinitamente más grande que una bonita historia, o bien es infinitamente menos. Si es verdad, entonces se trata del hecho supremo de la historia; y dejar de ajustar la propia vida a sus implicaciones significa una pérdida irreparable. Si no es verdad, si Cristo no hubiese resucitado, entonces el cristianismo sería un fraude total lanzado sobre el mundo por unos embusteros consumados o, en el mejor de los casos, por unos estúpidos engañados. Pablo se daba cuenta de ellos cuando escribió: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.»1

Por tanto, la cuestión es: ¿Es cierta o falsa la resurrección de Jesucristo? Nos es vital decidirnos por una respuesta a esta pregunta. Pero ¿cómo podemos hacerlo? ¿cómo podemos examinar la evidencia de un acontecimiento que sucedió hace más de mil novecientos años?

Encontrar los datos relevantes no es una tarea tan dura como pudiera parecer. Tenemos al menos dos métodos disponibles: (1) Podemos examinar la evidencia histórica, y (2) podemos aplicar la prueba de la experiencia. Se podría examinar la evidencia histórica para determinar si es coetánea, honesta, convincente y susceptible de cualquier interpretación naturalista. La experiencia se pone a prueba verificando el efecto de las demandas y de la resurrección de Cristo en nuestras propias vidas y en las de otros. En este artículo nos atañe primariamente el primero de estos métodos.



... o bien la resurrección es algo infinitamente más grande que una bonita historia, o bien es infinitamente menos. Si es verdad, entonces se trata del hecho supremo de la historia; y dejar de ajustar la propia vida a sus implicaciones significa una pérdida irreparable. Si no es verdad, si Cristo no hubiese resucitado, entonces el cristianismo sería un fraude total lanzado sobre el mundo por unos embusteros consumados o, en el mejor de los casos, por unos estúpidos engañados.


EL TESTIMONIO ESCRITO

¿Qué documentos nos ofrecen la historia de la Pascua? Los documentos primarios son los testimonios escritos de seis testigos: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo y Pedro, apoyados por los testimonios de la iglesia primitiva.

Con frecuencia no nos percatamos de los grandes avances que la investigación moderna ha realizado en la determinación de la fecha y paternidad de estos registros escritos. En el siglo XIX, un número de incrédulos, dotados de una considerable erudición, hicieron grandes esfuerzos para demostrar que los evangelios habían estado escritos a mediados del siglo II d.C. (alrededor de cien años después de los acontecimientos), cuando la leyenda y la imaginación habrían podido distorsionar los hechos. Pero este intento ha fracasado. Ha quedado aplastado bajo el peso de la evidencia histórica positiva que crece más y más con el paso del tiempo.

Los relatos escritos de la vida de Cristo fueron registrados en una fecha extraordinariamente cercana a los hechos. He aquí tres ejemplos:

Pablo, en su carta a los Corintios,2 da una lista detallada de diversas apariciones de la Resurrección. Apenas si se encuentra un erudito que haya puesto en duda la genuinidad de Primera Corintios; su fecha de redacción está establecida sobre el 56 d.C. El apóstol escribe a los Corintios mencionando que él ya les había dado oralmente a sus lectores aquella información (o sea, el 49 d.C.), y que él también la había «recibido», se supone que de aquellos que eran apóstoles antes que él.3 Esto nos puede situar en el 40 d.C., dentro de los diez años posteriores a la crucifixión.

Marcos, en su evangelio, precede su relato de las apariciones de la resurrección con la historia del sepulcro vacío. Generalmente, se acepta que el evangelio de Marcos representa la enseñanza de Pedro, y que fue escrito en una época muy cercana a los acontecimientos. Algunos eruditos modernos creen que existía una versión aramea con una fecha tan temprana como el 44 d.C.

Lucas es nuestro tercer testigo. Su evangelio añade información sustancial a nuestro conocimiento de la visita a la tumba, y de las apariciones posteriores, y da el relato más pleno de la primera predicación de los apóstoles. El tercer evangelio y los Hechos de los Apóstoles han estado ampliamente aceptados como una redacción genuina de Lucas, el «médico amado». Además, Sir William Ramsay y otros han mostrado que, como historiador, Lucas era minuciosamente detallista.

Estos tres documentos fueron seleccionados porque los críticos sin prejuicios no podían excluir estos relatos apostólicos desde el punto de vista bien de la paternidad, bien de la antigüedad de fecha. Pero no hemos de olvidar los relatos escritos de Mateo, Juan y Pedro, porque estos hombres también escribieron documentos autorizados.

¿Qué hay, pues, de esta evidencia? Es extremadamente cercana a los hechos, y mucha se remonta a la primera década de la era cristiana. Así la evidencia es coetánea y ha de ser, al menos, aceptada4 como un registro sustancial de testigos oculares. ¿Cómo podemos esquivar las implicaciones? Se han hecho diversos intentos. Consideraremos los ejemplos principales, que son examinados brevemente a continuación.

 



En el siglo XIX, un número de incrédulos, dotados de una considerable erudición, hicieron grandes esfuerzos para demostrar que los evangelios habían estado escritos a mediados del siglo II d.C. (alrededor de cien años después de los acontecimientos), cuando la leyenda y la imaginación habrían podido distorsionar los hechos. Pero este intento ha fracasado. Ha quedado aplastado bajo el peso de la evidencia histórica positiva que crece más y más con el paso del tiempo.


TEORÍAS SOBRE LA RESURRECCIÓN

La teoría más radical consiste en dejar de lado toda la historia como una invención deliberada. Pero pocos críticos inteligentes podrán ir tan lejos. Pensemos en el número de testigos. Pablo nos dice en el 56 d.C. que la mayoría de unos quinientos testigos originales aún estaban vivos. Hemos de recordar que la mayoría de los primeros registros fueron dados, por decirlo así, con la autoridad colectiva de la iglesia inicial. Pensemos en el carácter de los testigos. Ellos dieron al mundo la enseñanza moral y ética más grande que nunca ha conocido; y ellos vivieron conforme a esto, como incluso sus opositores se vieron forzados a admitir. Pensemos en el cambio formidable que tuvo lugar en estos hombres. ¿Se puede concebir, quizá, que una mentira deliberada cambiase un grupo de cobardes en héroes, y que los inspirase a vivir una vida sacrificada que frecuentemente acababa en el martirio? La psicología enseña que nada hace al hombre más propenso a la cobardía que una mentira que pese sobre su conciencia. ¿Es quizá posible que, incluso en la frustración o la agonía, ninguno de estos conspiradores divulgase el secreto?

Otros utilizan un término algo más amable y describen los relatos de la resurrección como leyendas. Pero esto es igualmente imposible. Ya hemos visto que los registros escritos eran demasiado cercanos a los hechos para que se pudiese dar un crecimiento legendario. Unas «leyendas» puestas en circulación y registradas por testigos oculares originales no son demasiado distinguibles de unas invenciones deliberadas. Y una razón adicional para rechazar esta sugerencia la tenemos en la evidencia intrínseca de las historias mismas que contradicen la teoría de manera enfática. La clase de episodios que describen los fabricantes de leyendas (como la escena de la resurrección de Cristo, o una aparición de Cristo para confundir a sus enemigos) brillan por su ausencia, lo mismo que cualquier intento de describir su aparición a Santiago o a los otros. ¿Qué fabricante de leyendas hubiese inventado que la primera aparición de Cristo sería a María Magdalena, una mujer de poca categoría en la iglesia? Parece más probable que un falsificador hubiese dado este honor a la madre de Cristo, o a Pedro o Juan. ¿Quién puede leer estas historias del viaje a Emaús, de la aparición del Cristo a María Magdalena, o de Pedro y Juan corriendo hacia el sepulcro, sin la profunda conciencia de que no se trata en absoluto de leyendas? Los detalles de estos registros, dignos y refrenados, son demasiado fieles a la vida para ser considerados legendarios.

Estas dos teorías, la de la invención deliberada y la de la leyenda, se desmoronan delante de la realidad de la tumba vacía. Pocos eruditos las consideran seriamente. Las únicas interpretaciones racionalistas de cualquier mérito admiten la sinceridad de los registros, pero intentan explicarlos sin recurrir a lo milagroso. Estas explicaciones están caracterizadas por una intensa distinción entre los registros de las visitas a la tumba y los registros de las apariciones de Cristo: las primeras son explicadas con una variedad de ingeniosas teorías, y las últimas son consideradas como fenómenos psicológicos o psíquicos.



¿Se puede concebir, quizá, que una mentira deliberada cambiase un grupo de cobardes en héroes, y que los inspirase a vivir una vida sacrificada que frecuentemente acababa en el martirio? La psicología enseña que nada hace al hombre más propenso a la cobardía que una mentira que pese sobre su conciencia.

 
TEORÍAS DE «TUMBA VACÍA»

La explicación más antigua de la tumba vacía es que los discípulos robaron el cuerpo.5 No obstante, esta sugerencia ha sido abandonada. Es imposible, tanto desde el punto de vista psicológico como ético. Los discípulos no eran precisamente el tipo de gente que hubiese podido llevar a término esta empresa, por mucho que se estire la imaginación; tampoco se puede conciliar un fraude deliberado de esta naturaleza ni con sus caracteres ni con su conducta posterior. Incluso si unos cuantos hubiesen actuado con independencia del grupo, es inconcebible que nunca lo hubiesen dicho a los otros. ¿Acaso es razonable que ninguno de ellos, ni bajo tortura o martirio, admitiese nunca el engaño? Nunca se ha conocido ni un murmullo de un rumor semejante dentro de la iglesia.

Más plausible es la sugerencia de que o bien las autoridades judías o las romanas, o bien José de Arimatea, se hubiesen llevado el cuerpo del sepulcro. Pero ¿por qué? Cuanto más se estudian las hipotéticas razones para este traslado, junto con las ocasiones y circunstancias sugeridas, menos probables parecen. Pero hay una consideración aún más decisiva. Si las autoridades trasladaron el cuerpo, ¿por qué no lo dijeron, abortando de esta forma la predicación de la resurrección? Hemos de recordar que al cabo de siete semanas Jerusalén estaba hirviendo a causa de esta predicación. Las autoridades no sólo deseaban aplastar esta peligrosa herejía, sino que también se quejaban de que los apóstoles intentaban «echar sobre nosotros la sangre de este hombre».6 Los seguidores de Cristo acusaron públicamente a las autoridades de haber negado al Santo y al Justo y de dar muerte al Autor de la Vida.7 ¿Por qué el Sumo Sacerdote no hizo una declaración de que el cuerpo había sido trasladado bajo sus órdenes o cumpliendo órdenes de los romanos? ¿Por qué las autoridades no tomaron por testigos a los que habían tomado parte en el traslado? ¿Por qué no indicaron la verdadera tumba, o, como último recurso, no presentaron los restos corrompidos del cadáver de Cristo? ¿Por qué, en lugar de todo esto, aquella mísera calumnia contra los discípulos?


Otros utilizan un término algo más amable y describen los relatos de la resurrección como leyendas. ... Estas dos teorías, la de la invención deliberada y la de la leyenda, se desmoronan delante de la realidad de la tumba vacía. Pocos eruditos las consideran seriamente.

 
Por lo que respecta a José de Arimatea, el crítico ha de decidir entre la declaración evangélica según la cual era un discípulo secreto que proveyó la tumba por reverencia a su Maestro,8 y la sugerencia alternativa de que se trataba de un judío piadoso que quería asegurar el entierro del cuerpo (¿pero por qué sólo de aquel cuerpo?) antes del sábado. Si aceptamos el primer punto de vista, parece improbable que hubiese querido trasladar el cuerpo e increíble que no hubiese informado a los apóstoles, y esto nos conduce de nuevo a la teoría del engaño, considerada anteriormente. Si aceptamos el punto de vista alternativo, es igualmente improbable que hubiese actuado sin el conocimiento previo de las autoridades. Y es inconcebible que no les hubiese informado después, cuando Jerusalén estaba hirviendo con la predicación de la resurrección. Esto nos vuelve otra vez a la objeción tratada en el párrafo anterior.

Otra sugerencia es que las mujeres fueron a una tumba equivocada. No conocían Jerusalén demasiado bien y llegaron allí en la incierta luz de la madrugada; se perdieron. Un joven que se encontraba por allí se dió cuenta de sus propósitos, y les dijo: «Buscáis a Jesús ... No está aquí. Mirad (señalando a otra tumba) el lugar donde lo pusieron.» Pero las mujeres se llenaron de pavor y salieron corriendo. Después llegaron a creer que el joven era un ángel con el anuncio de que su Señor había resucitado de entre los muertos.

Esto es muy ingenioso, aunque implica la omisión arbitraria de la frase «Ha resucitado» justo en el centro de las palabras del joven.9 Es significativo, no obstante, que los proponentes de esta teoría se dan cuenta que no es tan fácil como parece, viéndose impulsados a introducir interpretaciones en la misma. Por ejemplo, añaden por lo general que cuando las mujeres huyeron de la tumba no informaron inmediatamente a los apóstoles de lo que había sucedido. Pero ¿por qué los apóstoles no comprobaron los hechos, o no comenzaron a predicar la resurrección en el acto, sin aquel retardo de siete semanas? Los proponentes de esta hipótesis explican esta falta de contacto entre las mujeres y los apóstoles con la suposición de que los apóstoles ya habían huido de Jerusalén a Galilea, y que no regresaron hasta unas tres semanas después con los relatos de las apariciones a Galilea. Las mujeres no contaron la historia de su visita a la tumba hasta que los apóstoles regresaron a Jerusalén. Entonces, los apóstoles, obsesionados con sus propias experiencias místicas o psíquicas, sumaron dos y dos y lograron al menos cinco.

Pero ¿por qué todos los apóstoles hubieron de huir tan precipitadamente? Sin duda que Jerusalén no era un lugar demasiado seguro para ellos en aquellos momentos, pero en este caso ¿por qué habrían de dejar las mujeres atrás? Una acción así hubiese sido totalmente cobarde y vil. Y las mujeres ¿por qué no los habrían de seguir? ¿Por qué se quedaron solas por tres largas semanas, en contra de sus costumbres normales y en circunstancias aparentemente peligrosas? Todo resulta muy difícil y oscuro.

Pero esta teoría y la anterior se rompen en el mismo punto. ¿Por qué, si así fue, los sacerdotes no presentaron al joven y denunciaron todo el engaño? ¿Por qué no señalaron la tumba verdadera o enseñaron el cuerpo? ¿Y por qué no leemos de ningún rumor de la antigüedad mencionando alguna otra posible tumba como lugar de peregrinación y de reverencia? Parece que sólo hay una respuesta: todos, tanto los amigos como los enemigos, conocían la verdadera tumba y sabían que estaba vacía.



... esta teoría y la anterior se rompen en el mismo punto.

Se ha sugerido otra explicación de los fenómenos. La propuso Venturini a comienzos del siglo XVIII, y es como sigue: Leemos en los evangelios que se informó que Cristo había muerto un poco antes de lo normal; Pilato quedó evidentemente sorprendido de que «ya hubiese muerto».10 En realidad, naturalmente, no estaba muerto, y solamente había desfallecido debido al agotamiento provocado por la agonía de la crucifixión y de la pérdida de sangre. Es en esta condición que fue sepultado. La frescura y la quietud de la tumba lo reanimaron, y finalmente salió y se mostró a sus discípulos. Pero aquellos hombres ignorantes creyeron que había resucitado de entre los muertos.

Esto vuelve a parecer ingenioso pero es totalmente insostenible. En primer lugar, los relatos más antiguos son enfáticos sobre el hecho de su muerte. Todo el mundo, los romanos, los judíos, los discípulos, resultaron igualmente unánimes. De entre todas las insinuaciones lanzadas contra el cristianismo desde el principio, no se ha oído ni un rumor de esta clase.

Pero supongamos por un momento que Cristo desfalleciese de puro agotamiento y que fuese sepultado en esta condición. Por lo que parece, se nos pide que creamos que tres días en una tumba fría, sin alimentos ni atención médica, lo reanimarían de tal manera que, en lugar de resultar el último golpe sobre su vacilante vida, pudo:

  • librarse de las telas funerarias cargadas de especias con que estaba envuelto.
  • remover una piedra que tres mujeres se sentían incapaces de desplazar.
  • aterrorizar a los guardias romanos, y
  • caminar unos cuantos kilómetros con los pies traspasados y heridos.

Sobre este punto, escuchemos al escéptico Strauss:

«Es imposible que un ser que hubiese salido medio muerto del sepulcro, arrastrándose medio muerto y enfermo, necesitando asistencia médica y precisando de vendajes, recobrar fuerzas, y recibir las atenciones de los suyos, y que finalmente cediese bajo sus sufrimientos, hubiese podido dar a sus discípulos la impresión de que era el vencedor sobre la muerte y el sepulcro, el Príncipe de la Vida; impresión ésta que constituyó la base de su ministerio futuro. Una reanimación así ... no hubiese podido de ninguna manera cambiar su tristeza en entusiasmo, ni haber elevado su reverencia en adoración».11

Además, un Cristo así se hubiese constituido en parte de un grosero engaño. ¿Acaso un crítico inteligente sugeriría tal cosa?

Quedan por considerar tres puntos adicionales sobre la tumba. Primero, ¿por qué no encontramos ninguna mención de la historia de las mujeres en las primeras predicaciones apostólicas, tal como quedan registradas en el libro de los Hechos y en algunas epístolas? Pedro y los otros, en sus predicaciones apologéticas y evangelísticas sobre el hecho de la resurrección, insistieron una y otra vez en que (1) era un cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento; (2) demostraba que Aquel así resucitado había sido enviado por Dios y está ahora exaltado como Príncipe y Salvador; y (3) ellos eran testigos oculares de aquello que proclamaban. Pero en toda su predicación pública no encontramos ninguna referencia a la tumba. Se encuentran los relatos solamente en los registros (los evangelios) que fueron escritos para la instrucción de los nuevos convertidos. Ciertamente, solamente puede haber una explicación de esta singular omisión: El hecho de la tumba vacía era de conocimiento general, y no era preciso insistir acerca de ello; la única controversia giraba en torno a la explicación de los hechos. Por esto, era en la explicación que se concentraban los apóstoles.

Segundo: ¿Cómo podemos explicar el evidente descuido de la tumba en los tiempos de los apóstoles? No hay ninguna evidencia de que se convirtiera en un centro de peregrinación, ni tan sólo de reverencia o interés. Quizá se pueda comprender esto en hombres y mujeres creyentes en la resurrección, pero ¿qué diremos de todas las multitudes que, aunque no fuesen profesantes del cristianismo, deberían haber quedado profundamente influenciadas por el profeta de Galilea; algunos, incluso, habiendo sentido su toque sanador?

Tercero, la frase que hemos utilizado repetidas veces, la tumba vacía, no es rigurosamente exacta. Un relato de un testigo ocular nos registra la visita de Juan y Pedro a la tumba, en un pasaje vívido, aunque contenido:

«Así que Pedro emprendió el camino, y el otro discípulo; e iban hacia el sepulcro; y comenzaron a correr los dos juntos; y el otro discípulo se adelantó, corriendo más rápido que Pedro, y llegó el primero al sepulcro, y observando su interior vio que estaban allí las telas de lino, pero no entró. A continuación llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro; y fijó su atención en las telas allí puestas, y en el sudario que había estado en su cabeza, no junto con las telas de lino, sino aparte, recogido en un lugar. Entonces el otro discípulo entró también —el que había llegado primero al sepulcro— y vio y creyó.»12

Así que las telas de lino y el sudario aún estaban allí, no deshechas o desordenadas, sino puestas justo como estarían si el cuerpo hubiese desaparecido o las hubiese atravesado, la capa superior caída sobre la inferior, y el sudario separado del resto por el espacio donde había estado el cuello. Pero el cuerpo no estaba allí.

Así, la tumba vacía constituye una verdadera roca contra la que todas las teorías racionalistas de la resurrección se estrellan en vano.



«Es imposible que un ser que hubiese salido medio muerto del sepulcro, arrastrándose medio muerto y enfermo, necesitando asistencia médica y precisando de vendajes, recobrar fuerzas, y recibir las atenciones de los suyos, y que finalmente cediese bajo sus sufrimientos, hubiese podido dar a sus discípulos la impresión de que era el vencedor sobre la muerte y el sepulcro, el Príncipe de la Vida.»


LAS APARICIONES DEL CRISTO RESUCITADO

¿Se pueden marginar o racionalizar las mismas apariciones del Señor? Ya hemos visto que no pueden ser descartadas como mentiras o leyendas; fueron testificadas por testigos oculares que estaban convencidos de su veracidad. Todo esto es generalmente admitido por eruditos competentes. ¿Cómo, pues, podemos esquivar sus implicaciones? La única sugerencia factible sería la posibilidad de que se tratase de alguna alucinación o de algún fenómeno psicológico o psíquico.

No obstante, la medicina moderna ha mostrado que incluso los fenómenos psicológicos obedecen a unas ciertas leyes y pueden ser sometidos a ciertas pruebas. Examinemos más de cerca estos fenómenos a la luz de estos principios.

1. Sólo ciertos tipos de personas son normalmente susceptibles a tales experiencias (los caracteres más excitables e imaginativos). Pero en cierta ocasión, una multitud de quinientas personas afirmaron, todos ellos, haber visto a Cristo; grupos más reducidos afirmaron lo mismo en otras ocasiones. Entre ellos tenemos una María Magdalena muy emotiva, pero también un cobrador de impuestos nada romántico, un número de prosaicos pescadores, y otras personas con una gran variedad de disposiciones.

2. Las alucinaciones son extremadamente individualistas porque su fuente es la mente subconsciente del receptor. No habrá dos personas que experimenten los mismos fenómenos. Pero el grupo de quinientos afirmaron haber experimentado la misma «alucinación», en el mismo momento y lugar. Lo mismo cabe decir de otros grupos diversos.

3. Este tipo de fenómenos tiene generalmente que ver con un acontecimiento esperado, sobre el cual se ha meditado y del que se ha deseado ser durante mucho tiempo el receptor. Por ejemplo, una madre solitaria puede haber anhelado durante tanto tiempo el regreso de su hijo pródigo, que cree haberlo visto realmente. Pero las mismas circunstancias nos muestran que los discípulos no estaban esperando las apariciones de Cristo. Se hallaban tristes y derrotados; su esperanza parecía haber muerto.

4. Las experiencias psíquicas suelen suceder en lugares y momentos adecuados: al anochecer, de noche o por la madrugada, y en lugares característicos. Pero estas «alucinaciones» ocurrieron en diferentes momentos y lugares: en una habitación alta al caer la tarde, cerca del sepulcro de madrugada, durante una caminata por el campo por la tarde, después de una pesca matutina en el lago, y en un monte de Galilea.

5. Por último, estas obsesiones generalmente se repiten durante largo tiempo, con un cierto grado de regularidad, bien aumentando, bien disminuyendo de frecuencia con el paso del tiempo. Pero los fenómenos que estamos considerando tuvieron lugar durante un breve intervalo de cuarenta días, y después cesaron abruptamente. Ninguna persona involucrada tuvo jamás otra visión posterior.



Así, la tumba vacía constituye una verdadera roca contra la que todas las teorías racionalistas de la resurrección se estrellan en vano.


Si tratamos de explicar estos fenómenos por medio de los pretendidos resultados del espiritismo moderno, nos encontramos con más dificultades. Parece que no se dan algunas de las condiciones necesarias. Es evidente que las apariciones de la resurrección no dependían: (1) de la presencia de ningún medium, (2) de ningún grupo de buscadores de lo sobrenatural, ni (3) de ningún otro tipo de condiciones determinadas. Aquel que aparecía no era una simple emanación espiritual. Podía ser visto claramente y oído de manera patente; podía ser tocado;13 podía caminar por el campo,14 cocer pescado15 y comerlo.16 Se podían ver y palpar las marcas de Sus sufrimientos.17

Cuanto más cuidadosamente se estudia esta cuestión, tanto más imposible resulta explicar estas apariciones como un tipo de alucinación. Y no habrá ninguna teoría válida que intente explicar el fenómeno como una mera supervivencia del Espíritu de Jesús. La cuestión que estamos discutiendo es mucho más definida. Los registros son unánimes: Su Espíritu inmortal volvió a Su cuerpo humano mutilado; Su cuerpo fue cambiado instantánea y milagrosamente en un cuerpo nuevo, espiritual, diferente de Su carne y sangre mortales, pero de todas maneras identificable.



Cuanto más cuidadosamente se estudia esta cuestión, tanto más imposible resulta explicar estas apariciones como un tipo de alucinación. ... Los registros son unánimes: Su Espíritu inmortal volvió a Su cuerpo humano mutilado; Su cuerpo fue cambiado instantánea y milagrosamente en un cuerpo nuevo, espiritual, diferente de Su carne y sangre mortales, pero de todas maneras identificable.

 
OTRAS EVIDENCIAS

Se podría decir mucho más, pero en este artículo sólo podemos compendiarlo brevemente:

1. Existe una gran compañía por todo el mundo denominada Iglesia Cristiana. En la historia se la puede remontar hasta Palestina, alrededor del 30 d.C. ¿A qué se debe su origen? Sus registros más antiguos afirman claramente que su origen data de la resurrección de su Fundador de entre los muertos. ¿Qué otra sugerencia explica los hechos?

2. Existe la institución del Domingo Cristiano, que también puede ser remontada al mismo lugar y fecha. ¿Qué diremos sobre su origen? Los judíos estaban fanáticamente adheridos a su Sábado. Considerando que la iglesia en su origen era casi exclusivamente judía, se precisaría de un acontecimiento de significación profunda y revolucionaria para hacerlos cambiar al primer día de la semana. Y así fue; ni más ni menos que la resurrección. La misma línea de razonamiento podría aplicarse a la observación de la Pascua.

3. Consideremos el éxito de la iglesia primitiva. La base y sustancia de la predicación apostólica era la resurrección, y fue predicada a pocos minutos del camino de la tumba de José. ¿Cómo podemos explicar los miles que creyeron, a pesar de la feroz oposición, y el gran número de sacerdotes que se adhirieron a la fe?18 La respuesta parece decisiva: el hecho básico de la tumba vacía era indiscutible.

4. Aún más, ¿cómo explicamos el extraño intervalo de siete semanas entre el acontecimiento y su primera proclamación? Ningún inventor de falsas evidencias y ningún soñador de leyendas hubiese fabricado esta historia así. La única explicación adecuada es la que aparece en los registros mismos: Los discípulos pasaron los primeros cuarenta días en comunión intermitente con su Señor resucitado. Durante los diez días siguientes esperaron, como les ordenó Cristo, por «la promesa del Padre», el Espíritu Santo, que había de infundirles poder.19

5. También, parece indiscutible que el mismo Cristo predijo Su crucifixión y resurrección. Incluso el crítico que intenta explicar la claridad de algunas de las predicciones como reminiscencias ex post facto, ha de explicar la acusación en Su juicio. Jesús, se afirmó, había dicho: «Puedo destruir el templo de Dios, y volver a levantarlo en tres días.»20 Esto es, evidentemente, una versión mutilada de Sus palabras reales sobre Su futura pasión y resurrección.

6. ¿Y qué de los mismos apóstoles? ¿Qué hizo cambiar aquel puñado de pobres y vencidos cobardes en un grupo de irresistibles misioneros que pusieron el mundo del revés porque ninguna oposición podía detenerlos? ¿Qué cambió a Pedro de un hombre débil que negó a su Maestro bajo las preguntas de una joven esclava, a un hombre que no podía ser silenciado por todo el Sanedrín? Pablo y los evangelistas nos dan parte de la explicación: Se apareció a Pedro.21 ¿Qué es lo que cambió a Jacobo, el hermano humano del Señor, y que no era en absoluto partidario de Él, en el líder reconocido de la iglesia en Jerusalén, y todo en el corto espacio de unos pocos años? Se nos dice: «Se apareció a Jacobo.»22 ¿Qué otra cosa hubiese podido llevar a este antiguo crítico a describir a su hermano como «el Señor de la Gloria»?23 ¿Y qué de Saulo el perseguidor (que debió haber conocido todos los hechos sobre la tumba de José), y de Esteban el mártir, y de la multitud de otros testigos?

7. Consideremos la experiencia de los cristianos a lo largo del tiempo. Una gran multitud de hombres y mujeres, de alta o baja posición, ignorantes o instruidos, civilizados y salvajes, réprobos y respetables, han encontrado su salvación y gozo en el Cristo resucitado y vivo. Sus vidas transformadas han dado testimonio de la realidad de su experiencia.

8. Finalmente, consideremos a Aquel que resucitó. Algún crítico podrá objetar que una resurrección de entre los muertos es cosa tan increíble que ninguna cantidad de evidencia será suficiente. (Una actitud así parece llena de prejuicio y acientífica, pero de todas maneras la consideraremos). Supongamos que la resurrección de un hombre ordinario sea increíble. Pero esta línea de razonamiento no puede ser aplicada a Aquel que estamos considerando. Él fue único: en todo lo que hizo, en todo lo que dijo, en todo lo que fue. Sea como sea que lo miremos, Él está en una clase en solitario. Incluso aparte de la resurrección, hay razones excelentes y convincentes para creer que Él era «Dios manifestado en carne.» ¿Por qué es pues increíble que una Persona así resucitase de entre los muertos? Hubiese sido mucho más increíble si no hubiese resucitado. El más hondo de todos los misterios es que muriese «por nosotros los hombres y por nuestra salvación.» Pero habiendo muerto, no es ningún misterio que también resucitase.



¿Qué cambió a Pedro de un hombre débil que negó a su Maestro bajo las preguntas de una joven esclava, a un hombre que no podía ser silenciado por todo el Sanedrín? Pablo y los evangelistas nos dan parte de la explicación: Se apareció a Pedro.

La prueba definitiva de la resurrección, para cada persona, está en su conocimiento del Cristo resucitado, porque en esta cuestión la evidencia de la experiencia puede hacer de suplemento a la evidencia de la historia. La promesa del Salvador resucitado se mantiene: «Mira, estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré a él y comeré con él, y él conmigo.»24



La promesa del Salvador resucitado se mantiene: «Mira, estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré a él y comeré con él, y él conmigo.»



NOTAS

1. 1 Corintios 15:14-15. Volver al texto

2. Ver 1a Corintios 15:3-7. Volver al texto

3. Ver Gálatas 1:18-19. Volver al texto

4. Aunque acepta plenamente la inspiración divina de estos registros, el autor desea no dar nada por supuesto en este artículo. Volver al texto

5. Mateo, 28:11-15. Volver al texto

6. Hechos 5:28. Volver al texto

7. Hechos 3:14-15. Volver al texto

8. Mateo 27:57 y ss. Volver al texto

9. Ver Mateo 28:6; Marcos 16:6 y Lucas 24:6. Volver al texto

10. Marcos 15:44. Volver al texto

11. David Strauss, The Life of Jesus for the People, I (Londres, 1879). Volver al texto

12. W. Temple, Readings in St. John's Gospel (New York, St. Martins Press, Inc.) pág. 376. Volver al texto

13. Lucas 24:39. Volver al texto

14. Lucas 24:15. Volver al texto

15. Juan 21:9. Volver al texto

16. Lucas 24:41-43. Volver al texto

17. Juan 20:27. Volver al texto

18. Hechos 6:7. Volver al texto

19. Hechos 1:3-8. Volver al texto

20. Mateo 26:61. Volver al texto

21. Ver 1 Corintios 15:5 y Lucas 24:34. Volver al texto

22. 1 Corintios 15:7. Volver al texto

23. Santiago 2:1. Volver al texto

24. Apocalipsis 3:20. Volver al texto

Los sufrimientos de Jesús según la Medicina

A los 33 años Jesús fue condenado a muerte.
La "peor" muerte de la época. Sólo los criminales eran condenados como Jesús.

Jesús en el Huerto suda sangre

Los Evangelios nos dicen que Jesús comenzó a sudar sangre cuando estaba orando en el monte de los Olivos, específicamente en el jardín del Getsemaní. Esto no es un lenguaje poético sino una condición médica llamada "hematidrosis". No es muy común pero puede darse cuando hay un alto grado de sufrimiento psicológico.

Lo que sucede es que la ansiedad severa provoca la secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríficas. Como resultado, hay una pequeña cantidad de sangrado en las glándulas y el sudor emana mezclado con sangre. No es mucha sangre sino una cantidad muy pequeña. Esto provocó que la piel quedara extremadamente frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado por el soldado romano al día siguiente, su piel ya estaba muy sensible.

Ya Jesús estaba debilitado por lo sucedido en el Huerto y la noche entera sometido a falso juicio y golpizas y cárcel.

La flagelación

Las flagelaciones romanas eran conocidas por ser terriblemente brutales. Generalmente consistían de treinta y nueve latigazos. El soldado usaba un látigo con tiras de cuero trenzado con bolas de metal entretejidas. cuando el látigo golpeaba la carne, esas bolas provocaban moretones o contusiones, las cuales se abrían con los demás golpes. Y el látigo también tenía pedazos de hueso afilados, los cuales cortaban la carne severamente.

La espalda quedaba tan desgarrada que la espina dorsal a veces quedaba expuesta debido a los cortes tan profundos. Los latigazos iban desde los hombros pasando por la espalda, las nalgas, y las piernas. Mientras continuaba la flagelación, las laceraciones rasgaban hasta los músculos y producían jirones temblorosos de carne sangrante. Las venas de la víctima quedaban al descubierto y los mismos músculos, tendones y las entrañas quedaban abiertos y expuestos.

La víctima podía experimentar un dolor tan grande que le llevase a una conmoción hipovulémica. Hipo significa "bajo, "vol" se refiere a volumen y "émica" significa "sangre", por lo tanto, conmoción
hipovolémica quiere decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre. Esto causa 4 efectos:
1. El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
2. Baja la presión sanguínea, lo que provoca un desmayo o colapso.
3. Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
4. La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.


Camino al Calvario

Jesús se encontraba en condición hipovólemica mientras ascendía por el camino hacia el lugar de la ejecución en el Calvario llevando el madero horizontal de la cruz.

Finalmente Jesús se desplomó y un soldado romano le ordenó a Simón que llevara la cruz por él. Luego Jesús dice "Tengo sed" y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.

 

 En el momento de la crucifixión

La muerte de Jesús fue todavía peor que la crucifixión común. No a todos los criminales condenados los clavaban a la cruz. Muchos eran amarrados.

 

A Jesús lo acostaron y clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal. Esta viga se llamaba patibulum y en ese momento estaba separado el madero vertical, que estaba clavado al suelo de forma permanente.  

Los clavos que los romanos usaban eran de trece a dieciocho centímetros de largo, afilados hasta terminar en una punta aguda. Se clavaban por las muñecasEl clavo atravesaba el nervio mediano. Ese es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Este dolor es similar al que uno siente cuando se golpea accidentalmente el codo y se da en ese huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta triturar ese nervio, ese dolor es similar al que Jesús experimentó.  Al romper ese tendón Jesús y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue  obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar.

Dolor Excruciante

El dolor era tan insoportable que literalmente no existían palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada "excruciante" (que significa "de la cruz") para describir semejante dolor.

Jesús colgado en la cruz

Cuando Jesús fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios de los pies fueron triturados y eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas.

 

Al momento de estar en posición vertical sus brazos se estiraron intensamente, probablemente 15 centímetros de largo y ambos hombros debieron haberse dislocado (solo tome en cuenta la gravedad, para sacar su conclusión), lo que confirmaba lo escrito en Salmos 22 "dislocados están todos mis huesos".

Una vez que la persona cuelga en posición vertical, la crucifixión es una muerte lenta y agonizante por asfixia. La razón es que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Básicamente, para poder exhalar, el individuo debía apoyarse en sus pies (fijos con clavos al madero) para que la tensión de los músculos se alivie por un momento. Al hacerlo, el clavo desgarraría el pie hasta que quede finalmente incrustado en los huesos tarsianos.

Después de arreglárselas para exhalar, la persona podría relajarse y descender para inhalar otra bocanada de aire. Nuevamente tendría que empujarse hacia arriba para exhalar raspando su espalda ensangrentada contra la madera áspera de la cruz.

Este proceso continuaba hasta que la persona ya no pudiera empujarse hacia arriba para respirar. Entonces moría.

Jesús aguantó esa situación por poco más de 3 horas.

Muerte de Jesús

A medida que la persona reduce el ritmo respiratorio, entra en lo que se denomina acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se disuelve como ácido carbónico lo cual causa que aumente la acidez de la sangre. Finalmente eso lleva a un pulso irregular. De hecho al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús se hubiera dado cuenta de que estaba a punto de morir, y es entonces que pudo decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" y luego murió de un paro cardiaco.

Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado  sostenido que debe haber contribuido al paro cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación de fluido en la membrana que rodea al corazón llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor de los pulmones, llamada efusión pleural.

Traspaso del Corazón

Para acelerar la muerte, los soldados quebraban las piernas de los crucificados, utilizando para ello una lanza romana para despedazar los huesos de la parte inferior de las piernas. Eso evitaba que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar así que la muerte les seguía en cuestión de minutos.

En el Nuevo Testamento se nos dice que los huesos de Jesús no fueron quebrados como ocurrió con los otros crucificados. Esto fue así porque los soldados habían confirmado que Jesús había muerto; así se cumplió la profecía del Antiguo Testamento acerca del Mesías donde se dice que ninguno de sus huesos sería quebrado.  Pero el soldado romano para confirmar la muerte de Jesús le clavó la lanza en su costado derecho. La lanza atravesó el pulmón derecho y penetró el corazón. Por lo tanto, cuando se sacó la lanza, salió fluido claro, como el agua, seguido de un gran volumen de sangre, tal como lo describe Juan, uno de los testigos oculares, en su Evangelio.

Además hay que mencionar la humillación que sufrió por el desprecio y las burlas, cargando su propia cruz por casi dos kilómetros, mientras la multitud le escupía el rostro y le tiraba piedras (la cruz pesaba cerca de 30 kilos, tan solo en la parte horizontal, en la que le clavaron sus manos).

Romanos 5,7-11

"En verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.  ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera!  Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación."

FISIOPATOLOGÍA DE LA MUERTE DE JESUCRISTO

Jesús una persona Politraumatizada


Rubén Dario Camargo R.
Medicina Interna - Cuidados Intensivos.
Barranquilla, Colombia 2003.

Es un hombre y una sed

INTRODUCCIÓN

        Los estudios médicos que tratan de explicar la causa de la muerte de Jesucristo, toman como material de referencia un cuerpo de literatura y no un cuerpo físico. Publicaciones sobre los aspectos médicos de su muerte se reportan desde el siglo I.

        Hoy día, con base a los conocimientos de la fisiopatología del paciente traumatizado, se puede llegar a inferir los cambios fisiológicos padecidos por Jesucristo durante su pasión y muerte. Los relatos bíblicos de la crucifixión descritos a través de los evangelios y documentación científica al respecto, describen que padeció y sufrió el más cruel de los castigos. El más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir un ser humano.

        Descubrimientos arqueológicos relacionados con las practicas romanas de la crucifixión. Proveen información valiosa que da verdadera fuerza histórica a la figura de Jesús, y a su presencia real en la historia del hombre.

        Históricamente este acontecimiento se inicia durante la celebración de la pascua judía, en el año 30 de nuestra era. La última cena se realizó el jueves 6 de abril (nisan 13). La crucifixión se llevo a cabo el 7 de abril (nisan 14). Los años del nacimiento y la muerte de Jesús permanecen en controversia.

HUERTO DE LOS OLIVOS. (GETSEMANI)

        Los escritores sagrados describen la oración de GETSEMANI con enérgicas expresiones. Lo vivido por Jesús antes de ser tomado como prisionero, lo refieren como una mezcla indecible de tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza. Esto expresa una pena moral que ha llegado al mayor grado de su intensidad.

        Fue tal el grado de sufrimiento moral, que presentó como manifestación somática, física; sudor de sangre (hematihidrosis o hemohidrosis). “sudor de sangre, que le cubrió todo el cuerpo y corrió en gruesas gotas hasta la tierra”. (Lc 22, 43).

        Caso no usual en la practica médica. De presentarse está asociado a desordenes sanguíneos. Fisiológicamente es debida a congestión vascular capilar y hemorragias en las glándulas sudoriparas. La piel se vuelve frágil y tierna.

        Después de este primera situación ocasionada por la angustia intensa. Es sometido a un ayuno que durara toda la noche durante el juicio, y persistirá hasta su crucifixión.

FLAGELACIÓN

        La flagelación era un preliminar legal para toda ejecución Romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre esta los golpes, nada perdiesen de su fuerza y golpeaban, sin compasión, sin misericordia alguna.

        El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos.

        Cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones y hematomas. Las cuerdas de cuero con los huesos de oveja, desgarraban la piel y el tejido celular subcutáneo .

        Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada. Se creaban las condiciones para producir perdida importante de líquidos (sangre y plasma). Hay que tener en cuenta que la hematidrosis había dejado la piel muy sensible en Jesús.

        Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas. A Jesús, le fue colocada sobre su cabeza, como emblema irónico de su realeza una corona de espinas. En Palestina abundan los arbustos espinosos, que pudieron servir para este fin; se utilizó el Zizyphus o Azufaifo, llamado Spina Christi , de espinas agudas, largas y corvas.

        Le fue colocada una túnica sobre sus hombros (un viejo manto de soldado, que figuraba la púrpura de que se revestían los reyes, "clámide escarlata"), y una caña, parecida al junco de Chipre y de España como cetro en su mano derecha.

CRUCIFIXIÓN

        El suplicio de la cruz es de origen oriental. Fue recibido de los persas, asirios y caldeos; por los, griegos, egipcios y romanos. Se modifico en varias formas en el transcurso de los tiempos.

        En principio fue un simple poste. Luego se fijo en el remate una horca (furca), de la que se suspendía el reo por el cuello. Después se adiciono un palo transversal (patibulum), tomando un nuevo aspecto. Según la forma en que el palo transversal se sujetara al palo vertical, se originaron tres clases de cruces:

        La crux decussata. Conocida como cruz de San Andrés, tenia la forma de X.

        La crux commissata. Algunos la llaman cruz de San Antonio, se parecía a la letra T.

        La crux immisa. Es la llamada cruz latina, que todos conocemos.

        Se obligo a Jesús, como era la costumbre a cargar la cruz; desde el poste de flagelación al lugar de la crucifixión. La cruz pesaba más de 300 libras (136 kilos) sólo llevo el patíbulo que pesaba entre 75 y 125 libras. Fue colocado sobre su nuca y se balanceaba sobre sus dos hombros.

         Con agotamiento extremo y debilitado, tuvo que caminar un poco mas de medio kilómetro (entre 600 a 650 metros) para llegar al lugar del suplicio. El nombre en arameo es Golgotha, equivalente en hebreo a gulgolet que significa “lugar de la calavera”, ya que era una protuberancia rocosa, que tenia cierta semejanza con un cráneo humano, hoy se llama por la traducción latina calvario.

        Antes de comenzar el suplicio de la crucifixión, era costumbre dar una bebida narcótica (vino, con mirra, e incienso) a los condenados; con el fin de mitigar un poco sus dolores. Cuando presentaron a Jesús este brebaje, no quiso beberlo. ¿Que podría mitigar un dolor moral y físico tan intenso, cuando su cuerpo, todo policontundido, sólo esperaba enfrentar su último suplicio, sin alivio alguno, con pleno dominio de sí mismo?

        Con los brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas en el patíbulo. De esta forma, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo, eran probablemente puestos entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos carpíanos, ya sea cerca o a través del fuerte flexor retinaculum y los varios ligamentos intercarpales. En estos lugares aseguraban el cuerpo.

        El colocar los clavos en las manos hacia que se desgarraran fácilmente puesto que no tenían un soporte óseo importante.

        La posibilidad de una herida periosea dolorosa fue grande, al igual que la lesión de vasos arteriales tributarios de la arteria radial o cubital. El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor en ambos brazos. El empalamiento de varios ligamentos provoco fuerte contracciones en la mano.

        Los pies eran fijados al frente del estípete por medio de un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano. El nervio profundo peroneo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del pie fueron heridos.

        ¿Se clavaron ambos pies con un solo clavo o se empleo un clavo para cada pie? También esta es una cuestión controvertida. Pero es mucho más probable que cada uno de los pies del salvador estuvo fijado a la cruz con clavo distinto. San Cipriano que, más de una vez había presenciado crucifixiones, habla en plural de los clavos que traspasaban los pies. San Ambrosio, San Agustín y otros mencionan expresamente los cuatro clavos que se emplearon para crucificar a Jesús.

        San Meliton de Sardes escribió: “los padecimientos físicos ya tan violentos al hincar los clavos, en órganos por extremo sensibles y delicados, se hacían aun más intensos por el peso del cuerpo suspendido de los clavos, por la forzada inmovilidad del paciente, por la intensa fiebre que sobrevenía, por la ardiente sed producida por esta fiebre, por las convulsiones y espasmos, y también por las moscas que la sangre y las llagas atraían”.

        No han faltado quienes dijesen que los pies del salvador no fueron clavados, sino simplemente sujetos a la cruz con cuerdas; pero tal hipótesis tiene en contra, tanto el testimonio unánime de la tradición , que ve en el crucificado Jesús el cumplimiento de aquel, celebre vaticinio: "han taladrado mis manos y mis pies" (sal 21); como en los mismos evangelios, pues leemos en San Lucas (Lc 24, 39-40) “ved mis manos y mis pies; yo mismo soy; palpad y ved..Y, dicho esto, les mostró las manos y los pies”.

        Dice Bosssuet: ¿como describir los padecimientos morales que soportó nuestro Señor Jesús Cristo durante su horrorosa agonía? Cuando una muchedumbre de gente se saciaba sus ojos con el espectáculo de aquella agonía, acompañando con todo tipo de ultrajes que le colmaron hasta el último momento. Sufría al ver la mirada abnegada de su madre y sus amigos, a quienes sus dolores tenían sumidos en profunda tristeza. Todo Él era, digámoslo así, un tormento en sus miembros, en su espíritu, en su corazón y en su alma.

        De todas las muertes la de la cruz era la más inhumana, suplicio infamante, que en el imperio romano se reservaba a los esclavos (servile suppliciun).

        Después de las palabras en Getsemaní vienen las pronunciadas en el Gólgota, que atestiguan esta profundidad, única en la historia del mundo. Dios mío, Dios mío, ¿por que me has abandonado?" Sus palabras no son sólo expresión de aquel abandono, son palabras que repetía en oración y que encontramos en el salmo 22.

INTERPRETACION FISIOPATOLOGICA DE LA MUERTE DE JESUCRISTO

        En la muerte de Jesús varios factores pudieron contribuir. Es importante tener en cuenta que fue una persona politraumatizada y policontundida; desde el mismo momento de la flagelación, hasta su crucifixión.

        El efecto principal de la crucifixión, aparte del tremendo dolor, que presentaba en sus brazos y piernas, era la marcada interferencia con la respiración normal, particularmente en la exhalación. El peso del cuerpo jalado hacia abajo, con los brazos y hombros extendidos, tendían a fijar los músculos intercostales a un estado de inhalación y por consiguiente afectando la exhalación pasiva. De esta manera la exhalación era primeramente diafragmatica y la respiración muy leve. Esta forma de respiración no era suficiente y pronto produciría, retención de CO2 (hipercapnia).

        Para poder respirar y ganar aire Jesús tenia que apoyarse en sus pies, tratar de flexionar sus brazos y después dejarse desplomar para que la exhalación se produjera. Pero al dejarse desplomar le producía igualmente una serie de dolores en todo su cuerpo.

        El desarrollo de calambres musculares o contracturas tetanicas debido a la fatiga y la hipercapnia afectaron aún más la respiración. Una exhalación adecuada requería que se incorporara el cuerpo empujándolo hacia arriba con los pies y flexionando los codos, aductando los hombros. Esta maniobra colocaría el peso total del cuerpo en los tarsales y causaría tremendo dolor. Más aún, la flexión de los codos causaría rotación en las muñecas en torno a los clavos de hierro y provocaría enorme dolor a través de los nervios laceradas. El levantar el cuerpo rasparía dolorosamente la espalda contra la estípe. Como resultado de eso cada esfuerzo de respiración se volvería agonizante y fatigoso, eventualmente llevaría a la asfixia y finalmente a su fallecimiento.

        Era costumbre de los romanos que los cuerpos de los crucificados permaneciesen largas horas pendientes de la cruz; a veces hasta que entraban en putrefacción o las fieras y las aves de rapiña los devoraban.

        Por lo tanto antes que Jesús muriese, los príncipes de los sacerdotes y sus colegas del Sanedrín pidieron a Pilato que, según la costumbre Romana, mandase rematar a los ajusticiados, haciendo que se le quebrasen las piernas a golpes. Esta bárbara operación se llamaba en latín crurifragium (Jn 20, 27).

        Las piernas de los ladrones fueron quebradas, más al llegar a Jesús y observar que ya estaba muerto, renunciaron a golpearle; pero uno de los soldados para mayor seguridad quiso darle lo que se llamaba el “golpe de gracia” y le traspaso el pecho con una lanza.

        En esta sangre y en esa agua que salieron del costado, los médicos han concluido que el pericardio, (saco membranoso que envuelve el corazón), debió ser alcanzado por la lanza, o que se pudo ocasionar perforación del ventrículo derecho o tal vez había un hemopericardio postraumático, o representaba fluido de pleura y pericardio, de donde habría procedido la efusión de sangre.

        Con este análisis que si bien es conjetura, nos acercamos más a la causa real de su muerte. Interpretaciones que se encuentran dentro de un rigor científico en cuanto a su parte teórica; más no demostrables con análisis ni estudios complementarios.

         Los cambios sufridos en la humanidad de Jesucristo, se han visto a la luz de la medicina, con el fin de encontrar realmente el carácter humano, en un hombre que es llamado el hijo de Dios, y que voluntariamente acepto este suplicio, convencido del efecto redentor y salvador para los que crean en ÉL y en su evangelio.


REFERENCIAS

1. Sermo de Passione
2. San Justiniano, Dial, c, Tryph, 97,98,104, y apol, 135; Tertuliano, adv. Marc,
3. Camargo Rubén. Diario el heraldo. B/quilla, Col 1990
4. Rev. Med. Jama 1986;255;1455-1463
5. Fragm, 16
6. Tractac in Joan, 36,4 - De obitu Theodos, 47 y 49
7. Séneca,Epist,101; Petronio, Sat 3,6; Eusebio, Hist,eccl,8,8
8. Carta Apostólica Salvifici Doloris 1984
9.Louis Claude Fillion. Vida de Nuestro Señor Jesucristo. Tomo III

Rubén D Camargo R .MD

E-mail. rcrubio@alumni.unav.es

SOBRE LA MUERTE FÍSICA DE JESUCRISTO

Por William Edwards ; Wesley Gabel ; Floyd Hosmer

(Traducción: Luis Simpson)

 

Jesús de Nazaret pasó por el juicio judío y el romano, fue azotado y sentenciado a muerte por crucifixión. La flagelación produjo laceraciones en forma de rayas y considerable pérdida de sangre, y probablemente contribuyó al shock hipovolémico, como se evidencia por el hecho de que Jesús estaba demasiado débil para cargar la cruz (patíbulum) hasta el Gólgota. En el lugar de la crucifixión, sus muñecas fueron clavadas al patíbulum, y, luego que el patíbulum fuera alzado hasta el poste (estípite), sus pies fueron clavados al estípite. 

El mayor efecto patológico de la crucifixión era la interferencia con la respiración. Así la muerte resultaba básicamente de shock hipo-volémico y asfixia. La muerte de Jesús fue asegurada por una punzada de lanza en su costado. La interpretación médica moderna del evento histórico indica que Jesús estaba muerto cuando fue bajado de la cruz. 

(JAMA 1986; 255; 1455-1463)

 

La vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret han formado la base para una de las principales religiones mundiales (el cristianismo), han influido apreciablemente en el curso de la historia de la humanidad, y, en virtud de una actitud compasiva hacia los enfermos, también han contribuido al desarrollo de la medicina moderna. La eminencia de Jesús como figura histórica así como el sufrimiento y la controversia asociados con su muerte, nos han estimulado a investigar, de manera interdisciplinaria, las circunstancias que rodearon su crucifixión. En este tenor, es nuestra intención presentar, no un tratado teológico, sino más bien un recuento médico e histórico preciso de la muerte física de Jesús.

 

FUENTES

 

El material de referencia relativo a la muerte de Cristo se compone de un cuerpo de literatura y no de un cuerpo físico o sus restos. En este tenor, la credibilidad de cualquier discusión sobre la muerte de Jesús será determinada básicamente por la credibilidad de las fuentes. Para este repaso, el material de referencia incluye los escritos de antiguos cristianos así como autores no cristianos, los escritos de autores modernos y el Sudario de Turín. Utilizando el método histórico-legal de investigación científica, los eruditos han establecido la confiabilidad y precisión de los manuscritos antiguos. 

Las descripciones más extensas y detalladas de la vida y muerte de Jesús han de ser encontradas en los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los otros 23 libros del Nuevo Testamento soportan pero no amplían los detallados registros de los evangelios. Algunos autores contemporáneos cristianos, judíos y romanos proveen información adicional sobre los sistemas legales judíos y romanos del siglo 1º así como detalles sobre flagelación y crucifixión. Séneca, Livy, Plutarco y otros se refieren a las prácticas de la crucifixión en sus trabajos. Jesús es mencionado por los historiadores romanos Cornelius Tacitus, Plinio el Menor y Suetonio, por los historiadores no romanos Thallus y Phlegon, por el sátiro Luciano de Samosata, por el Talmud judío, y por el historiador judío Flavius Josephus, a pesar de que la autenticidad de porciones de este último es cuestionable. 

El Sudario de Turín es considerado por muchos como la tela con que envolvieron a Jesús, y varias publicaciones sobre los aspectos médicos de su muerte sacan sus conclusiones de esta suposición. El Sudario de Turín y descubrimientos arqueológicos recientes proveen información valiosa sobre las prácticas romanas de crucifixión. La interpretación de escritores modernos, basados en conocimientos científicos y médicos desconocidos en el primer siglo, podría arrojar más luz en cuanto a los posibles mecanismos de la muerte de Jesús. 

Cuando se toman en conjunto ciertos datos -el testimonio extenso y contemporáneo tanto de proponentes como oponentes del cristianismo, y su aceptación universal de Jesús como una verdadera figura histórica; la ética de los escritores de los evangelios, y el corto intervalo de tiempo entre los eventos y los manuscritos; y la confirmación del recuento de los evangelios por historiadores y por descubrimientos arqueológicos- aseguran un testimonio confiable para elaborar una interpretación médica moderna de la muerte de Jesús.

 

GETSEMANÍ

 

Luego que Jesús y sus discípulos celebraron la Pascua en el aposento alto de una casa ubicada en el suroeste de Jerusalén, viajaron al Monte de los Olivos, al noreste de la ciudad. (Debido a varios ajustes del calendario, los años del nacimiento y la muerte de Jesús permanecen controversiales. Sin embargo, es muy probable que Jesús naciera en el 4 o el 6 AD y que muriera en el 30 DC. Durante la celebración de la Pascua en el 30 DC, la Ultima Cena se habría observado el jueves 6 de abril [Nisan 13], y Jesús habría sido crucificado el viernes 7 de abril [Nisan 14]). En el cercano Getsemaní, Jesús, aparentemente sabiendo que el tiempo de su muerte se acercaba, sufrió una enorme angustia mental, y, como describe el médico Lucas, su sudor se volvió como gotas de sangre. 

Aunque es un fenómeno muy raro, el sudor sangriento (hematidrosis o hemohidrosis) podría ocurrir en altos estados emocionales o en personas con desórdenes sanguíneos. Como resultado de hemorragias en las glándulas sudoríficas, la piel se vuelve frágil y tierna. La descripción de Lucas soporta el diagnóstico de homatidrosis en lugar de cromidrosis ecrina (sudoración amarillenta-verdosa o marrón) o estigmatización (sangre brotando de las palmas de las manos u otro lugar). Aunque algunos autores sugieren que la hematidrosis producía hipovolemia, concordamos con Bucklin que la pérdida real de sangre que experimentó Jesús fue mínima. Sin embargo, en el aire frío de la noche pudo haber producido escalofríos. 

 

 

LOS JUICIOS

Juicios Judíos

 

Poco después de la medianoche, Jesús fue arrestado en Getsemaní por los guardias del templo, y fue llevado primeramente ante Anas y luego ante Caifás, el sumo sacerdote judío ese año. Entre la una de la mañana y el amanecer, Jesús fue juzgado ante Caifás y el Sanedrín político, y fue hallado culpable de blasfemia. Luego los guardias lo vendaron, le escupieron, y le pegaron en el rostro con sus puños. Poco después del amanecer, presumiblemente en el templo, Jesús fue juzgado ante el Sanedrín religioso (fariseos y saduceos), y de nuevo fue hallado culpable de blasfemia, un crimen castigable con la muerte.

 

Juicios Romanos

 

Debido a que el permiso para una ejecución tenía que provenir de los romanos gobernantes, Jesús fue llevado temprano en la mañana por los guardias del templo al Pretorio de la Fortaleza Antonia, residencia y asiento de gobierno de Poncio Pilato, el procurador de Judea. Sin embargo, Jesús fue presentado a Pilato, no como un blasfemo, sino como un rey autoproclamado que rechazaría la autoridad romana. Pilato no presentó ningún cargo contra Él y lo envió a Herodes Antipas, tetrarca de Judea. Herodes tampoco presentó ninguna acusación oficial y lo devolvió a Pilato. De nuevo Pilato no pudo encontrar base alguna para un cargo legal contra Jesús, pero la gente demandaba la crucifixión con persistencia. Pilato finalmente cedió a su demanda y entregó a Jesús para ser flagelado y crucificado. (McDowell ha revisado el clima político, religioso y económico prevaleciente en el tiempo de la muerte de Jesús, y Bucklin ha descrito las varias ilegalidades de los juicios judíos y romanos.)

 

La Salud de Jesús

 

Los rigores del ministerio de Jesús (esto es, sus viajes a pie a través de la Palestina) habrían excluido cualquier enfermedad física de importancia o una constitución débil. En este sentido, es razonable suponer que Jesús gozaba de buen estado de salud antes de su caminata a Getsemaní. Sin embargo, durante las 12 horas entre las 9 pm del jueves y las 9 am del viernes, Él sufrió una enorme tensión emocional (como se evidencia por la hematidrosis), abandono de sus más cercanos amigos (los discípulos) y el castigo físico (luego del primer juicio judío). Además de esto, en el escenario de una noche traumática y desvelada, Él había sido obligado a caminar más de 4 kilómetros de uno a otro local donde se celebraron los juicios. Estos factores físicos y emocionales podrían haber dejado a Jesús particularmente vulnerable a los efectos adversos y hemodinámicos de la flagelación.

 

FLAGELACIÓN

Prácticas de Flagelación

 

La flagelación era un preliminar legal para toda ejecución romana, y solo las mujeres, los senadores romanos y los soldados (con excepción de casos de deserción) estaban exentos. El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias tiras de cuero sencillas o entrelazadas, de diferente longitud, en las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos. Ocasionalmente se utilizaban barrotes. Para la flagelación, el hombre era desnudado, y sus manos eran atadas a un poste. Las espaldas, las nalgas y las piernas eran azotadas, bien sea por dos soldados o por uno que alternaba la posición. La severidad de la flagelación dependía de la disposición de los verdugos y su objetivo era debilitar a la víctima a un estado próximo al colapso o la muerte. Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas.

 

Aspectos Médicos de la Flagelación

 

Cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones, y las tiras de cuero y huesos desgarraban la piel y el tejido subcutáneo. Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada. El dolor y la pérdida de sangre usualmente creaban las condiciones para un shock circulatorio. La cantidad de sangre perdida podía muy bien determinar cuánto tiempo sobreviviría la víctima en la cruz.

 

La Flagelación de Jesús

 

Jesús fue severamente azotado en el pretorio. (Aunque la severidad de la flagelación no se describe en los cuatro evangelios, queda implícita en una de las epístolas [1 Ped 2:24]. Un estudio detallado del antiguo texto griego indica que la flagelación de Jesús fue particularmente fuerte.) No se sabe si el número de azotes se limitaba a 39, de acuerdo a la ley judía. A este hombre debilitado que reclamaba ser rey, los soldados comenzaron a escarnecer colocando una túnica sobre sus hombros, una corona de espinas sobre su cabeza, y un palo como cetro en su mano derecha. A seguidas le escupían y le golpeaban en la cabeza. Más aun, cuando le arrebataron la túnica, probablemente reabrieron las heridas. 

La flagelación severa, con su intenso dolor y apreciable pérdida de sangre, probablemente dejaron a Jesús en un estado casi de shock. Más aun, la hematidrosis había dejado su piel muy sensible. El abuso físico y mental descargado por los judíos y los romanos, así como la falta de alimentos, agua y descanso, también contribuyeron a su estado general de debilidad. Por tanto, aún antes de la crucifixión, la condición física de Jesús era por lo menos seria sino crítica.

 

LA CRUCIFIXIÓN

Prácticas de Crucifixión

 

La crucifixión probablemente comenzó entre los persas. Alejandro el Grande introdujo la práctica en Egipto y Cartagena, y parece ser que los romanos aprendieron de ella de los cartaginenses. A pesar de que los romanos no inventaron la crucifixión, la perfeccionaron como forma de castigo y tortura diseñada para producir una muerte lenta con máximo dolor y sufrimiento. Fue uno de los métodos de ejecución más crueles y degradantes, y se reservaba únicamente para esclavos, extranjeros, revolucionarios y los más viles criminales. La ley romana usualmente protegía a los ciudadanos romanos de la ejecución, con excepción tal vez de los soldados desertores. 

En su forma inicial en Persia, la víctima era atada a un árbol o a un poste, usualmente para evitar que sus pies tocaran tierra santa. Luego se comenzó a usar una verdadera cruz. Esta se caracterizaba por un poste (estípite) y un travesaño (patíbulum), y tenía algunas variaciones. A pesar de que las evidencias arqueológicas e históricas indican fuertemente que la cruz baja tipo Tau era preferida por los romanos en la Palestina en el tiempo de Jesús, las prácticas de crucifixión variaban frecuentemente en una región geológica particular y de acuerdo con la imaginación de los verdugos, y la cruz Latina y otras formas pudieron haber sido usadas. 

Se acostumbraba obligar al hombre condenado a cargar su propia cruz desde el poste de flagelación al lugar de la crucifixión fuera de los muros de la ciudad. Este usualmente iba desnudo, a menos que fuera prohibido por las costumbres locales. Debido a que la cruz pesaba más de 300 libras (136 kilos), solo se llevaba el travesaño. El patíbulum, que pesaba entre 75 y 125 libras (34 a 57 kilos), era colocada sobre la nuca de la víctima y se balanceaba sobre sus dos hombros. Usualmente se ataban los brazos extendidos al travesaño. La procesión al lugar de la crucifixión era precedida por una guardia romana completa, comandada por un centurión. Uno de los soldados cargaba un letrero (titulus) en el cual se exhibía el nombre y el crimen del condenado. Más adelante el titulus sería colocado sobre la cruz. El guardia romana no dejaría a la víctima hasta estar segura de su muerte. 

Fuera de los muros de la ciudad estaban localizados, de manera permanente, los pesados estípites de madera sobre las cuales se asegurarían los patíbulum. En el caso de la cruz tipo Tau, esto se lograba mediante una junta de muesca y espiga, con o sin refuerzo de sogas. Para prolongar el proceso de crucifixión, un travesaño o viga horizontal frecuentemente se fijaba a mitad del estípite, sirviendo así como asiento (sedile o sedulum). Solo raras veces, y probablemente luego del tiempo de Cristo, se empleó un bloque de madera adicional (suppedaneum) para la transfixión de los pies. 

En el lugar de la ejecución, por ley se le daba a la víctima un trago amargo de vino mezclado con mirra como leve analgésico. El criminal era luego tirado al suelo sobre sus espaldas, con sus brazos extendidos a lo largo del patíbulum. Las manos podían ser clavadas o amarradas al travesaño, pero el clavado era preferido por los romanos. Los restos arqueológicos de un cuerpo crucificado, encontrados en un osario cerca de Jerusalén y fechados para el tiempo de Cristo, indican que los clavos pinchos de hierro de punta agudizada de aproximadamente 5 a 7 pulgadas (13 a 18 centímetros) de longitud con sección cuadrada de 3/8 pulgadas (1 centímetro). Más aun, los descubrimientos de osarios y el Sudario de Turín han documentado que comúnmente los clavos atravesaban las muñecas en vez de las palmas de las manos. 

Luego de fijar los brazos al travesaño, el patíbulum y la víctima eran levantados juntos al estípite. En una cruz bajita, cuatro soldados podían lograr esto con relativa facilidad. Sin embargo, en una cruz alta, los soldados utilizaban ganchos de madera o escaleras. 

A seguidas de esto, los pies eran fijados a la cruz por medio de clavos o sogas. Los descubrimientos de osarios y el Sudario de Turín sugieren que el clavado era la práctica preferida por los romanos. A pesar de que los pies podían ser fijados a los lados del estípite o al descanso de madera (suppedaneum), usualmente eran clavados en el lado frontal. Para lograr esto, habría sido necesario flexionar las rodillas, y las piernas dobladas podían ser rotadas lateralmente. 

Cuando se completaba el clavado, el títulus era fijado a la cruz, por clavos o cordones, sobre de la cabeza de la víctima. Los soldados y los espectadores a menudo hacían burla y escarnio al condenado; y los soldados acostumbraban a dividirse las ropas entre sí. El lapso de supervivencia generalmente fluctuaba desde tres a cuatro horas hasta tres o cuatro días, y parecía inversamente proporcional a la severidad del flagelo. Sin embargo, aun cuando la flagelación pudiera haber sido leve, los soldados romanos podían apresurar la muerte al partirle las piernas debajo de las rodillas (crurifragium o skelokopia). 

Era común que insectos se posaran y se metieran dentro de las heridas abiertas o los ojos, oídos y nariz de la víctima moribunda, y que las aves de rapiña desgarrarían las carnes en esos lugares. Más aun, era costumbre dejar los cadáveres colgados de la cruz para ser devorados por animales salvajes. Sin embargo, según la ley romana, la familia del condenado podía tomar el cuerpo para ser enterrado, luego de obtener permiso del juez romano. 

Como no se suponía que nadie sobreviviera la crucifixión, el cuerpo no era entregado a la familia hasta que los soldados romanos estuvieran seguros de que la víctima estaba muerta. Se acostumbraba que uno de los guardas romanos clavara el cuerpo con una espada o lanza. Tradicionalmente esto se había considerado como una herida de lanza al corazón a través del lado derecho del pecho -una herida fatal enseñada a la mayoría de los soldados. El Sudario de Turín documenta esta forma de herida. Más aun, la lanza estándar de infantería, de unos 5 a 6 pies (1.5 a 1.8 m.) de longitud, podía fácilmente alcanzar el pecho de un hombre crucificado en la acostumbrada cruz baja.

 

Aspectos Médicos de la Crucifixión

 

Con conocimientos de anatomía y de prácticas antiguas de crucifixión, uno podría reconstruir los aspectos médicos probables de esta forma de ejecución. Cada herida tenía la intención de producir intensa agonía y las causas que contribuían a la muerte eran múltiples. 

La flagelación antes de la crucifixión servía para debilitar al hombre condenado, y, si la pérdida de sangre era considerable, producir hipertensión ortostática y aún shock hipovolémico. Cuando la víctima era lanzada al suelo sobre sus espaldas, las heridas del azote se reabrirían y se contaminarían con lodo. Más aun, con cada respiración, las dolorosas heridas de las espaldas rozarían contra la tosca madera del estípite. Como resultado de esto, la pérdida de sangre de las espaldas continuaría probablemente durante la crucifixión. 

Con brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas al patíbulum. Se ha demostrado que los ligamentos y huesos de la muñeca pueden soportar el peso de un cuerpo colgando de ellos, pero no las palmas de las manos. De esta forma, los clavos eran probablemente clavados entre el radius y los carpales o entre las dos hileras de huesos carpales, ya sea cerca o a través del fuerte flexor retinaculum y los varios ligamentos ínter cárpales. A pesar de que un clavo en cualquiera de los dos sitios en la muñeca podría pasar entre los elementos óseos y así no producir fractura alguna, la posibilidad de una herida peri ósea dolorosa es grande. Más aun, el clavo penetrado destruiría el largo nervio sensorial motor. La afección de este nervio produciría tremendas descargas de dolor en ambos brazos. Aunque la laceración del nervio resultaría en parálisis parcial de la mano, las contracciones isquémicas y el empalamiento de varios ligamentos por los clavos podría provocar fuertes contracciones de la mano. 

Comúnmente, los pies eran fijados al frente del estípite por medio de un clavo de hierro clavado a través del primer o segundo espacio ínter metatarso, justo al lado de la junta tarso metatarso. Es probable que el profundo nervio peroneo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta serían heridos por el clavo. A pesar de que la flagelación producía considerable pérdida de sangre, la crucifixión por sí misma era un procedimiento poco sangriento, ya que ninguna de las arterias principales, excepto tal vez la del arco de la planta, pasaban a través de los sitios anatómicos favoritos de la transfixión. 

El efecto principal de la crucifixión, aparte del tremendo dolor, era la marcada interferencia con la respiración normal, particularmente con la exhalación. El peso del cuerpo, jalando hacia abajo por los brazos y hombros extendidos, tendía a fijar los músculos intercostales en un estado de inhalación y por consiguiente afectando la exhalación pasiva. De esta manera, la exhalación era primariamente diafragmática, y la respiración muy leve. Es probable que esta forma de respiración no sería suficiente y que pronto se produciría la hipercarbia. El desarrollo de calambres musculares o contracciones tetánicas, debido a la fatiga y la hipercarbia, afectarían aun más la respiración. 

Una exhalación adecuada requería que se incorporara el cuerpo empujándolo hacia arriba con los pies y flexionando los codos y aductando los hombros. Sin embargo, esta maniobra colocaría el peso total del cuerpo en los tarsales y causaría tremendo dolor. Más aun, la flexión de los codos causaría rotación en las muñecas en torno a los clavos de hierro, y provocaría enorme dolor a través de los nervios lacerados. El levantar el cuerpo rasparía dolorosamente las espaldas contra el estípite. Los calambres musculares y la parestesia de los brazos abiertos y doblados agregarían al malestar. Como resultado de esto, cada esfuerzo de respiración se volvería agonizante y fatigoso, y eventualmente llevarían a la asfixia. 

La causa real de muerte por crucifixión era multifactorial y variaba en cada caso, pero las dos causas más prominentes eran probablemente el shock hipovolémico y asfixia por agotamiento. Otros factores contribuyentes incluían la deshidratación, arritmia causada por tensión, y paro cardíaco causado por congestión con rápida acumulación de efusiones pericardias o pleurales. La crucifractura (quebrando las piernas debajo de las rodillas), si se ejecutaba, resultaba en muerte por asfixia en pocos minutos. La muerte por crucifixión era, en todo el sentido de la palabra, intolerable.

 

La Crucifixión de Jesús

 

Cerca de las 9 am, luego de la flagelación y el escarnio, los soldados romanos volvieron a poner las ropas a Jesús y le llevaron a Él y a los dos ladrones para ser crucificados. Aparentemente Jesús estaba tan debilitado por la flagelación que no podía cargar el patíbulum desde el pretorio al lugar de la crucifixión, a un tercio de milla (600 a 650 metros) de distancia. Simón de Cirene fue llamado a cargar la cruz de Cristo, y el procesional se dirigió al Gólgota (o Calvario), un lugar establecido para crucifixión. 

Una vez allí, se le removió la ropa a Jesús, con excepción de un taparrabo de lino, de esta manera reabriéndole las heridas de azote. Luego se le ofreció un trago de vino mezclado con hiel, pero, luego de probarlo, lo rechazó y no quiso beber. Finalmente Jesús y los dos ladrones fueron crucificados. A pesar de que se hacen referencias bíblicas de clavos en las manos, estas no contradicen las evidencias arqueológicas de heridas de muñecas, ya que los antiguos solían considerar la muñeca como parte de la mano. El títulus fue colocado sobre la cabeza de Jesús. No esta muy claro si Jesús fue crucificado en una cruz tipo Tau o en una cruz latina; los descubrimientos arqueológicos favorecen la última, y la antigua tradición la primera. El hecho de que a Jesús más tarde se le ofreció un trago de vinagre en una esponja colocada en una vara de una planta de hisopo (unas 20 pulgadas o 50 cms, de largo), sugiere que fue crucificado en una cruz baja. 

Los asistentes civiles escarnecían a Jesús durante la crucifixión, y los soldados echaron suertes sobre sus ropas. Cristo habló siete veces desde la cruz. Debido a que el habla ocurre durante la exhalación, estas frases cortas deben haber sido particularmente difíciles y dolorosas. A eso de las 3 pm del viernes, Jesús clamó a gran voz, inclinó la cabeza y murió. Tanto los soldados como los testigos presentes reconocieron el momento de su muerte. 

Como los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz después del atardecer, el comienzo del día de reposo, pidieron a Poncio Pilato que adelantara la muerte de los tres crucificados. Los soldados quebraron las piernas de los dos ladrones, pero cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no le partieron las piernas. En lugar de esto, uno de los soldados le atravesó el costado, probablemente con una lanza de infantería, lo cual produjo un flujo repentino de sangre y agua. Más tarde, ese mismo día, el cuerpo de Jesús fue bajado de la cruz y colocado en una tumba.

 

LA MUERTE DE JESÚS

 

Dos aspectos de la muerte de Jesús han sido causa de una gran controversia. Uno es la naturaleza de la herida en el costado, y el otro es la causa de muerte luego de solo varias horas en la cruz. 

El evangelio de Juan describe la herida en el costado de Jesús y enfatiza la súbita efusión de sangre y agua. Algunos autores han interpretado la efusión de esta agua como ascites u orina, de una perforación de la vejiga a nivel abdominal medio. Sin embargo, el término griego (pleura) usado por Juan claramente denota lateralidad y frecuentemente implica las costillas. Por tanto, parece probable que la herida fue en el tórax y muy distante a la línea media abdominal. 

A pesar de que el lado donde se produjo la herida no fue indicado por Juan, tradicionalmente se ha mostrado en el lado derecho. En apoyo a esta tradición esta el hecho de que una gran efusión de sangre es más viable con una perforación del atrium o ventrículo derecho distendido. A pesar de que el lado de la herida nunca podrá ser establecido con seguridad, el derecho es más probable que el izquierdo. 

El escepticismo en aceptar la descripción de Juan ha surgido por la dificultad de explicar, con precisión médica, la efusión tanto de sangre como de agua. Parte de esta dificultad se crea al asumir que la sangre apareció primero, y luego el agua. Sin embargo, en el griego antiguo, el orden de las palabras generalmente denotaba prominencia y no necesariamente secuencia en el tiempo. Por tanto, parece probable que Juan estaba enfatizando la prominencia de la sangre en lugar de su aparición antes del agua. 

Por consiguiente, el agua probablemente representaba fluido pleural y pericardial, y habría precedido la efusión de sangre, siendo también menor en volumen que esta. Tal vez, en la generación de la hipovolemia y el inminente paro cardíaco, se habrían desarrollado efusiones pleurales y pericardias y habrían agregado al volumen del agua aparente. La sangre, por contraste, podría haberse originado del atrium o ventrículo derecho, o tal vez del hemopericardium. 

La muerte de Jesús luego de solo tres a seis horas en la cruz sorprendió hasta Poncio Pilato. El hecho de que Jesús clamara a gran voz y luego inclinara la cabeza y muriera sugiere la posibilidad de un evento catastrófico terminal. Una explicación popular es que Jesús murió de ruptura cardiaca. En el escenario de la flagelación y la crucifixión, con estados asociados de hipovolemia, hipoxemia y un estado coagulable alterado, se habrían formado vegetaciones tromboticas no infectivas en la válvula aórtica o mitral. Estas podrían haberse filtrado por la circulación coronaria, produciendo así una aguda infarción transmural del miocardio. Aunque poco común, podría haber ocurrido una ruptura de la pared libre ventricular en las primeras horas luego de la infarción. 

Sin embargo, hay otra explicación más probable. La muerte de Jesús pudo haberse precipitado sencillamente por su estado de agotamiento y por la severidad de la flagelación, con su consecuente pérdida de sangre y estado preshock. El hecho de que El no pudo cargar su patíbulum apoya esta interpretación. La causa real de la muerte de Jesús, así como la de otras víctimas de crucifixión, pudo haber sido multifactorial y relacionada primariamente a shock hipovolémico, asfixia por agotamiento, y agudo paro cardíaco. Una arritmia cardiaca fatal pudo haber sido la causa del evento catastrófico terminal. 

Por tanto, no se puede dejar por sentado si Jesús murió de ruptura cardiaca o falla cardiorrespiratoria. Sin embargo, el hecho a resaltar no es cómo Él murió, sino si murió. Esta claro que el peso de las evidencias históricas y médicas indican que Jesús estaba muerto antes de producirle la herida en su costado, y soporta el punto de vista tradicional que la lanza clavada entre sus costillas derechas, perforó no solo el pulmón derecho sino también el pericardio y el corazón, asegurando así su muerte. Por consiguiente, las interpretaciones basadas en la suposición de que Jesús no murió en la cruz parecen estar en contraposición con los conocimientos médicos modernos.

La Lanza de Longinos o la Lanza del Destino

 

Longinos

La lanza sagrada de longinos cuyo nombre proviene del soldado Cayo Casio Longinos, quien atravesó el costado de Cristo en su crucifixión, llego a manos de los guerreros teutónicos, quienes la convirtieron en su talismán y le dieron un significado de poder místico.

La leyenda se origina en el evangelio según San Juan. 19:33-37: Cuando lo vieron muerto, no le rompieron las piernas si no que uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con su lanza, para asegurar que estaba muerto.  

La colección de José de Arimatea 

Se dice que había un coleccionista que se llamaba José  de Arimatea, un adinerado que siempre se preocupo por guardar objetos valiosos al paso de Jesús, se dice que fue el quien obtuvo permiso para llevarse el cuerpo de Jesús y, ayudado por Nicodemo, lo coloco e la tumba en la noche del viernes Santo, y que el guardo en su poder la cruz, los clavos, la corona de espinas, y el sudario.

Pero algunos dicen que el había empezado su colección desde antes de la muerte de Cristo: y que después de la última cena también guardo la copa e la que Jesús había consagrado el pan y el vino para los 12 apóstoles y que José Arimatea conservó la copa Junto a la lanza citada

 En el evangelillo llamados así "EL SANTO GRIAL Y LA SANTA LANZA".

Un talismán poderoso

Por medio de las claves que dejo en rico Judío José Arimatea, Helena, la adre del 1er Emperador Cristiano Constantino pudo redescubrir estas reliquias la cual fue un talismán muy poderoso para Constantino el grande, para Franco Carlos Martel, que expulso de Francia a los Árabes VIII; para Carlo Magno que la recibió en Romacomo regalo de el Papa y después también estuvo en poder de el sacro Emperador Romano Federico Barbarroja. Según la tradición, todos los que la habían poseído habían resultado guerras victoriosas y fueron esas cualidades místicas, en especial as que fascinaron el 1909 a un joven en le museo Hofburg. De Viena, llamado Adolfo Hitler.

La visión de Hitler

Desde que Hitler tenía 15 años, Hitler tenía la idea y el convencimiento de que algún día el destino del mundo recaería en sus manos.

Cuando era un poco más que un vagabundo que dormía en los parques de Viena, esas visiones parecían muy lejos de cumplirse. El era el elegido y lo sabía, todo su tiempolo empleaba en estudiar en la biblioteca de Hof ocultismo, mitología nórdica, y germana, filosofía y política.

Su pasión llegaba a tal extremo que su evidente mal nutrición se debía, sobre todo, a las veces que embebido en sus estudios se olvidaba hasta de comer.

La culminación e este proceso llego cierto día que se encontraba dibujando en el museo Holfurg, la casa de Habsburgo. En su miseria, odiaba profundamente a toda aquella dinastía que públicamente mostraba sus riquezas a quien quisiera contemplarlas

Hitler y el encuentro con la lanza

En aquella tarde en 1909 Hitler ese hombredelgado pálido y zarrapastroso, se detuvo largo rato frente a los tesoros de la casa de Habsburgo en el museo de Hofburg, de Viena, dentro de los estuches brillaban coronas enjoyadas, pero lo que acaparaba la atención del joven y lo mantenía como hipnotizado era un objeto pequeño: los restos de una lanza sin filo oxidada y ennegrecida por el tiempo el poco agraciado visitante era nada mas y nada menos que Adolfo Hitler y el objeto que contemplaba era la laza de Longinos.

La misma con la que un centurión romano había clavado la lanza en el costado de Cristo y ala que las antiguas leyendas asociaban con el destino del mundo.

El impacto a Hitler

Como dijo el propio Hitler: "Supe de inmediato que aquel día era el momento mas importante de mi vida. Pero sin embargo no podía adivinar por que un símbolo cristiano me causaba semejante impresión, me quede muy quieto durante unos minutos contemplando la lanza y me olvide completamente del lugar en el que me encontraba.

Precia poseer su cierto significado oculto que se me escapaba, un significado que ya conocía. Me sentía como si la hubiese sostenido en mis manos en algún siglo anterior. Como si yo mismo la hubiera reclamado para mí como talismán de poder y hubiera tenido el destino del mundo en mis manos.

Obsesión oculta

El hombre que revelo la obsesión que tenia Adolfo Hitler por la lanza que supuestamente había pertenecido a Centurión Romano Loginos era un sabio Austriaco, El doctor Wualter Stein, amigo suyo desde antes de 1914 y que llego a conocerlo muy bien.

Según el doctor Stein, aquella creencia de Hitler en los poderes sobre naturales de la lanza lo llevó al reino obscuro de la magia y el ocultismo. Hitler se consideraba asa mismo como una encarnación de Langulfo II de Capra, Un terrible siciliano del Siglo IX que se supone, también estuvo en posición de la lanza.

Stein creía que el ascenso de Hitler había sido auspiciado por la lanza y la magia negra.

La relación entre Stein y Hitler ya nunca terminaría y Stein seria testigo de los meteóricos ascensos de Hitler al poder.

Walter Stein

HITLER Y EL RECLAMO DE LA LANZA

En 1938 Hitler anexo Austria y una de sus primeras disposiciones fue visitar nuevamente el museo de Hofburg par cumplir su preciado sueño de niño, y reclamar su lanza del destino, Hizo todos los arreglos para transportarla en un tren especial con guardia armada a Núremberg donde fue colocada en un iglesia que ordeno convertir en santuario Nazi donde pasaba casi 48 hrs encerrado con el objeto de su anhelo.

Pero cuando las fuerzas aleadas bombardearon la ciudad, ordeno esconder la lanza en una profunda bóveda que mando construir

Ex profeso dentro del castillo de Núremberg.

El destino de Hitler

El 30 de Abril de 1945 las tropas estadounidenses entraron a Núremberg; después de encontrar una férrea resistencia: se metieron en la bóveda y sacaron la lanza,  Hitler que se protegía en su bunker de Berlín, no se entero, dos horas después de que la laza cayera en manos del ejército americano Hitler se suicido.

En la actualidad, la laza de longinos, una antigua reliquia con una historia fascínate se encuentra de nuevo en el museo de Hofburg.

Debido a que en 1947, EEUU devolvió la lanza, pero algunos sospechan que se trataba de una replica. Pero si esto suena descabellado, otra teoría sugiere que los nazis engañaron a los americanos tras dejar una copia de la lanza en Núremberg.

Conclusión

Sinceramente se me hace imposible que la lanza  de Longinos haya sobrevivido a tantas épocas de batallas y llegar hasta nuestros días, por la razón de que se dice que hay 4 lanzas en la actualidad por Europa, sin embargo se me hace un historia fascinante que sin duda  deja muchas dudas pero una posible realidad de la historia de el mundo.

Fuente: http://www.monografias.com/trabajos68/lanza-longinos/lanza-longinos.shtml

Ayudanos: ¿OVNI en Sevilla el 27 de Marzo?

A raíz de la puesta en circulación de un video donde se "aprecia" un objeto volador en el cielo (presuntamente de Sevilla), estamos tratando de recabar información sobre un posible avistamiento de un Objeto Volador No Identificado en nuestros cielos. De momento hay pocas referencias -salvo esta- y nos interesaría recabar testimonios o refrencias si alguien ha tenido algún tipo de encuentro o avistamiento en la fecha. Fue el día 27 de Marzo -se desconoce la hora y el lugar exacto- pero cualquier información es contemplada y agradecida.

Tratamos de que se aporte más información sobre este presunto avistamiento, para seguir investigándolo o desecharlo.

Podeis escribirnos a: vocesdelmisterio@gmail.com

 

 

Descifrada la «paradoja del sol débil», uno de los grandes misterios de la ciencia

Actualizado Jueves , 01-04-10 a las 13 : 56
Hace casi cuarenta años, el mundialmente famoso astrónomo Carl Sagan y su colega George Mullen formularon la «paradoja del sol débil». Los científicos se preguntaban cómo era posible que en sus inicios, hace prácticamente unos 4.000 años, la Tierra no fuera un desolado paisaje cubierto de hielo, ya que las radiaciones solares eran entonces hasta un 30% menores. Si apenas llegaban los rayos del Sol, ¿qué evitó que el planeta entrara en una temprana edad de hielo que podría haber cambiado el curso completo de su historia? La incógnita ha permanecido hasta nuestros días como uno de los grandes misterios de la ciencia. Muchos han intentado resolverla con argumentos que no han resultado del todo convincentes. Ahora, investigadores daneses y norteamericanos creen conocer la respuesta a esta obsesión. El estudio, publicado en la revista Nature, apunta que para encontrar una solución a la paradoja sólo hay que ponerse a mirar las nubes. Según el informe, firmado por expertos del Museo de Historia Natural de Dinamarca, la Universidad de Copenhague y la Universidad de Stanford en California, la primitiva capa de nubes era mucho más delgada de lo que es ahora y los rayos del sol pudieron calentar los océanos sin obstáculos.
La «paradoja del sol débil» recibió una primera explicación en 1993. El científico atmosférico estadounidense Jim Kasting realizó una serie de cálculos teóricos que demostraban que el 30% de la atmósfera terrestre hace 4.000 millones de años estaba compuesta de CO2. Estos gases habrían actuado en un efecto invernadero, impidiendo que el planeta se congelara. Para Minik Rosing, autor del nuevo estudio e investigador del Museo de Historia Natural de Dinamarca, no fue el CO2 lo que impidió la aparición de una edad de hielo, sino el hecho de que la capa de nubes era mucho más delgada de lo que es en la actualidad y no formaba un escudo tan poderoso frente a los rayos, que pudieron calentar los océanos sin obstáculos.
 
La razón de la falta de nubes puede explicarse por el proceso por el que éstas se forman. Necesitan sustancias químicas producidas por algas y plantas, que no existían durante ese período. Precisamente, estos procesos químicos han sido capaces de formar una densa capa de nubes que reflejan el paso de los rayos solares, lanzados de nuevo al cosmos, evitando así el calentamiento de los océanos de la Tierra.
Minik Rosing y su equipo llegaron a estas conclusiones tras analizar las muestras de 3.800 millones de años de antigüedad de una montaña de piedra de una de las zonas rocosas más antiguas del mundo, Isua, en la Groenlandia occidental.