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Voces del Misterio

El Parador de Cardona y sus habitantes fantasmas

Como si de una película de terror se tratara, este lugar tiene fantasmas, ruidos, voces y todo lo que se necesita para morir de miedo y terror, cuidado!

El hermoso castillo del Parador de Cardona, tiene más de 1000 años de haber sido construido, existe desde al siglo IX y ocupa la cima de un cerro que tiene 154 metros de altura, se visualiza majestuoso desde lejos.

El castillo fue el hogar de los duques de Cardona, en el año 1976 se tomó la decisión de reconstruirlo para convertirlo en un parador a ser visitado por muchos turistas del país y de todo el mundo.

Fue en estas circunstancias que se empieza a desarrollar el misterio cuando varios trabajadores empiezan a informar que son testigos de la presencia de un fantasma o ente sobrenatural que los llenaba de miedo.

Pero los hechos extraños continuaban y no solo eran seres fantasmales, sino que habían otros fenómenos como ruido extraños, voces, golpes y sentimientos de miedo terror que llenaban a sus ocasionales visitantes.

Otros han visto a una bella doncella salir por las noches y lamentarse entre sollozos de alguna desgracia, ella viste ropas medievales tal como correspondería a alguna joven de la época, otros han visto un caballero vestido también con ropas de aquella época.

Los fenómenos se concentraban específicamente en una sola habitación, la 712. En estos aposentos todos los visitantes y trabajadores del majestuoso lugar, fueron testigos de excepción de los acontecimientos.

Tal es el convencimiento incluso de los que allí trabajan, que en esa zona los trabajadores tienen permiso para subir siempre en compañía y nunca hacerlo solos.

La historia castillo del Parador de Cardona
se remonta a muchos años atrás donde sus paredes fueron mudos testigos de muchos asesinatos y torturas de prisioneros quienes habría dejando su dolor impregnado en sus paredes.

La habitación 712 nunca se alquila a los visitantes, salvo, pedido expreso y con alguna razón justificada, por ejemplo cuando se desea estudiar los hechos paranormales que suceden. Los administradores del lugar hacen saber a los solicitantes del riesgo que están corriendo y no se responsabilizan de las consecuencias que puedan surgir de estar en la habitación prohibida.

Si te atreves a visitar este hermoso castillo y deseas entrar en esta habitación del terror, te recomendamos que no lo hagas solo, y será una noche inolvidable.

Fuente: Otrasfronteras.com

En Sevilla: El ovni que el Ejército del Aire ocultó

CRÓNICA | Investigación del ufólogo Juan Ballester Olmos

El ovni que el Ejército del Aire ocultó

El investigador Vicente Juan Ballester Olmos, con los documentos del caso. (Foto: J. Cuéllar)

El investigador Vicente Juan Ballester Olmos, con los documentos del caso. (Foto: J. Cuéllar)

  • En 1965 cayeron en Badajoz y Sevilla varios objetos de origen desconocido
  • EEUU pidió silenciar el incidente y ocultó los informes incluso a la OTAN
  • Franco fue informado, pero el Ejército no desclasificó el 'expediente X'
  • Un investigador valenciano es el único con acceso a toda la documentación

Podría ser algo así como el Santo Grial de la ufología española. El documento que demostrase que el Ejército del Aire no desclasificó todos los expedientes sobre el fenómeno ovni. Y no se trata de una exageración.

El T67 94769 es sólo uno de los varios informes que existen sobre la misteriosa aparición de varias luces en el cielo, el 6 de diciembre de 1965, y la recuperación de hasta 14 objetos de una o varias naves de origen oficialmente desconocido en Fuente de Cantos y Montemolín (Badajoz) y Lora del Río (Sevilla), localidades distantes unos 100 kilómetros.

Al poco de ocurrir el suceso, la embajada americana en Madrid tomó cartas en el asunto. El jefe del Estado, Francisco Franco, así lo indica uno de los documentos, fue informado en persona y autorizó que los restos fueran enviados a EEUU a cambio de recibir el resultado de sus investigaciones. Así lo explica el investigador valenciano Vicente Juan Ballester Olmos, el único que ha tenido acceso oficial a toda la documentación del caso (y que pronto hará pública por internet).

El 'T67 94769', con más de 300 páginas, puede ser el informe más secreto de la historia de la ufología

Así, el 15 de junio de 1967 el Battelle Memorial Institute concluyó el informe T67 94769 (en total, más de 300 páginas) titulado Investigación de cinco cuerpos metálicos recuperados tras un vuelo espacial. En su primera página puede leerse una indicación que aún hoy sigue vigente: "Secreto. No difundirse en el extranjero salvo en España" y con la indicación de que pertenecía al Grupo 1, es decir "excluido de desclasificación y reducción de categoría automática".

Un tercer cuño recuerda que el informe está protegido por las leyes de espionaje y que contiene información relativa a la Defensa Nacional. Ni en el famoso 'caso Roswell', en el que se dijo que el ejército americano había recuperado el cuerpo de un extraterrestre, aparecen documentos tan clasificados.

¿Qué gran misterio se esconde tras este Expediente X? ¿Qué ocultan más de 43 años después las autoridades? Según Ballester Olmos, "en realidad, los restos de una nave soviética del tipo Vostok, como ya aventuró la prensa de la época". "Estamos ante unos documentos muy interesantes para los amantes de la carrera espacial y la astronáutica", añade. Sin embargo, "desde el punto de vista de la ufología es importante ya que podríamos decir que estamos ante lo que algún desaprensivo podría haber calificado de fraude y sin embargo es un fiel reflejo de que tras algunas informaciones que aparecen de vez en cuando sobre expedientes desclasificados que hablan de posibles naves del espacio hay que ir con mucha cautela".

El mito del secreto

Uno de los objetos hallados en 1965.

Uno de los objetos hallados en 1965.

El T67 94769 es un buen reflejo del mito del encubrimiento tan presente en la historia de la ufología. Sin embargo bajo un total de cinco informes secretos (cuatro elaborados por el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial -INTA- y uno en EEUU) no hay nada que haga pensar en la existencia de una posible visita de extraterrestres. Casos ovni sin desclasificar podría haber más, y tampoco significaría ningún intento de ocultar la realidad. En sus archivos, Ballester Olmos guarda algunos informes realizados en varias bases aéreas que tampoco fueron desclasificados. "Son informes breves y los responsables de las bases no los consideraron suficientemente importantes como para remitirlos al Estado Mayor del Aire, y por lo tanto no se incluyeron en el proceso".

Para conseguirlo, sólo habría que ocultar un dato aparentemente trivial. "Si el expediente no se ha desclasificado y se ha convertido en una especie de fósil de la Guerra Fría es por que el Ejército nunca lo consideró como información ovni y por tanto no tuvo que desclasificarlo". Ballester Olmos fue el único civil que participó en aquel proceso que se desarrolló entre 1990 y 1999 y que califica como "ejemplar". "La prueba de que no había ninguna intención de ocultar es que a mi se me confió una copia completa", añade el investigador valenciano.

Una de las páginas del informe.

Una de las páginas del informe.

Parece exagerado darle tanta importancia a un suceso hoy tan anodino pero no lo es. En 1965 el número de objetos recuperados tras una reentrada espacial era algo poco frecuente. Según el investigador mexicano Luis Ruiz Nóguez, el primer caso se dio en Estados Unidos en 1957, y luego se produjeron recuperaciones similares en Suecia, Argentina, Brasil y Australia. Esta última, en 1963 (apenas tres años antes del caso español) fue la primera vez que se asoció al fenómeno ovni. Con el tiempo, cuando los casos se hicieron más frecuentes, las reentradas y la recuperación de objetos cobraron carta de naturaleza en la mitología ovni. Quizás por eso Ruiz Noguez tituló su informe Los Ovnis Boludos. Seguramente no se refería únicamente al aspecto esférico de muchos de los objetos recuperados.

A diferencia de otros casos de 'ovnis boludos', el ocurrido hace ahora 43 años se trató con muchísimo más secretismo. La prensa se hizo eco de la noticia -incluso apuntó que podría tratarse de restos de una nave soviética- pero el Gobierno impuso el silencio lo que contribuyó alimentar el misterio. Como explica Ballester Olmos, "el 18 de marzo de 1965 se había producido el último lanzamiento soviético conocido, luego los restos que habían caído sobre España no podían pertenecer a él".

En realidad, pertenecían a otro lanzamiento, éste secreto, que había tenido lugar el 3 de diciembre: "Del cosmódromo ruso de Baikonur despegó la Lunik 8 con destino a la Luna, probablemente con el objetivo de un alunizaje suave, sin embargo un retrocohete falló y la nave espacial se estrelló contra la superficie del satélite en la zona conocida como Mar de las Tormentas. Esta nave fue lanzada con un cohete SL-6, de varias etapas, cuya plataforma fue la que cayó en España".

Según explica Ballester Olmos, en total se recuperaron 14 objetos tales como discos de chapa metálica, objetos irregulares en forma de tobera, restos de revestimiento aislante carbonizados... En Fuente de Cantos se halló una esfera metálica de unos 40 cm. de diámetro y unos 5 kg. de peso, en Montemolín cayeron dos cilindros de unos 40 cm. de largo por 20 cm. de diámetro terminados en sus extremos por superficies convexo-esféricas, además de otros cuerpos metálicos menores. Y en Lora del Río tres esferas de unos 38 cm. de diámetro y unos 7 kg. de peso. Su rastro se había perdido hasta hoy y se cree que se conservan en el INTA.

Video: Exposición "El Enigma de la Sábana Santa" - Sevilla 2010

Con motivo de la exposición "El Enigma de la Sábana Santa", que se está realizando desde el 11 de Enero al 28 del mismo mes en la Iglesia de San Martín, conmemorando el bicenterario de la Santísima Virgen del Buen Fin, el catedrático  e imaginero Juan Manuel Miñarro nos concedió una entrevista exclusiva mientras nos mostraba la exposición, este es el video (en dos partes) de esa entrevista para "Voces del Misterio":

1ª. Parte Video: "El Enigma de la Sábana Santa", entrevista a Juan Manuel Miñarro (CES) por Jose Manuel García Bautista:

http://www.youtube.com/watch?v=nk3agooA1eE

2ª. Parte Video: "El Enigma de la Sábana Santa", entrevista a Juan Manuel Miñarro (CES) por Jose Manuel García Bautista:

http://www.youtube.com/watch?v=8yF3JxEJiiI

Más información en:

Disponible en la red Voces del Misterio del 15 de Enero de 2010

http://www.vocesdelmisterio.tk

Programa "Voces del Misterio" nº.122 del 15 de Enero de 2009/2010. Tercera temporada, 2009-2010. Comenzaremos nuestro programa con nuestras habituales efemérides del día de hoy. Con motivo del bicentenario de la Virgen del Buen Fin se expone en la Iglesia de San Martín (Sevilla) una exposición bajo el título "El enigma de la Sábana Santa", VOCES DEL MISTERIO estuvo allí y entrevistó -pocos minutos antes de inagurar la misma- a su autor, al catedrático e imaginero Juan Manuel Miñarro.Conoceremos un poco más la Historia de la Parapsicología. Nuestro colaborador habitual Alberto Fernández -y redactor jefe de la revista "Ávalon"- nos presentará el número tres de la revista junto con las redactoras Rosa Santizo y Nuria Álvarez.Nuestro Informativo del Misterio dará comienzo a la segunda hora del programa.Una sorpresa: Cartas Sonoras de Jesús Callejo, hoy "La fecha de la Navidad". En "Zona de Misterio" conoceremos los problemas psicológicos en los transplantes. Nuestras recomendaciones bibliográficas con "Mis Enigmas Favoritos" entre otros, y  para finalizar,en "La Aldea Irreductible" Javier Peláez nos lleva  a conocer la "primera" batalla de la Historia.
Un programa dirigido y presentado por Jose Manuel García Bautista y Jordi Fernández.

Revista nº.3 "Ávalon", http://www.revistadigitalavalon.es .

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El reloj del Juicio final se retrasa un minuto

 

L. PARDO / J. DE JORGE | MADRID
 
El reloj comenzó a siete minutos para la medianoche, pero actualmente se encuentra a cinco / ABC
 
El llamado Reloj del Juicio Final (Doomsday clock), que representa en «minutos para la medianoche» cuánto le queda a la raza humana para su destrucción total, se ha retrasado un minuto. El mecanismo fue creado en 1947 por la mesa de directores del Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago. En sus primeros sesenta años, el reloj ha tenido un total de dieciocho movimientos, alejándose y acercándose de la medianoche, de acuerdo a la situación política, científica y militar a nivel global. Desde el año 2007, hemos permanecido a cinco minutos de la medianoche, pero hoy, jueves 14 de enero, el reloj ha cambiado la posición de sus agujas y, para beneficio de la Humanidad, se ha retrasado un minuto. Ahora, quedan seis minutos para ese supuesto final apocalíptico. La decisión, para la que se ha consultado a 19 premios Nobel, ha tenido en cuenta los progresos mundiales contra el cambio climático y las armas nucleares, dos de las grandes amenazas del planeta.
 
Un cambio histórico.
 
La junta del Boletín de Científicos Atómicos ha anunciado su decisión en Nueva York y ha transmitido el cambio en el minutero en directo, ante los ojos de los internautas de todo el mundo. El reloj ha sido retrasado porque «estamos a punto de cambiar la Historia hacia un mundo libre de armas nucleares. Por primera vez desde que las bombas atómicas fueran lanzadas en 1945, los líderes internacionales están cooperando para reducir sus arsenales», han explicado los portavoces de la junta. Además, «por primera vez, los países industrializados y en desarrollo se han comprometido de forma conjunta a limitar las emisiones de gases que provocan el cambio climático y que podrían hacer de nuestro planeta un lugar casi inhabitable». Quizás esta última afirmación sea demasiado optimista, teniendo en cuenta los pésimos resultados de la cumbre de Copenhague.
 
El Reloj del Juicio Final fue creado en el año 1947, en plena Guerra Fría, y apenas dos años después de que los aliados derrotaran de forma definitiva a las fuerzas del Eje. Americanos y rusos, quienes fueran aliados en su lucha contra los nazis, vieron cómo su relación bilateral se deterioraba rápidamente. Con el elemento nuclear dentro de la ecuación, la capacidad de la raza humana para aniquilarse a sí misma había aumentado de forma drástica.
 
Como horario inicial, la junta de directivos del Boletín decidió colocar las agujas en siete minutos para la medianoche. Los movimientos del reloj fueron estimulados principalmente por la actividad nuclear de las potencias durante los primeros años. En 1949 el tiempo se redujo a cuatro minutos, luego de que los rusos detonaran su primera bomba atómica. Sin embargo, el momento más crítico del reloj llegó en el año 1953, en el que con una diferencia de sólo nueve meses, ambas potencias lograron desarrollar y probar sus primeras bombas termonucleares. El reloj había sido colocado a sólo dos minutos de la medianoche.
 
Momento más crítico.
 
Así permaneció durante siete años hasta 1960, regresando a siete minutos, e incluso alcanzando los doce en 1963. Durante ese período quedó en claro que el reloj no había sido concebido para registrar cambios de poca duración. La Guerra Fría tuvo uno de sus momentos más críticos durante el mes de octubre de 1962, con Rusia instalando misiles nucleares en territorio cubano. Durante la duración del conflicto, el reloj no registró cambios, y se mantuvo en doce minutos. Otro punto crítico fue durante 1984, cayendo a tres minutos debido a un aumento en la carrera armamentista entre ambas potencias, mientras que en 1991 alcanzó su punto más alejado gracias al tratado START de reducción de armamento nuclear entre Estados Unidos y Rusia. Este tratado expiró en diciembre pasado, y puede ser uno de los tantos puntos de influencia para el cambio de hora que se llevará a cabo durante el día de hoy.
 
Con la amenaza nuclear un poco más alejada, la mesa de directores ha tomado en cuenta otros elementos que puedan llevar a la destrucción de la raza humana, como cambios climáticos. Los mejores resultados nos han dejado a seis minutos de la medianoche. Quizás podamos ser algo más optimistas sobre nuestro futuro.
 
 

Exhiben mapa chino de hace 400 años que incluye por primera vez América

 

 
por AP - 13/01/2010
Elaborado por un italiano, el mapa nombra a nuestro país y sitúa a China en el centro del mundo.
 
Un mapa elaborado hace 400 años y que pone a China en el centro del mundo fue mostrado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
 
El mapa elaborado por el italiano Matteo Ricci fue el primero en lengua mandarín que mostró América. Ricci, un misionero jesuita, fue uno de los primeros occidentales que vivió en Beijing a principios de 1600. Conocido por presentar la ciencia occidental en China, Ricci creó el mapa en 1602 a pedido del emperador Wanli.
 
El mapa de Ricci incluye dibujos y anotaciones que describen las diferentes regiones del mundo. Africa aparece con la montaña más alta del mundo y el río más largo. La breve descripción de América del Norte menciona al "buey jorobado" o bisonte, a los caballos salvajes y una región llamada "Ka-na-ta" (Canadá).
 
El mapa incluye varios países centro y sudamericanos, entre ellos "Wa-ti-ma-la" (Guatemala), "Yu-ho-t'ang" (Yucatán) y "Chih-Li" (Chile).
 
Ricci da además una breve descripción del descubrimiento de América.
 
"Antiguamente, nadie sabía que existían lugares como América del Norte y del Sur o Magallánica", escribió Ricci, utilizando la denominación de los primeros cartógrafos para Australia y Antártica. "Sin embargo, hace 100 años, los europeos llegaron navegando en sus barcos a varias zonas costeras y las descubrieron", agregó.
 
http://www.latercera.com/contenido/739_217289_9.shtml

Revista Digital ÁVALON nº.3

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Réquiem por Haití y la Humanidad

Mi buen amigo Emilio Carrillo ha dedicado parte de sus sentimientos y reflexión en la gran tragedia que ha sobrecogido al mundo y se ha cebado con Haití. Me permito reprodudirlo en el blog de "Voces del Misterio" por su extremo interés y solidaridad.

¡No hay desastres "naturales"!: Réquiem por Haití y la Humanidad

Por: Emilio Carrillo

El dolor de millones de haitianos me parte el corazón en millones de trozos. De hecho, han tenido que pasar varios días desde la tragedia para que haya podido sentarme a escribir sobre ella. Simplemente, no podía; los sentimientos me desbordaban. Aún ahora me cuesta trabajo.

Con cierta asiduidad imparto clases sobre desarrollo local en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, en República Dominicana, nación que comparte con Haití la isla llamada La Española, en la que Cristóbal Colón desembarcó el 5 de diciembre de 1492. De los 76.408 km2 que la conforman, el país dominicano ocupa la mayor parte del territorio (el 63,7 por 100, toda la zona central y oriental de la isla), aunque la población de las dos naciones es muy similar (ambas rondan los diez millones de habitantes), por lo que Haití cuenta con una densidad demográfica muy superior (255 habitantes por km2, casi el triple que España y exactamente cien veces más que Australia).

Éste es uno de los factores, desde luego no el único, que explican que Haití sea el Estado más pobre de América Latina, algo que he podido comprobar directamente en las distintas visitas que he realizado a su capital, Puerto Príncipe, y a zonas rurales de su geografía. En la propia República Dominicana es fácil constatar la miseria del país vecino: decenas de miles de mujeres haitianas –muchas cercanas al límite de la mayoría de edad legal y, aún así, ya madres (normalmente, “madres solteras”)- ejercen la prostitución en los enclaves turísticos dominicanos, muy frecuentados, por cierto, por españoles, que por un puñado de euros disponen a su antojo de la compañía y los cuerpos de las jóvenes.

Antes de que Haití vuelva a caer en el olvido

El terrible terremoto sufrido ha colocado a Haití en la cabecera de las noticias y en la mente y el corazón de casi tod@s. Ahora bien, dentro de pocos días volverá a caer en el más absoluto olvido. Ya pasó recientemente con otras catástrofes que el país ha padecido. Y antes de que esto suceda, el dolor que me sacude me impulsa escribir estas líneas con lágrimas en los ojos y con un objetivo único: sacudir nuestras consciencias para que no admitamos la falaz teoría de los desastres naturales. Sí, esa interpretación de los hechos que nos dictan en los informativos, difunden los organismos internacionales –incluso bastantes ONG´s- y conviene a nuestra tranquilidad interior, llevándonos a pensar ¡qué desdichados son, que mala suerte tienen; cuanto más pobres, más desafortunados; ayudémosles enviando dinero, comida, medicinas,...!. Pero la teoría de los desastres naturales es una gran mentira, otra más de la visión y el sistema imperante.

Dicho sintéticamente para enfocar las reflexiones que siguen: no hay desastres naturales, sino fenómenos naturales (terremotos, tsunamis, huracanes, erupciones volcánicas, lluvias torrenciales, sequías, deslizamientos de tierra,…) que se convierten en desastres debido a la mano del ser humano. Una mano que no es invisible, sino que pertenece a gente y a intereses económicos y de poder concretos. Y somos cómplices de esta gente y sus intereses si nos limitamos a sentirnos tristes y solidarios ante la tragedia. La tristeza y la solidaridad son, sin duda, expresión de sentimiento y de Amor, pero no bastan, no son suficientes.

Quizá a algun@s os parezca extraña esta afirmación de que no existen los desastres naturales. Pero sé muy bien que es así. Lo aprendí especialmente en el año 2006, cuando desde el Centro Internacional de Formación de Naciones Unidas (CIF-OIT) en Turín (Italia), me solicitaron que evaluara determinadas experiencias de desarrollo local centradas en la reconstrucción después de los desastres y prevención de otros nuevos acometidas en Nicaragua (Matagalpa y Río Grande) e Indonesia (Banda Aceh y Aceh Besar), tras los dramas sufridos por estos territorios debido al huracán Mitch (1998) y al devastador tsunami de diciembre de 2004, respectivamente. Y el examen de ambos casos condujo a la misma conclusión, que posteriormente he confirmado con otros estudios, acerca de que no hay desastres naturales, sino fenómenos naturales que se transforman en desastres por causa de la mano humana

Para l@s interesad@s en conocer con detalle los resultados del análisis sobre los dos casos citados y el artículo en el que resumí los mismos (Disaster risk reduction: good practices, good policies), fueron publicados en la Revista @local.glob –Número 3; Año 2006; páginas 26 a 42-, que edita Naciones Unidas y a la que se puede acceder a través de este enlace:

http://campus.delnetitcilo.net/public/es/publicaciones/revista-delnet/local-glob-3-la-reduccion-del-riesgo-de-desastres-un-llamado-a-la-accion?set_language=es

El impacto de los desastres

Haití es el último eslabón de una inmensa cadena de desastres que se hunden en la historia. Su mayor exponente, en tiempos recientes, lo constituyen los 220.000 fallecidos por el mencionado tsunami de 2004.

El balance de los desastres en las últimas décadas es terrible: las personas afectadas por término medio cada año ascienden a 250.000.000; las victimas mortales anuales, casi 60.000; y las pérdidas materiales se cuantifican en cerca de 40.000 millones de euros al año.

Para colmo, oteando el horizonte venidero, la situación irá a peor. Naciones Unidas ha realizado proyecciones en las que estima que para el año 2050 los desastres se llevarán por delante cada año 100.000 vidas; y provocarán perdidas por casi 200.000 millones de euros anuales.

Con todo, el verdadero impacto va incluso más allá de los referidos. Sus consecuencias se extienden a la salud física y mental de las personas afectadas; a las economías, los medios de subsistencia y la producción de la población local; a las familias que pierden quienes generan el sustento diario; y a los países con bajo Índice de Desarrollo Humano, que tienen poca o casi ninguna posibilidad de recuperarse después de un desastre. Tampoco suele considerase el impacto ocasionado por los llamados pequeños desastres, que puede aumentar drásticamente las cifras señaladas.

¿Cómo es posible que el mundo y la Humanidad, a pesar de contar con grandes recursos y avances científico-técnicos, en vez de avanzar en la reducción del riesgo, retroceda a pasos alarmantes y no pueda siquiera proteger la vida de sus ciudadanos?. Volveremos más tarde a esta pregunta. Pero antes es preciso que nos detengamos en el impacto más sustantivo que todo lo expuesto genera: dolor; dolor de cientos de millones de personas

Dolor y nueva consciencia

Para profundizar en el asunto, conviene que recordemos una vez más en el Blog (ayer se volvió a hacer, en la entrada titulada Cumbre europea del medio ambiente: otro fracaso anunciado) la manera en que la nueva consciencia contempla y afronta el dolor. Una nueva consciencia que tiene en el Amor Incondicional uno de sus grandes fundamentos, siendo precisamente este Amor el que nos impulsa a movilizar la Compasión ante el dolor en cuatro dimensiones íntimamente relacionadas: ante quien lo padece; ante quien lo causa; ante el hecho mismo que lo ocasiona; y en el interior de nosotros mismos.

+Ante quien padece el dolor, movilizaremos la Compasión en forma de amor al prójimo, de ayuda y apoyo inmediato y solidario. Lo daremos, por supuesto, de modo desinteresado, pero con disposición a recibir, pues nadie es mejor o superior que nadie y el que menos tiene o más precisa es, a veces, el que más nos puede dar. Y procurando que el que soporta el dolor no lo sublime como sufrimiento, ya que una cosa es el daño o padecimiento físico, psíquico o material –su naturaleza es nítidamente objetiva- y otra la interiorización del mismo –su naturaleza es subjetiva y estrechamente ligada al ego-.

+Ante quien causa el dolor, movilizaremos la Compasión en forma de perdón. No caben excepciones de ningún tipo. Hay que desplegar el Amor Incondicional, que es, ineludiblemente, Amor contra Resistencia: Amor al que origina dolor o daño a otros o a nosotros mismos. Este es uno de nuestros grandes aprendizajes espirituales como seres humanos. Y requiere un perdón sin contrapartida alguna; un perdón completo y sincero, sin medias tintas ni ambages.

+Ante la situación o el hecho mismo que ocasiona el dolor, movilizaremos la Compasión poniendo el dedo en la llaga de lo que lo motiva, de la sinrazón que lo provoca. Porque el perdón no es complicidad, ni connivencia; perdonar sinceramente al que ha causado el daño no es consentirlo, ni tolerarlo, ni mirar hacia otro lado en cuanto a su origen y gestación. El Amor exige amor al prójimo y perdón. Pero también que expresemos y evidenciemos el abuso, el atropello o la mentira que causan el agravio, la pobreza, la exclusión,… el dolor. Y que lo hagamos sin tapujos; sin permitir que nos mediaticen las posibles reacciones, sus secuelas para nosotros mismos, de los que detentan el poder en la escala y esfera que sea. Sin violencia ni exasperación, sin amarguras ni insultos, libres y alegres, con el amor al prójimo y el perdón como únicas banderas, decir a la cara de tantos hipócritas que los tenemos calados, que su pretendida cordura es una colosal locura, que sus miedos y anhelos no van con nosotros y que su mundo no es el nuestro.

+En nosotros mismo, movilizaremos la Compasión en forma de una nueva consciencia que percibe nítidamente como la Luz nace al armonizar lo negativo con lo positivo y que la superación de la dualidad es la llave de acceso a la dimensión del Amor Incondicional. Constatamos entonces que Todo es Perfecto. Y nos sentimos como lo que auténticamente Somos: un Ser infinito, eterno, multidimensional, divino.

Hago y hago ahora

Aplicando lo anterior al caso concreto de lo ocurrido en Haití, hay que poner especialmente el acento en dos de las cuatro dimensiones expuestas: la movilización de la Compasión ante quien padece el dolor, por un lado, y ante la situación o el hecho mismo que lo ocasiona, por otro.

En lo relativo a lo primero, el trabajo que hay que acometer en el ahora es obvio: es el momento de la solidaridad. Con dinero, alimentos o medicinas, con oraciones o meditaciones que envíen energía de Amor a las personas que están padeciendo, o con lo que cada uno pueda y quiera. Y es momento de la búsqueda y el rescate a contrarreloj de supervivientes, de prestar atención sanitaria urgente a tantos heridos, de proveer refugio y alimento a millones de damnificados y de instalar equipos de agua y saneamiento antes de que surja la epidemia.

Pero esto, siendo importantísimo, no es suficiente. Igualmente, hay que movilizar la compasión ante la situación o el hecho mismo que ocasiona el dolor para evidenciar y denunciar abiertamente aquello que lo motiva, la sinrazón que lo provoca.

Y de esta sinrazón no debemos responsabilizar a la Naturaleza, sino a los seres humanos. Nadie puede evitar que un terremoto ocurra, pero sí se pueden y deben hacer muchas cosas –precisamente las que en Haití nunca se han hecho y me temo que tampoco se harán ahora-, para reducir la vulnerabilidad de quienes tienen que vivir con ese riesgo. Y es por esa vulnerabilidad por lo que explota la tragedia. En Haití, el fenómeno natural fue el terremoto (como en Nicaragua lo fue el huracán Mitch y en Indonesia el tsunami), pero el desastre lo causaron muchos factores en absoluto naturales.

Enunciado brevemente, Haití es una víctima más del colonialismo y de la subordinación de los territorios y sus habitantes a intereses políticos y, sobre todo, económicos y financieros externos. Así el Estado haitiano se caracteriza por unas estructuras políticas e institucionales tan frágiles como corruptas; y por una violencia e inestabilidad política y social que han imperado a lo largo de sus 206 años de historia. ¿Responsables de ello?. En primera persona, los delirios de grandeza y la crueldad de sus propios caudillos, como la sanguinaria saga de F. Duvalier, Papa Doc, y sus criminales Tonton Macoutes, que duró tres décadas, desde 1957 a 1986. Pero quedarse ahí sería erróneo. Porque el ascenso al poder y la prepotencia de estos dementes no sería explicable sin el bochornoso papel que jugó en su día el colonialismo francés. Y, en la época contemporánea, el periódico envío de tropas por parte Estados Unidos para “defender la democracia”, es decir, para afianzar a los caciques que favorecen los intereses económicos y geoestratégicos norteamericanos. De hecho, USA mantiene una especie de protectorado sobre Haití desde que el presidente Wilson ordenase su invasión para “pacificarlos”, estos es, para cobrar las deudas que mantenían con el Citibank y enmendar el artículo constitucional que prohibía la venta de plantaciones a los extranjeros.

Y mientras las sucesivas crisis gubernamentales se dilucidaban entre las intrigas de los servicios secretos estadounidenses y los machetazos de los residentes, la pobreza y el hambre se han hecho dueñas del país, que ocupa el puesto 150 (entre 177 países) por Índice de Desarrollo Humano (IDH). Podría extenderme al respecto, pero creo que basta con estos datos: la esperanza de vida es de 52 años; 250.000 niños viven en régimen de semiesclavitud en “hogares” donde han sido entregados por sus familias, que subsisten en pobreza extrema; el ingreso promedio apenas supera los 300 euros anuales; el 72% de la población sobrevive como puede con menos de un euro al día; el desempleo juvenil llega a cotas por arriba del 80%; la insoportable inflación, que en 2008 disparó el precio de los alimentos; y los ingresos por sus exportaciones de manufacturas, café, aceites y mango son casi una propina ante la deuda externa que acumula el país.

Con este telón de fondo, se explican una serie de hechos que son determinantes para que los fenómenos naturales se conviertan con tanta facilidad en Haití en enormes desastres. Por brevedad, hay que destacar cuatro. Por una lado, la migración salvaje desde los ámbitos rurales a los urbanos (botón de muestra es el “dumping” que fuerza a los campesinos a abandonar sus campos de arroz en Artibonite), particularmente hacia Puerto Príncipe (donde reside cerca del 50% de la población total), lo que deriva en un brutal hacinamiento en los distritos suburbiales de la capital, como Cité Soleil o Martissant, en los que se producido la mayor parte de las víctimas del terremoto. Por otro, la destrucción ecológica del territorio, destacando una deforestación que ha arrasado el 98% de los bosques, lo que aumenta enormemente la vulnerabilidad de la población antes deslizamientos y movimientos de tierra, lluvias o sequías, etcétera. En tercer lugar, la ínfima calidad y nula previsión ante seísmos de las construcciones –por llamarlas de algún modo-, lo que multiplica extraordinariamente los daños humanos y materiales en caso de terremoto. Y, por fin, la carencia de servicios sanitarios, que no cubren las necesidades más básicas de la población, y la endeblez de las infraestructuras, como las hidráulicas, lo que dificulta, cuando no impide, la atención a los heridos e incrementa notablemente el riesgo de epidemias tras el desastre.

Disminuir el riesgo de desastres

Llegados a este punto, es momento de retomar la pregunta que se dejó abierta anteriormente: ¿cómo es posible que el mundo y la Humanidad, a pesar de contar con grandes recursos y avances científico-técnicos, en vez de avanzar en la reducción del riesgo, retroceda a pasos alarmantes y no pueda siquiera proteger la vida de sus ciudadanos?. A lo que hay que unir esta otra: ¿por qué son siempre los más pobres los que sufren las peores consecuencias de los desastres?. Con casos como el de Haití sobre la mesa (o Nicaragua, o Indonesia,...), la respuesta a estos interrogantes es obvia: lo uno y lo otro se deben al colosal desatino del modelo económico y productivo imperante, a la primacía de los intereses económicos, financieros y geopolíticos de unos pocos y al alocado e insostenible ritmo de depredación del hábitat ecológico y de los recursos naturales. Todo lo cual lanza exponencialmente el riesgo de que los fenómenos naturales deriven en desastres colectivos; y de que estos se ceben, precisamente, en lo más pobres de la sociedad y el planeta.

El riesgo de desastres es un proceso acumulativo en el cual se combinan tanto amenazas naturales o antrópicas con acciones humanas que crean las condiciones de vulnerabilidad. Los desastres son producto de una mezcla compleja de acciones ligadas a factores económicos, sociales, culturales, ambientales y políticos-administrativos que están relacionados a procesos inadecuados de desarrollo, a programas de ajuste estructural y proyectos de inversión económica que no contemplan el costo social ni ambiental de sus acciones.

Si bien es cierto que el impacto de los desastres es mayor en los países pobres, especialmente aquellos con un bajo IDH, la responsabilidad de la reducción y también de la generación del riesgo, no responde sólo a patrones locales o nacionales, sino también a patrones supranacionales e incluso globales como es el caso de las políticas de la globalización económica, el calentamiento global del planeta, el cambio climático, la desertificación y la degradación ambiental.

La realidad, las experiencias locales, la sabiduría de las comunidades y el conocimiento científico nos ha demostrado que la mayoría de los desastres se pueden evitar y que estos no son naturales, sino que las amenazas pueden serlo. Son los factores de vulnerabilidad que nosotros mismos generamos, junto con las amenazas y la falta de capacidades y mal manejo del riesgo, las causas que ocasionan el desastre. Muchas veces, un desarrollo inadecuado fortalece los peligros o construye nuevas amenazas.

No son las personas el problema, sino la solución y el principal recurso con que cuentan los países en desarrollo. Demostrado está que la comunidad local y las personas del territorio, ante situaciones de emergencia, son la primera línea de defensa y la base de la reconstrucción. Múltiples ejemplos en África, Asia o América Latina pueden ratificar esta afirmación.

Por otra parte, la ayuda externa no siempre es la adecuada o no está adaptada necesariamente a las necesidades reales de un país o localidad después de un desastre y responden más a la oferta de las mismas instituciones financieras que a las necesidades de los afectados.

Muchas poblaciones que viven en economías de subsistencia no tienen alternativas que les permita vivir sin contribuir al agotamiento de los recursos naturales locales y, por ende, generar factores de vulnerabilidad en sus territorios. Lamentablemente ésta es la fuente de supervivencia de cerca de un tercio de la población mundial. Sin embargo, el mayor problema no radica en el desgaste de los medios de supervivencia de la población menos favorecida: los Estados, las instituciones financieras internacionales y las grandes corporaciones trasnacionales, en el intento de generar ingresos y ganancias económicas a corto plazo, promueven megaproyectos o proyectos de desarrollo que no contemplan e incluyen el factor riesgo en su implementación, ni tampoco prevén la generación de nuevas vulnerabilidades o amenazas en sus proyectos. Para nada tienen en cuenta un principio que debería ser básico en todo proceso social: el crecimiento económico y productivo no puede ser a cualquier precio, ni situarse por encima del desarrollo humano sostenible, el ambiente y la vida de las personas.

Habría que plantear un doble objetivo: la reducción de la vulnerabilidad existente (acumulada por procesos históricos a través de la implementación de practicas insostenibles de desarrollo); y la promoción de procesos que impidan la construcción de condiciones que generen nuevos escenarios de riesgos en el futuro. Se debe actuar sobre las causas estructurales del desarrollo que generaron el riesgo y no sólo sobre sus síntomas, como ha sido la tendencia predominante.

Los Estados y la comunidad internacional deberían confiar y promover mucho más el fortalecimiento de las capacidades locales, la participación de todos los sectores; potenciar el uso de los recursos endógenos de los países, de los territorios y comunidades; y basar la reducción del riesgo de desastres en su propia realidad, considerando el ambiente, el hábitat natural y a las personas como los principales recursos para llevar adelante los procesos.

Las experiencias nos indican que la clave para prevenir, mitigar y, en el mejor de los casos, evitar el impacto de los desastres, es en primera instancia reducir el riesgo antes que este ocurra. En caso de la ocurrencia de un evento potencialmente destructor, una buena preparación garantiza una rápida, efectiva y apropiada reconstrucción.

La reconstrucción puede considerarse como una ventana de oportunidades y uno de los mejores momentos para introducir el tema de reducción de riesgo de desastres en la planificación del desarrollo sostenible y para promover estrategias proactivas y permanentes que permitan consolidar sociedades más seguras. Debería ser enfocada hacia el fortalecimiento de las capacidades de los actores clave del desarrollo local y de las comunidades afectadas, pero también hacia el mejoramiento de la calidad de vida, la reducción de la pobreza, la creación de fuentes de empleos dignos y de desarrollo socioeconómico, así como garantizar en el futuro, el mayor grado de seguridad para los bienes, los medios de subsistencia y especialmente, la vida de las personas.

Y para que todo esta sea posible y factible, una nueva consciencia ha brotar de la Humanidad. En tanto esto no ocurra, creer en la actuación de los Estados y los organismos e instituciones internacionales es tanto como confiar en el pirómano para que haga de bombero.