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Voces del Misterio

Los combativos íberos

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Surgida del contacto de los pueblos autóctonos con los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses, la cultura ibérica se caracterizó por su espíritu aristocrático y guerrero, un arte fascinante y una profunda religiosidad.
 
Célebres en la Antigüedad por su espíritu guerrero y la riqueza de sus minas de plata, la arqueología moderna ha revelado que los iberos eran además un pueblo culto y refinado y de profunda religiosidad. En la Antigüedad, los iberos fueron conocidos exclusivamente por su ferocidad en el combate y por su carácter extremadamente belicoso. De hecho, irrumpieron en la historia en el siglo V a.C. como mercenarios que participaron en las guerras entre las grandes potencias del Mediterráneo central. Los cartagineses, que habían trabado contacto con ellos a través de las colonias que fundaron en las costas del sur de la península Ibérica, utilizaron sus servicios durante sus campañas contra las ciudades griegas de Sicilia. Los propios griegos los contrataron más tarde para atacar a Esparta.
 
Más tarde, los iberos fueron reclutados por el tirano Dionisio de Siracusa y, unas décadas después, fueron los espartanos quienes recurrieron a ellos en su guerra contra Tebas. Autores posteriores llegan a presentarlos prácticamente como bandidos, bribones y traidores. Por ello, los primeros descubrimientos arqueológicos realizados desde finales del siglo XIX produjeron, al principio, un gran desconcierto entre los investigadores. La aparición de obras de arte tan exquisitas como las llamadas «damas» de Elche, de Baza y del Cerro de los Santos, o las cerámicas pintadas de Liria, Elche o Azaila no encajaba con la imagen de los iberos como simples «bárbaros» que se deducía de los testimonios griegos y romanos. Pero hoy sabemos que a partir del siglo VI a.C., el contacto de las poblaciones autóctonas de la Península con los pueblos comerciantes mediterráneos fenicios y cartagineses, por un lado, y griegos, por el otro, desencadenó un proceso de civilización que daría lugar a una cultura original y propia.
 
Los combativos iberos - imperioromano.comEn el momento de su máxima expansión, los iberos ocuparon una región que comprendía un amplio arco de la costa mediterránea entre Andalucía y el actual departamento francés de Aude, en lacosta del Languedoc, alcanzando el interior de la Península hasta el borde suroriental de la Meseta y el valle del Ebro hasta Zaragoza. Ésta fue una de las áreas culturales más extensas y ricas del mundo prerromano, y mantuvo su carácter singular durante largo tiempo, hasta que en el siglo I a.C. fue engullida por Roma y la cultura latina. Los metales preciosos fueron uno de los principales recursos económicos de la sociedad ibera, que también atrajeron a púnicos y griegos a las costas de la Península. Las minas iberas más ricas se localizaban en el sur peninsular, donde destacaban las galenas argentíferas de la zona de Cartagena y Cástulo (Linares, Jaén). La Segunda Guerra Púnica finalizó con la victoria de Roma sobre Cartago. En el año 205 a.C., Escipión el Africano derrotó a los caudillos iberos Mandonio e Indíbil, antaño sus aliados.

Via:
historiang.com
 
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