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Voces del Misterio

La trágica expedición de Franklin: muerte y canibalismo en el Ártico

Durante siglos, muchos exploradores marítimos trataron de lograr el Paso del Noroeste. En 1817 el gobierno británico ofreció una recompensa de 20.000 libras esterlinas para quien encontrara el paso, lo que provocó la organización de numerosas expediciones. Una de las más célebres fue la de Sir John Franklin, cuya dramática historia conmocionaría e, incluso, escandalizaría a la sociedad victoriana.

Sir John Franklin, de 59 años, veterano de la batalla de Trafalgar, fue elegido por el Almirantazgo inglés para que dirigiera la expedición. Se trataba de una carismático marino que anteriormente había realizado con gran éxito expediciones en el Ártico.

Los barcos británicos H.M.S. Erebus y Terror partieron de Inglaterra el 19 de mayo de 1845. No se habían escatimado gastos. Los navíos estaban dotados con la tecnología más avanzada del momento. Utilizaban grandes motores de vapor y enormes chapas de hierro que reforzaban la proa, con la finalidad de romper las placas de hielo. Iban bien provistos de alimentos y bebidas, incluso carne enlatada, una novedad de la época.

En agosto, los barcos balleneros Prince of Wales y Enterprise, fueron los últimos que vieron a la expedición en la entrada del estrecho del Lancaster. Después, durante largos años, nadie supo qué había sucedido con Franklin, sus 129 hombres y los dos barcos.

 
Se enviaron diferentes expediciones de rescate, pero no se encontraba el menor rastro. En 1850 se hallan los primeros vestigios de la expedición, restos del primer campamento de invierno entre los años 1845-1846, en las proximidades de Devon Island y Beechey Island. También, ese mismo año, se localizaron en Beechey Island, tumbas de 1846.

En 1854, una nueva expedición, dirigida por el Dr. John Rae, contactó con esquimales Inuit, que le proporcionaron una valiosísima información. Afirmaban haber visto 6 años antes unos 40 hombres blancos al noroeste de la Bahía Pelly. El grupo arrastraba un bote y trineos, y su estado era crítico: se encontraban al límite de sus fuerzas y la inanición y la congelación hicieron que algunos fuesen muriendo en el camino. Los Inuit contaron también que los dos barcos fueron atrapados y destrozados por el hielo y que habían visto tumbas y cadáveres esparcidos en distintos lugares. Lo más sorprendente era que, según afirmaron, algunos cuerpos estaban mutilados, lo que parecía indicar que los sobrevivientes practicaron el canibalismo. También proporcionaron a la expedición del Dr. Rae objetos pertenecientes a la tripulación e, incluso, a Sir John Franklin.

El Dr. Rae, cuando regresó a Inglaterra presentó su informe, que incluía las conversaciones con los esquimales y su propia experiencia:

Por el mutilado estado de muchos de los cadáveres y el contenido de los recipientes, resulta evidente que nuestros bravos compatriotas se han visto obligados a tomar la última solución, el canibalismo, como un medio de prolongar la existencia

Dr. Rae

El posible canibalismo practicado entre los miembros de la expedición causó una gran conmoción en la moralista y disciplinada sociedad victoriana. Charles Dickens, entre otros muchos, se mostraron escandalizados de que pudiera sostenerse tal posibilidad. Se consideraba que los marinos británicos, representantes oficiales de la Corona, debían resolver cualquier situación con honor por muy extrema que fuese y que era más probable que hubiesen sido atacados por los esquimales, que los asesinaran salvajemente, o por osos, lobos o zorros.

En 1857, Lady Jane Franklin, con fondos propios y del Almirantazgo, consiguió financiar su propia expedición. Lady Jane deseaba que se encontrasen:

Todos y cada uno de ellos, de sus huesos, diarios, notas y últimas palabras escritas

Lady Jane Franklin

Compró el Fox, una goleta de vapor con hélice, y encargó al capitán Francis Leopold McCIintock y a su tripulación de 25 hombres que siguieran las pistas ofrecidas en el informe de Rae para encontrar a su marido y a su expedición, o lo que quedase de todos ellos.

En mayo de 1859 la expedición de M’Clintock comenzó a encontrar esqueletos sobre la nieve; botes atados a trineos con más esqueletos -algunos de ellos extrañamente decapitados-, ropa y objetos dispersos (relojes, libros, artículos de baño como jabones …), de los que la expedición se fue desprendiendo para aligerar el transporte de los botes. La única comida que se encontró fue té y chocolate.

una cantidad de artículos de sorprendente variedad… peso muerto e inútil que sólo podría desmoralizar a los sobrevivientes en los trineos

M’Clintock

M’Clintock encontró también, bajo unas piedras, dos documentos escritos, redactados con gran formalismo, en los que se recogían los progresos de la expedición. En el margen de uno de ellos se añadieron las siguientes palabras:

Abril 25, 1848. Los barcos HMS Terror y Erebus fueron abandonados el 22 de Abril, 5 leguas al noroeste de aquí, habiendo sido apresados por el hielo desde el 12 de Septiembre de 1846. Los oficiales y la tripulación, consistiendo en 105 almas, bajo el comando del capitán F.R.M. Crozier, desembarcaron aquí en Latitud 69′ 37′ 42″ N, longitud 98′ 41′ O. […] Sir John Franklin murió el 11 de Junio de 1847 y la pérdida total por muertes en la expedición ha sido hasta la fecha de 9 oficiales y 15 hombres.
James Fitzjames, Capitán HMS Erebus
F.R.M. Crozier, Capitán y oficial superior
Comenzamos mañana, 26, hacia el Río Back´s Fish

La expedición de M’Clintock regresó a Inglaterra con un gran número de “reliquias personales” de Franklin y sus exploradores.

Lady Franklin, después de recibir el informe de M’Clintock, finalmente, decidió abandonar la búsqueda. McClintock, recompensado por su heroica expedición, fue hecho caballero y almirante.

En la actualidad, con toda la información que durante años se ha ido acumulando, ha sido posible reconstruir la historia de la trágica expedición de Franklin. El Erebus y el Terror pasaron el invierno de 1845 a 1846 en Beechy Island y continuaron su misión cuando el deshielo del verano permitió seguir avanzando. En el siguiente invierno, de 1846 a 1847, los barcos encajaron en una enorme capa de hielo que no se derritió ni siquiera en el verano. En junio de 1847 Sir John Franklin falleció. En septiembre, la tripulación abandonó los barcos.

Tomó el mando el Capitán Crozier, que decidió avanzar a pie hacia el sur en busca de ayuda arrastrando dos botes. Los hombres más debilitados regresaron al campamento, para esperar que el resto regresara con ayuda. Sin embargo, todos murieron. Sólo se han recuperado unos cuantos cadáveres, tres de ellos momificados, de los 129 hombres que integraban la expedición.

Se ha publicado un libro con imágenes de las tres momias que se han encontrado en un perfecto estado de conservación.

Hasta fechas relativamente recientes no existían pruebas incuestionables acerca de la práctica del canibalismo en la expedición de Franklin. En 1981, el Dr. Beattie identificó marcas de cuchillo sobre un fémur humano. En 1993, la arqueóloga Margaret Bertulli y la antropóloga Anne Keenleyside encontraron numerosos objetos y restos humanos. Los estudios que realizaron revelaron la existencia de marcas sobre los huesos humanos ocasionadas con instrumentos cortantes. Dichos estudios también rechazaron la teoría sobre la posibilidad de que los cortes tuvieran como objeto amputar miembros congelados, ya que se habían practicado en huesos como pelvis y vértebras cervicales, partes del cuerpo humano que, obviamente, sería ilógico amputar. Algunos cadáveres, como ya se comentó, estaban decapitados.

Los antropólogos también han afirmado que no existe la posibilidad de que la expedición fuera atacada por los esquimales, pues los Inuit son un pueblo amistoso y hospitalario, incluso ha llegado a demostrarse que algunos esquimales ofrecieron parte de sus escasos alimentos a miembros de la expedición.

En los esqueletos y en los restos de tejidos blandos se hallaron claras evidencias de que algunos miembros de la expedición pudieron morir envenenados a causa del plomo que ingirieron con la comida enlatada. En la época victoriana las latas se sellaban con este metal. En 1890, cuarenta y cinco años después de la expedición de Franklin, en Inglaterra se prohibió soldar con plomo la parte interior de las latas de alimentos.

Realmente, la muerte de los exploradores fue resultado de una combinación de diversos factores: enfermedades como el escorbuto (los Inuit afirmaron que algunos de los miembros de la tripulación tenían ennegrecida la boca y hematomas de piel típicas de la enfermedad), la dura climatología, la intoxicación con la comida enlatada y una equivocada planificación. Franklin, acostumbrado a la vida refinada, llevaba objetos como vajillas de plata, jarras de cristal, pañuelos de seda, jabones perfumados, libros, té y chocolate. Este innecesario equipaje pudo ser sustituido por una cantidad más abundante de material verdaderamente imprescindible. Tampoco la expedición mostró capacidad para aprender las técnicas de supervivencia de los Inuit.

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